12 febrero 2014

CAMBIOS DE GOBIERNO



¿Es cara la Administración del Estado?
¿Por qué nos cuesta tanto dinero a los españoles nuestra Administración?
Desde que se implantó en nuestro país la democracia a la muerte del dictador, cada vez que se ha cambiado de gobierno he sentido la misma sensación de indignación al comprobar que, todos los gobiernos entrantes (independientemente del signo que sean), cuando se asientan en la poltrona, lo primero que hacen no es preocuparse de los problemas más acuciantes que le afectan al país, no, lo primordial para ellos es mover de la silla a los funcionarios que no son afines a su partido e ideología.
Yo estaba convencido de que un funcionario de la Administración Pública que había conseguido la plaza tras pasar una más que peliaguda oposición a base de clavar los codos, muchas, muchísimas horas, era un trabajador público al que el Estado le  encomendaba una labor en un determinado puesto para el que estaba cualificado   y capacitado para desarrollarla; pero, ¡hete aquí! que la realidad me demuestra lo contrario y me deja sorprendido al comprobarlo.
Mi ingenuidad como ciudadano normal que recibe sólo la información que ofrecen los distintos medios de comunicación, me había llevado a creer en una Administración formada exclusivamente por funcionarios de carrera que hayan obtenido su puesto por oposición al cargo al que aspiraban, y no una Administración que, cada vez que se cambia de Presidente de Gobierno y de ministros, éstos, cambien a su libre albedrío los funcionarios que ocupan los puestos normales y de responsabilidad sólo porque no sean afines a su partido e ideología, lo cual, me parece un desatino y una inmoralidad sin límites, además de una falta de ética y responsabilidad que conduce a un despilfarro dañino económicamente para un país que le aboca a la perversidad y la indecencia, al gestionar sin rigor el dinero que en sus manos confiaron los sufridos contribuyentes.
Cada vez que en nuestro país se celebran unas elecciones (de cualquier ámbito), se producen una serie de cambios, algunos muy drásticos y de considerable importancia para el buen funcionamiento del país, que conlleva el desplazamiento obligado de parte del personal que servía con equidad y honradez a la Administración que había sido asignado y que, al llegar los nuevos “mandamases” los envían a otros destinos, cuando no relegados a cero esperando y confiando el milagro de ser rescatados por la razón y la justicia, y en abundantes ocasiones, abochornados y humillados por la actitud tomada contra ellos y viendo con estupor con qué desfachatez los nuevos gerifaltes proceden, delante de sus narices al nombramiento a dedo de los cargos de confianza para ocupar por el patentado sistema del amiguismo, los puestos que consideran clave para la seguridad de su partido, sin importarle nada más.
El resultado de éste desaguisado es negativo para el ciudadano de a pie que no entiende el porqué esos funcionarios profesionales con alta formación pasan sin ton ni son a un destino incierto, sólo porque, gracias a la agudeza e inteligencia de los nuevos gobernantes, ya no son útiles para el país al que han servido con dignidad por el hecho de no ser bien vistos por los nuevos dirigentes.
Mi ingenua pregunta es: ¿Por el bien del país se deben hacer esos cambios a los funcionarios profesionales que son los que verdaderamente saben de los entresijos y conocen el funcionamiento de la administración a la que sirven?
No sé con certeza si es justo (aunque sea legítimo) que, cada vez que se cambie el Gobierno, se tenga que mover de su puesto a determinados funcionarios y enviarlos al ostracismo o a un despacho solitario con  una mesa vacía y un periódico del día afín  al partido gobernante, para que, terminada su lectura, el resto del día tener que estar mano sobre mano contemplando el panorama y, en algunos casos sometidos a un acoso (moobbing) poco disimulado pasando allí meses o años sin que se le encomiende ningún asunto relacionado con su función y cobrando el sueldo con normalidad, pagado por el contribuyente, casi siempre ajeno a esa situación anómala y, produciéndole al afectado una honda herida en su moral, dejándole por los suelos su estima que se ve humillada sin ningún fundamento que lo justifique. No lo sé; pero, desde mi punto de vista, moralmente es inaceptable.
Esto, además de humillante y vergonzoso para quien lo sufre, es una tolerada injusticia a un indefenso trabajador que siembra la impotencia entre otros colegas que se ven abocados al silencio por temor a ser represaliados si reclaman sus derechos. ¿No es esto, una esclavitud encubierta? Quizá, no como la sufrida por Kunta Kinte en su época, pero sí una esclavitud selectiva, moderna y más tiránica, dadas las circunstancias.
Los funcionarios obligados a cambiar de puesto por imposición política y forzados a realizar faenas que no habían hecho nunca, u obligados a cobrar su sueldo y no trabajar, a terminar de hundirle la poca moral que les quedaba: ¿qué posición tienen que adoptar ante la actitud del máximo gobernante de turno entrante, si, con esa impronta autoritaria, su obtusa personalidad y sus actitudes intransigentes, está generando un considerable despilfarro al Erario público.
¿Qué se puede esperar de un Gobierno así, que a su paso va dejando un hediento olor a podredumbre, sembrando desconfianza e indignación por doquier con la herrumbre de su ideología cuasi medieval y desilusionando con su actitud al ciudadano normal?
¿Qué tienen que hacer los funcionarios afectados: callar y aguantar, reclamar con dignidad lo que le corresponde, ser sumiso ante el poderoso o agachar la cabeza...?
¿Quién me da la respuesta? ¿Qué significado tiene semejante despilfarro en un país como el nuestro que, además de la crisis que nos afecta, no esta para dispendios?

Una buena y reciente muestra la tenemos en Hacienda con la movida habida como consecuencia de la tramitación de un expediente sancionador a una empresa cementera, incoado por una  funcionaria (no citaré nombres) que, en el desarrollo de sus funciones y en aplicación justa de la ley que regula esos comportamientos, debía darle el curso procedente por la vía normal, imponiéndole la cuantiosa sanción que correspondía al delito cometido; y que, en cumplimiento de su deber estaba obligada a ello, se vio en la triste y humillante situación de tener que dejar el caso para no prevaricar provocando el seguimiento de otros compañeros que siguieron su misma línea, demostrando que sí eran competentes, pero no eran peleles manejados por unos irresponsables dirigentes políticos (perdón por lo de políticos) que al llegar a la Administración  entran como un elefante en una cacharrería, ni tampoco unos perros falderos que se van con el rabo entre las piernas diciendo sí mi amo, sino, unos profesionales como la copa de un pino que solamente pretenden cumplir con la función encomendada, incluso cuando les retiran por la fuerza de la sinrazón del caso que gestionaban. ¡Así va el país!
¿Qué calificativo merece este sórdido comportamiento de “todos” los partidos españoles que hasta ahora han gobernado y han hecho lo mismo: abusar?
¿Es que las personas que sustituyen a los anteriores están más capacitadas, son mejores y más rentables para el país, es que impera el amiguismo y el favor por favor o, es solamente pura y dura mafia?, y, ya sabemos lo que hacen todas las mafias en cualquier parte del planeta…

El despilfarro y la sangría económica que supone para el país este solapo de funcionarios junto a los miles de coches oficiales innecesarios (por poner un par de ejemplos), es una desvergüenza y merece el reproche del pueblo llano que tantos padecimientos está pasando para poder mal vivir o sobrevivir por culpa de la crisis y la mala gestión en la administración de la casi totalidad de sus responsables dirigentes habidos hasta el día de hoy; porque, aquellos que  no siendo corruptos callan y otorgan sabiendo el daño que ello genera, flaco favor le hacen el pueblo y, no sé cuál es peor de los dos comportamientos.

Esa desvergüenza de los responsables cuya osadía sobrepasa toda dimensión moderada, encarrilándose hacia la vertiente más indigna que orada la dignidad y envilece a quien la ejerce, va dejando a su paso un panorama de ruinas y sectarismo político que, poco o nada dice a favor de la labor que el pueblo tiene encomendada a sus repúblicos (personas versadas en la dirección de los Estados y/o en los oficios públicos y dirección en materia política), que pasan a convertirse en simples marionetas manejadas por los hilos del partido gobernante sin importarle las negativas consecuencias que repercuten en los ciudadanos, por culpa de unos dirigentes políticos para los que solamente cuenta su ego personal y los intereses de su partido, y no el bien del pueblo llano al que pertenecen y se supone que sirven -o deberían servir con honradez de miras-, que los eligió precisamente para cumplir ese cometido. ¡Qué triste ...!

Si, con esa actitud, el despilfarro económico es dañino para el ciudadano, no lo es menos el sectarismo político impuesto y la intolerancia con la oposición (que luego hará lo mismo cuando gobierne), que nos retrotrae al maldito cainismo de los españoles de antaño, al tú más, al enemigo, ni agua, viejo caciquismo del aldeano clasicismo hispano que parece resurgir como el ave fénix y reaparecer en el comportamiento de algunos de nuestros políticos  y dirigentes más destacados que dan muestras de querer recuperarlo para nuestra sociedad contemporánea, alejada ya del ocultismo y el aldeanismo caciquil pero que su silencio e inacción colectiva, les otorga   a esos desconsiderados a que campen a sus anchas y se vayan de rositas como siempre y sin rendir cuentas, mientras el pueblo paga las consecuencias de su mala gestión; sin embargo, ese viciado silencio que a lo largo de nuestra democracia ha venido siendo cómplice al no manifestar los afectados en público su descontento e indignación por temor a las represalias y a los porrazos de la policía antidisturbios que, tan cariñosa se muestra ante estas situaciones molestas para sus superiores; si bien, últimamente parece empezar a resquebrajarse y el ciudadano de a pie se empieza a lanzar a la calle reivindicando y, en algunos casos consiguiendo aquellos derechos que considera que le corresponden, al tiempo que  le están apareciendo unas profundas grietas de no fácil solución mediante métodos impositivos, para seguir minando la moral de la sociedad a la que pertenecen y a sembrar de dudas la credibilidad depositada en los elegidos; a romper algunos de los hilos de la cooperación colectiva en temas de tanta importancia como es la Justicia (por citar un ejemplo), a la que los ciudadanos empiezan a verla politizada, con el daño que esto genera, por (entre otras muchas cosas) no poder entender que cuando un juez pretende juzgar ciertos presuntos delitos, que hieren la sensibilidad del ciudadano corriente y moliente, se le pongan toda clase de trabas, se le retire del caso, cambie de juez, o se le acuse de todo menos de ser justo par seguir instruyendo el sumario, porque su investigación no favorece los interese de los favorecidos por el dios del dinero y el poder, en el que se escudan para sus fechorías. Todo, porque si sigue tirando de la manta e investigando en la línea inicial, podría dejar en pañales a algunos intocables y quedar al descubierto todas sus mierdas (por ser condescendiente en la expresión) habidas y por haber y eso sería demasiado; por consiguiente: o, por las buenas entra en vereda el juez incómodo, o se le buscan toda clase de triquiñuelas para dejarlo KO si la cosa se pone fea.
Así se gana el respeto de los ciudadanos honrados y la confianza de todo un pueblo en la Justicia. ¡Sí señor...!

¿Qué intentan con esta actitud que adoptan todos los partidos cuando empiezan a gobernar y no tienen ni idea de lo que van a hacer? Apoltronarse y perpetuarse para ganar fuerza y más y más poder para ser más fuertes; no les importa mucho el bien común al que están obligados a proteger y defender. Así de claro.

Si lo que se pretende con ello es retroceder a siglos pasados en los que, cada vez que entraba un gobierno nuevo se traía a todos los funcionarios, y los habidos con anterioridad se iban a la puñetera calle (por no decir otra cosa), paralizando el normal funcionamiento de la Administración, malamente vamos; eso demuestra palpablemente que no hemos sabido entender bien lo que significa la democracia ni qué es un buen y responsable repúblico para el buen funcionamiento de la Administración del Estado.

¿Es posible que no hayamos aprendido la lección y continuemos sin establecer unos límites a la arbitrariedad sectaria de aquella aciaga época, cegados por el ego y el fanatismo, cuando no por el intransigente y peligroso fundamentalismo partidista?
¿De qué están hechas nuestras neuronas? ¿De mantequilla...?

Posiblemente, esto, dicho así de claro, escueza en algún sector de nuestra sociedad o tachen de tarado mental a su autor; pero las verdades hay que decirla claras y a la cara sin tapujos, a pesar de lo que dice el refrán de que, el que dice las verdades pierde las amistades. Eso quizá sea bueno  para quien piense así. Personalmente  creo que es mejor estar sólo que mal acompañado. Es cuestión de conceptos.
           

19 enero 2014

¿CUÁL ES EL MOTIVO?


¿Por qué se está devaluando la palabra “política” y la política en nuestro país, a un nivel tan bajo que, “casi todos los políticos de casi todos los partidos políticos” en cada nueva encuesta baja su puntuación, a tal nivel que ningún ministro consigue el aprobado de la ciudadanía? ¿Cuándo ha habido tanto descrédito en la política como ahora? ¿Qué está pasando con nuestros representantes? ¿En qué se están convirtiendo?
¿Cómo es posible que el partido principal de la oposición, cada vez baje más su credibilidad entre los ciudadanos haciendo la política que está haciendo el Gobierno?

La palabra “política” se deprecia más y más cada día en España. Nuestros representantes políticos con su deleznable actitud están haciéndole perder el crédito ante los ciudadanos a los que se supone que sirven (¿o, de los que se sirven?); empezando por el Presidente del Gobierno que solo se preocupa de su imagen y la de su partido, sin importarle en absoluto de romper sus abundantes promesas -escritas en el aire- y desmentir la realidad. ¡Qué triste...! ¿Esa es la credibilidad política que se supone en el máximo representante del Gobierno de todos los españoles? En el futuro, ¿quién creerá en sus explicaciones o en su desacreditada palabra cuando ambas sean ciertas, si es que alguna vez lo llegan a ser? La palabra del máximo responsable del Gobierno, se supone que es respeto; respeto y la consideración que merecen todos  los ciudadanos que depositaron en él su confianza y los que no se la concedieron; pero, es el representante de todos, de todos sin excepción; guste o no guste a los detractores de su línea de pensamiento.

¿Quién podrá tener fe en el Presidente cuando, en la pantalla de la televisión a la que nos tiene tan acostumbrados, aparezca derrochando su abundante simpatía, anunciando, prometiendo, explicando (por poner un ejemplo), que las pensiones son sagradas, que no las tocará, cuando es notorio el revuelo que se ha armado con el anuncio o insinuación de lo contrario; o, cuando prometa algo que sea de verdadero interés para el común de los ciudadanos, si es bien sabido que, generalmente, siempre  hace lo contrario de lo que dice o promete? ¿Cómo se come esto? ¿Cuántas veces ha incurrido en una flagrante desconsideración hacia el pueblo llano con su mentira o (en algunos casos) ausencia de la verdad ante una situación clave para la economía del país con la más absoluta indiferencia hacia el pueblo que representa y, en teoría debería servir con equidad, cuyos ciudadanos se van a quedar sin ojales en el cinturón para poder apretarlo tanto como se le exige a cambio de una más que absoluta inutilidad de una buena parte de su gabinete y de los responsables políticos de su partido; de todos, y de todos los partidos (no solo del Presidente), que tanto y tanto prometen para seguir apoltronados como siempre, ofreciendo más de lo mismo pero de peor calidad?

Quizá alguien se pregunte: ¿Cómo saldremos de la crisis que nos atenaza con esa crisis de credibilidad en la mayoría de nuestros representantes políticos?
La verdad es que no todos son unos embusteros, pero si una parte muy importante de la plantilla que está cobrando unos sueldazos muy abultados y rindiendo mucho menos de lo que tendría que rendir. ¿Es cierto o no?
También es cierto que algunas veces pagan justos por pecadores (como diría mi abuela), de todo hay en la viña del Señor; pero, una parte importante de nuestros representantes nos están demostrando por activa y por pasiva que las palabras hechas frases de un político español están devaluadas al mínimo, que están ausentes de sentido común porque están vacías y carentes de credibilidad para un elevado número de ciudadanos.

Para no perder la costumbre y poder seguir en el alero, hablan mucho para no decir casi nada y conseguir una hemorragia de su enclenque reputación sin visos de recuperación aparente ante el escenario que  para representar la comedia (su comedia), ellos mismos han construido a base de su falta de respeto y desconsideración hacia los ciudadanos que, como siempre, somos los paganos de sus irresponsabilidades. ¡Qué ironía!

Siendo sinceros, hemos de reconocer que, eso no ocurre solamente en nuestro sufrido país que se está convirtiendo en la cueva de Alí Baba para defraudadores y corruptos de todo tipo; el mundo hoy por hoy, es un lugar semi inhóspito para muchos millones de seres humanos que están sufriendo las más cruentas humillaciones y vejaciones, muriendo de hambre y miseria, porque los que lo pueden solucionar no lo hacen, y sin reglas eficaces para darle la solución que está a su alcance.
Éste nuestro mundo, del que solo cabe esperar más ruina, más miseria y desempleo, más desánimo si los políticos no lo remedian, las actuales diferencias abismales existentes entre distintas clases sociales, en el futuro serán siderales, y, no por culpa del sufrido ciudadano de a pie, sino por la falta de equidad y moral de una considerable parte de responsables (o irresponsables) políticos en cuyas manos está el poder para solucionar las cosas que necesitan arreglo; y, más que realizar con equidad su labor de repúblicos, están demostrándonos que su única preocupación, ha sido y es, sus partidos y sus intereses personales. ¡Qué triste, pero, qué real...! a pesar de que una parte importante de nuestra sociedad no lo vea, no lo quiera ver así, o lo considere fuera de lugar o un absurdo; pero, quizás ese absurdo, sea tan absurdo como negarse a admitir la existencia de un sonido si no se demuestra su peso en kilos. Ridículo, ¿verdad....? Pues, ya le podemos dar todas las vueltas que queramos, que, se mire por donde se mire, esa es la triste realidad. No hay otra.

Y, ante ésta situación tan absurda, algunos nos preguntamos: ¿dónde están las voces sabias que en la política española fueron la esperanza y la confianza en el futuro cuando la transición, para que ahora nos puedan echar una mano y transmitir a los ciudadanos confianza y fe en el equipo de gobierno, en la enclenque oposición y en los rancios nacionalismos, que no nos han vendido nada más que humo a espuertas y promesas huecas y sin contenido, y vacías de credibilidad? ¿Dónde están ahora, dónde se han metido?  ¿Se han quedado mudas, se las ha llevado el ciclón de la crisis o, se han protegido con el escudo de la hipocresía y la despreocupación? ¿Acaso están meciéndose en la mecedora,  o tumbados a la bartola  en una de las más hermosas playas del Caribe, confiados en que, en su momento, ellos hicieron todo lo que tenían que hacer, en aquellas circunstancias y ya han cumplido con su deber?

La imagen de la política, está deteriorada por las intervenciones de los nefastos políticos que son los que manejan el cotarro a su antojo, como lo están demostrando últimamente en los casos de corrupción en los que no ponen a cada uno de esos pajarracos corruptos en el lugar que le corresponde y, para más inri, a algunos de ellos, los defienden a capa y espada sin ruborizarse  ni sonrojarse por ello. ¿Por qué? ¿Quién tiene la culpa de ese comportamiento: los que lo hacen, o los que se lo permitimos hacer? Cada uno que responda en conciencia.

Por citar un par de ejemplos:
Primero.- En España tenemos más de 35.000 coches oficiales a disposición de esos “representantes”  ¿Hacen falta todos, o sobran más de las tres cuartas partes? ¿Para qué  necesitamos esa barbaridad de coches destinados a gente que puede realizar su labor sin un chofer y un coche a cargo del Erario Público como ocurre en otros países cuya democracia nadie pone en duda, como por ejemplo Suiza? ¿Para qué sirven los transportes públicos? ¿Nos sobra el dinero? Pues, así todo... Sin más comentarios.

Segundo.- La crisis del  2.008 fue generada por Goldman Saghs, pero las consecuencias las pagamos todos, porque degeneró en una crisis mundial de nada buena solución; pero en nuestro país, gracias a la actitud de algunos de nuestros dirigentes que -tanto al inicio como durante el desarrollo de la misma,- no han actuado siempre con la diligencia debida ni adoptado las medidas más adecuadas para que no repercutiese tan agresivamente sobre los más débiles como ha ocurrido; y, sin embargo: ¿los políticos de turno nos han contado la verdad real, o nos la han ocultado, cuando no mentido? ¿Qué credibilidad podemos tener en la “palabra” de la mayoría de ellos? ¿Ha llegado el momento de sustituir la “actual clase política” por otra que no lleve tanto peso en la mochila, que casi no los deja andar y les está jorobando?

Ante éste panorama: ¿Qué valor le tenemos que dar a la palabra de un político que en campaña electoral promete y promete sin descanso, para, una vez llegado al poder hacer lo contrario de lo prometido sin importarle mucho el pueblo llano que lo eligió confiando en su palabra de candidato honrado?  ¡Pobres generaciones venideras...!

Sin embargo, no debemos olvidarnos de que los que mandan, mandan porque nosotros les hemos mandado mandar; como consecuencia, habría que poner fin a éste desaguisado antes de que no tenga remedio, que lo tiene.

La confianza perdida en nuestros políticos como consecuencia de sus mentiras, es única y exclusivamente debida a la devaluación de la palabra. De su palabra. ¿Por qué...?

20 diciembre 2013

FELICES FIESTAS




Ayer me llamó un buen amigo
para decirme que se marchaba,
que, aquí ha estado a gusto conmigo,
pero su misión ya terminaba;
que lo hemos tratado mejor
de lo que antes de venir esperaba
dándole más de lo que se merece
y de lo que se imaginó a su llegada;
que, ya ha dejado de sufrir,
y, por eso de terminar en trece
se lo pensó mucho antes de venir.

Dice que se va muy contento
de haber hecho este grato viaje,
y que dentro de un momento
recogerá todo su equipaje.

Le pregunté si se lo había pensado
y me contestó afirmativamente;
que, si de estar aquí se había cansado
o no le gustaba mi gente,
y, por qué tenía que marcharse
si aquí estaba estupendamente.

Me dio las gracias por todo
y se despidió efusivamente
y, aunque muy contento ha estado
con tanta buena y sencilla gente
que tan amablemente le ha tratado,
ahora tiene que partir
a otro lugar destinado,
porque le viene a sustituir
un nuevo año esperado.

Me aconseja, que le diga
a todos mis compueblanos
que, aunque otro camino siga,
los considerará como hermanos;
que os envíe con empeño,
un fuerte apretón de manos
y que el nuevo año que se aproxima,
también será un buen zarceño;
que  felicite a mis paisanos
con carácter alegre y risueño
lo mismo que otros años,
porque el venidero tiene pinta
de ser  optimista y halagüeño.

Me encarga que os desee
una feliz  Navidad,
y que el nuevo año os colme 
de paz y prosperidad,
para que disfrutéis en armonía,
de alegría y felicidad.

Le dije adiós de corazón
y le desee un buen viaje,
para que enfrentara el futuro
con entereza y coraje...

Mi misión aquí termina
transmitiéndoos el mensaje,
con lo cual, a mí me anima
a mandaros mi equipaje:

Este zarceño que os envía
la felicidad que un amigo
quiso con gran alegría
que compartáis conmigo;
aprovecha la ocasión
para, desde éste lugar lejano
enviaros mi felicitación
con el corazón en la mano.

Que la salud os acompañe
a lo largo de la vida,
y la suerte os apañe
junto a la persona elegida.

Que el nuevo año que camina
algo ansioso de llegar,
a ver si por fin, ya termina
trayéndonos el  bienestar,
y os deja a cada uno
en el calor de vuestro hogar,
la calma y la armonía
que da la felicidad.

A los paisanos desearos
una Feliz Navidad,
y próspero año nuevo
a toda la humanidad.
Luis










13 diciembre 2013

EL ARADO



Siguiendo en la línea iniciada con el recuerdo al carro de labranza, y para retrotraernos a la historia de los aperos que con el paso del tiempo, el hombre ya desde su origen ha ido utilizando con normalidad en la agricultura, empleando los más rústicos artilugios para poder surcar la tierra y sembrar en sus entrañas las semillas o plantas que le servirían de alimento para su subsistencia; hoy dedico esta entrada al arado, a ese primitivo artefacto que al comienzo de su existencia estaba compuesto por varios trozos de madera (fotografía superior derecaha) que el hombre encontraba a su paso, como podría haber sido una rama de árbol con una especie de gancho
formado por otra rama más corta con forma de horqueta o horquilla, o bien un palo largo (un mango) en el que en uno de los extremos se sujetaba una piedra con la forma adecuada que a modo de reja se hundía en el suelo (para remover la tierra con la finalidad de ser cultivada abriendo surcos antes de sembrar las semillas) por la fuerza ejercida
en la misma por una persona que la presionaba enérgicamente y otra u otras que ejercían la tracción, como se aprecia en la fotografía superior -posiblemente, éste método fuese el predecesor de la azada y el pico, o a la inversa-, hasta que logró un sistema más eficaz y menos duro para el agricultor que tiraba del arado, “por llamarlo de alguna manera” como muestra la fotografía superior de la derecha.
El arado es una herramienta de labranza (fotografía superior izquierda) que, según la historia -o, leyenda, depende de  como se mire- apareció en el interior de la antigua  Mesopotamia -región de Asia Occidental entre el Tigris y el Éufrates; por eso se denomina tierra entre dos ríos- en tiempos remotos muy difícil de datar con precisión; si bien, el tradicional arado de madera con reja y accesorios de hierro conocido mundialmente tiene su origen en la agrícola Roma, no obstante,  parece ser que fueron los ingleses los que“inventaron” (por decirlo de alguna manera)  el arado triangular (fotografía superior central) que facilitaba el tiro porque se adoptó  un sistema para ser tirado por caballos como muestra la fotografía inferior de la ozquierda.

Este arado con reja triangular que se hundía más fácilmente en la tierra y permitía ahondar más con menos esfuerzo, fue adaptado en el siglo XVIII por un holandés llamado Joseph Foljambe, para poder ser tirado por caballos. A éste arado se le conoce con el nombre de Rotherham.

Los arados, dependiendo de la zona de uso y sus diferentes costumbres -por lo general eran distintos en cada país-, eran tirados por caballos, bueyes, llamas, mulos, camellos, asnos, búfalos,
elefantes, etc., como lo muestran las tres fotografías de la derecha) según que la tierra fuese más o menos compacta o arenosa, En la antigua Roma, en algunos conocidos parajes como la famosa Campiña romana, se labraba con búfalos, toda vez que éstos animales, una vez domados y acostumbrados al yugo o la collera, eran la yunta ideal e inigualable para la labranza, tanto para el arado como para el tiro de las carretas que en aquel entonces empleaban los romanos en las faenas agrícolas; procurando siempre al uncir con las coyundas los animales al arado o carreta, disponerlos (cuando eran más de uno) de modo que una vez
yuntados, puedan tirar todos por igual en la medida de lo posible y la fuerza esté bien repartida para que el esfuerzo de cada animal sea menor y le retrase la fatiga, excepto
cuando lo hacían con un solo animal como muestra la penúltima fotografía, de un chino descamisado encima de la plataforma de su original arado.
Normalmente los caballos casi no se empleaban para el cultivo de las tierras; lo más usado eran bueyes, búfalos, yaks, et., a pesar de que -como es obvio-, son más lentos que los caballos y los mulos que permitían agilizar la labor cuando no era larga la jornada; por el contrario, aguantan bastante menos que los búfalos o los elefantes, por citar dos ejemplos.

El inicio de la agricultura fue muy duro, no se disponía de más herramientas que las piedras y ramas de madera seca labradas con piedras en forma de hacha que se usaban para cavar y arar las duras tierras a base de mucho esfuerzo humano, poco rendimiento, escasa producción y mínima satisfacción del labriego.
Sin embargo, el hombre, como único animal inteligente (y, como tal pensante), fue ideando los métodos, aperos y todo tipo de artilugios (fotografías superior e inferior) que le permitían las circunstancias para avanzar en la labor agrícola hasta llegar al arado que todos hemos conocido (que, sin duda debió de ser un acontecimiento a celebrar) y, a buen seguro que uno de los mejores inventos de la época, ya que permitió surcar la tierra con menos esfuerzo, más eficacia y aumentó el rendimiento y la productividad.

El arado, como se muestra en las distintas fotografías que ilustran el tema que nos ocupa, al igual que otros rudos y arcaicos aperos agrícolas que en su día fueron la esencia de la labranza, se han quedado obsoletos por razones obvias y pasando al baúl de los olvidos, como lo demuestra la fotografía inferior) sin que (en su mayoría) las nuevas generaciones lo valoren con equidad como se merece el servicio que prestaron a

nuestros antepasados y lo que significó en el desarrollo de la agricultura, hasta llegar a los actuales y modernos arados de vertedera en batería, tirados por potentes tractores  que permiten rentabilizar la agricultura moderna sin apenas esfuerzo humano en benéfico del agricultor y en el abaratamiento (teóricamente) del producto que proporciona  la tierra.
De los pocos que vamos quedando ya de mi edad en el pueblo, seguramente la mayoría recordará con más o menos cariño el clásico arado de madera con reja y accesorios metálicos en compañía de una yunta de vacas que, era lo típico en La Zarza por aquélla época además del arado metálico de vertedera de una sola reja como el de la fotografía de la derecha
.
Quién de los de entonces, no recuerda la estampa gallarda de un arado camino de las tierras a labrar, encima del yugo que uncía las vacas, atado y bien amarrado al mismo con unas correas en la zona que hay entre  el pezcuño, la telera, el dental y las orejeras por detrás de la reja en la parte inferior de la esteva para que no se moviera ni se pudiera ladear o caer, y arrastrando la cola del rabizo, rabera o ventril, como se prefiera llamar, que es la que une el arado al yugo cuando se ara, porque, cuando iban o volvían del campo los labriegos, lo ponían en posición inversa y, una pieza metálica o de gruesa goma que iba en el extremo de la parte inferior del ventril llamada rastra que, es la que impedía que se fuese desgastando la rabiza (o rabizo)que era de madera y contactaba con el suelo por detrás de las patas traseras de las vacas, en el espacio que queda entre los dos animales.
Algunos yugos (no todos) iban provistos de una argolla colgante grande (barzón) en la parte inferior, como se muestra en la última fotografía, en la que se introducía la pértiga, cola o ravizo del arado, en cuyo extremo en uno o varios orificios (lavijeros) hechos perpendicularmente iba alojada una -o varias- clavija metálica o de madrea dura de un par de palmos más o menos, que le impedía  salirse de la misma al hundirse la reja en el suelo y ejercer la yunta la fuerza hacia delante al tirar con energía, correría el riesgo de que el “arador” pudiera quedarse con la mano en la mancera de la esteva del arado clavado en el suelo mirando como seguían caminando tranquilamente las vacas solas hacia delante sin enterarse de nada.
Acude espontáneamente a mi memoria el grato recuerdo de la gallarda estampa -que de niño veía con bastante frecuencia y dejó en mi memoria grabado a fuego-, de las yuntas tanto cuando iban o venían de arar, acarrear o trillar, bebiendo agua en los abrevaderos como el Pilar, el Pozo del Moro u otros, y el labriego de pie (después de beber él agua del caño) contemplaba embelesado sus animales mientras saciaban su sed apoyada la aguijada en el suelo con la punta hacia arriba a modo de lanza -como los antiguos caballeros de las cruzadas antes de enfrentarse a sus contrincantes-, ataviado con la indumentaria de entonces: abarcas o albarcas -como guste llamarse-, calcetines de lana gruesa hechos a mano pacientemente por su mujer, blusa (o chambra) parda por el paso del tiempo, camisa de cuello tipo Mao, pantalón descolorido de pana gruesa con varios remiendos, y boina o gorro de paja, según la estación del año de que se tratara; con su raquítico cigarro entre los labios hecho a mano y envuelto con el clásico papel de fumar marca zig-zag y de tabaco de cuarterón (las cajetillas de entonces) comprado en el estanco de la casa de mi tío Aquilino y mi tía Salvadora.
Esa fotografía mental, también recoge la presencia de las mujeres zarceñas que en amena charla esperaban llenar sus cántaros -o cántaras- en los chorros de abundante agua que salía por los dos caños que adornan nuestro inigualable pilar, mientras los juguetones gorriones correteaban y desmenuzaban las moñigas en el suelo del entorno, buscando algún grano que llevarse al pico para sobrevivir y, un revoltoso niño que ahora lo recuerda y refleja en este escrito (antes de marcharse a casa de su abuela carretera arriba), se entretenía jugando en las pozas con el agua que venía del pilar y saltando los bancos de piedra que había junto a los chopos que, poco a poco van desapareciendo de la circulación.
Esa imagen -como otras muchas de mi infancia zarceña-, ha permanecido guardada en mi particular baúl de los recuerdos -y en más de una ocasión la he pasado por la invisible pantalla digital de mi mente- que tan feliz me hicieron siendo uno de los más traviesos niños de aquella época (algún día contará alguna de sus diabluras) que, ahora, añora y recuerda con nostalgia todos los aperos que se usaban en la labranza y  están pasando a mejor vida como nos ocurrirá a todos antes de cien años; aunque, si aguantamos cien años más, no deberíamos quejarnos....
Por esa y otras muchas razones, soy partidario de que se conserve su recuerdo en un museo que los perdure en el tiempo y las generaciones venideras puedan apreciar todo cuanto sus antepasados hicieron -o hicimos- por  mejorar un poco aquello que encontramos a nuestra llegada a este maravilloso planeta azul. ¿Será posible?
Por mi parte, yo guardo ese recuerdo -como otros muchos de mi infancia-, atesorado en los más gratos sentimientos de cuanto me sucedió en La Zarza; por eso, desde este rincón bloguero quiero dejar constancia de lo que queda en mi, de los aperos agrícolas que en aquel tiempo conocí y , de vez en cuando afloran a mi pensamiento.
Hoy, quiero dejar constancia de ese sentimiento, dedicando a uno de esos aperos que más útil le fue a nuestros antepasados agrícolas zarceños: “El arado”




Arado viejo de madera
que fuiste fiel compañero
de las múltiples fatigas
que ha penado el labriego
para lograr las rubias espigas
que luego lleva al granero.

Hoy vengo a reconocerte
tu buen servicio prestado,
y también agradecerte
tu presencia, “amigo arado”

Empuñando tu mancera
al más fuerte labrador
en otoño y primavera
junto a ti, le brota el sudor.

El seco matorral salvaje
que encuentra a su paso tu reja,
lo elimina con coraje
para dejar la tierra pareja. 

Y, cuando hundes en la besana,
la reja afilada y bien pulida,
esa, mi tierra castellana,
con mimo por ti mullida
en una fresca mañana,
queda blanda y removida
dejándola tan limpia y lozana
que al labriego le da la bienvenida,
para que lance la semilla temprana
arrojándola con su fuerte mano campesina
y, al caer, con ternura, el terruño
le abra sus entrañas a la vida
esperando que la lluvia en primavera
le conceda la cosecha merecida
que llene con abundancia la panera
y le premie el esfuerzo y la fatiga.

Viejo arado de madera
que el campesino zarceño
labró con esmerado empeño
con su herramienta casera.

Hoy recuerdo de mi niñez
que tu original estampa gallarda
yo guardé con timidez
y, se halla lo que se guarda.

Guardado tengo en mi mente
el volar de las nubes otoñales
que con pasividad inclemente
convertían las tierras en barrizales;
y, cómo el labriego impenitente
emocionado las paladeaba
cuando pendían cual madeja inocente
de la rueca que las sujetaba;
mientras tu vetusto cuerpo de madera,
tirado por dos fornidos animales
impidiendo que tu esfuerzo impotente
labrara la besana en la encharcada ladera
o, mullera y esponjara los eriales.

Y, aunque ya te ha retirado
la moderna maquinaria,
hoy, mi recordado arado,
sabrás que por la gente zarceña agraria
sigues estando mimado
y rezan por ti su plegaria.



 +

04 diciembre 2013

A TI, CIUDADANO NORMAL



Escucha estas preguntas que te hago
salidas del fondo de mi alma;
yo sé que estás pasando un mal trago,
y te pido que te las tomes con calma:

¿Por qué lloras en el silencio de la noche,
solitario, afligido y desconsolado?

¿Qué te ha ocurrido; te han engañado?
¿quién ha sido el osado?
¿Lloras por las desdichas padecidas,
o, por todas las miserias
que con la crisis pasamos;?
¿por que ves que tu bolsillo se vacía
y la cesta de la compra no se llena,
que la vida está más dura cada día
y, en tu alma se está apoderando la pena?
¿por el desaliento que te produce 
la injusticia de aquellos que 
con fe y esperanza votamos 
y, ahora miran para otro lado?

¿Lloras porque no hallas consuelo;
porque los que ahora mandan te ignoran,
porque cada vez es más grande tu desvelo,
o, porque cada día, son más y más
los que contigo en solitario lloran...

Cuando sientas el escalofrío
de la afilada guillotina de la crisis,
cuando los de arriba
te miren con indiferencia,
cuando sientas sobre los tuyos
la cizalla de la inmundicia,
cuando la corrupción y los suyos
con su insaciable codicia
destruyen los principios
de tus más íntimas creencias
y, el yugo de la opresión
te oprime sin clemencia;
sé, que miras al Cielo indignado
y te preguntas: ¿Qué pasa;
qué está pasando aquí...;?
¿pero, en qué mundo estoy viviendo?
¿Dónde está la dignidad...;
dónde la sensibilidad del ser humano?

Y...; ¿dónde están aquellos principios
de igualdad y libertad....?

¿Dónde están...?
¿Dónde están los que lucharon
por la democracia y la equidad...?

No los busques; no los encontrarás.
No todos se han ido, siguen aquí, sí,
sólo están marginados o escondidos,
pero no están ocultos a la verdad,
ni escondidos en la oscuridad de la cobardía.

No se dejan ver por los demás,
porque tienen temor, sí, están temerosos,
le tienen miedo a la libertad;
¡a su libertad...!
miedo a perder su pequeña seguridad
pero, muy pronto aflorarán,
porque, ellos son valientes,
y aunque no pueden,
les gustaría hacer más;
sí, hacer mucho más por los demás;
por eso, no huyen,
pero se prefieren camuflar.

¿Camuflarse de qué...?
¿de indecisos temporales,
e inseguros conformistas  resignados
por la situación y la necesidad?

Están camuflados de “desanimados”,
sí, de desanimados e indefensos
decepcionados indignados ciudadanos
perseguidos por la maldita necesidad;
por esa agobiante y opresora necesidad
que tienen de adaptarse para apoyar
y proteger a los suyos, 
a sus seres más queridos
que la crisis ha dejado en  la miseria;
para ayudar a aquellos que ya nada les queda
de lo poquito que tenían;
están abocados a sufrir por ellos noche y día;
por eso no se ven, pero sí están,
y están donde tienen que estar,
donde la situación le obliga a estar,
pero, donde no querían estar;
ellos, ya no pueden hacer más,
no tienen el apoyo de los que le gobiernan,
se sienten solos, desprotegidos,
impotentes, olvidados y desamparados;
son como una pluma en el aire
en el ojo del huracán: ¡Nada...,!
absolutamente nada.

Por eso; mi sufrido ciudadano:
¡¡Adelante...!! 
No te detengas y llora a solas,
llora enérgica y amargamente,
llora con tristeza y con rabia contenida,
llora con  indefensión tu impotencia
que tus lágrimas son la fuerza
de tu corazón para superarte;
pero no te rindas nunca; ¡lucha...,!
lucha con coraje  sin descanso,
con energía y con tesón sin límite,
no mires para atrás, el pasado ya pasó,
ahora, tardarán, pero vienen otros tiempos;
no será todo otoño e invierno,
ni un río seco sin su ribera;
trinarán los pájaros en los árboles,
y florecerán los campos y la pradera.

Aleja para siempre de ti la ansiedad 
que, una nueva andadura te espera,
y muy pronto se calentará tu hogar
con el calor de la familiar hoguera.

Vive la vida con optimismo
y transforma tu otoño en primavera.