05 mayo 2012

AL VOLANTE

                                            EL CONDUCTOR (primera parte)
En la circulación como ya comentaba en los temas anteriores, intervienen tres factores: El humano, la vía y su entorno, y el vehículo. Los dos últimos como es lógico, son inanimados y están supeditados al factor humano que es el único con capacidad de pensamiento y sentido común.
Todo vehículo en movimiento que circule por cualquier vía de uso común necesita un conductor para su control si queremos que la circulación sea ordenada y segura, toda vez que la vía hay que compartirla en igualdad de derechos y deberes con el resto de usuarios y, de momento, no hay posibilidad de sustituirlo por un robot.

Conductor
La LSV. considera conductor a toda persona que, maneja el mecanismo de dirección o va al mando de un vehículo, o a cuyo cargo esté un animal o animales. En vehículos que circulen en función de aprendizaje de la conducción, es conductor la persona que está a cargo de los mandos adicionales -el profesor-. Se exceptúa de este concepto a quienes empujen o arrastren un coche de niño o de impedido o cualquier otro vehículo sin motor  de pequeñas dimensiones, los que conducen a pie un ciclo o ciclomotor de dos ruedas, y los impedidos que circulen al paso en una silla de ruedas, con o sin motor. Todos ellos, se consideran peatones.
El conductor es un procesador de información constante, lo que, a su vez,  le exige una ágil y también   constante atención en todo su entorno y no solo en las zonas de riesgo e incertidumbre.
Para que el conductor pueda controlar todas las variables que se le presentan en la circulación y actuar adecuadamente con su vehículo, necesita una información precisa de cuanto le rodea, para lo cual, es necesaria una adquisición de la misma para una conducción segura. Esta información procedente del entorno la obtiene fundamentalmente a través del sentido de la vista y el oído; y, de sus condiciones psicofísicas y de la capacidad y estado del vehículo y la vía, dependerá que pueda responder adecuadamente a las constantes variables y circunstancias que afectan a la circulación viaria; para lo cual, se requiere también un adecuado

Estado físico del conductor 
La conducción es una actividad compleja que requiere un considerable potencial de energía y exige una adecuada puesta a punto de los mecanismos psicofísicos del conductor; por esa razón, para la obtención de la Licencia o permiso de conducir se debe someter previamente a unas pruebas de aptitud física y psicofísicas, además de requerirle unos conocimientos tanto teóricos sobre las normas de circulación y señales de tráfico, como del domino y control del vehículo de lo que será la futura realidad como futuro conductor de un vehículo automóvil por cualquier vía abierta al tráfico en general que, al ser de uso común, deberá compartir con el resto de usuarios en igualdad de derechos y deberes.
No voy a entrar a detallar aquí todas y cada una de las pruebas y requisitos que establece la ley al efecto, porque, no ha lugar y corresponde a los Centros de reconocimientos Médicos y a la DGT.
Si bien es cierto que para la obtención del permiso, todos sabemos que debemos superar unas  pruebas físicas y psicofísicas sin las cuales no hay permiso de conducir para nadie, no es menos cierto que con el inexorable paso del tiempo ambas capacidades van disminuyendo, lo que da origen a que debamos superarlas nuevamente con determinada periodicidad para comprobar que seguimos con las aptitudes mínimas exigidas por la normativa vigente; es el caso del reconocimiento médico que debemos pasarlo en función de la clase de permiso que tengamos y de la edad del conductor; o sea, lo que se entiende por renovar el permiso de conducir consistente en un simple reconocimiento y pagar la correspondiente tasa al Estado. Independientemente de esta revisión obligatoria, hay otros factores que influyen en las aptitudes del conductor que, en ocasiones se ven afectadas por circunstancias adversas que le afectan de forma negativa y hacen que la conducción sea peligrosa porque hacen disminuir con carácter temporal las facultades del conductor poniendo en riesgo la seguridad del propio conductor y del resto de usuarios de la vía, por lo que hay que tenerlos presentes y actuar en consecuencia.

Los factores que hacen disminuir las facultades transitoriamente son:
La fatiga, la disminución de la atención o vigilancia permanente, el sueño, las drogas, el tabaco, el alcohol, todo tipo de estupefacientes, alucinógenos y  psicotropos, que, si bien individualmente  generan un peligro cierto, la mezcla de varios aumenta progresivamente la pérdida de las facultades mínimas que se requieren para poder conducir con seguridad. Veamos:

La fatiga
La conducción, como todo trabajo exige un esfuerzo físico y psíquico. Cuando este esfuerzo se realiza de forma continuada durante varias horas de conducción, el conductor se siente cansado, la fatiga se apodera de él y lo domina; por lo que se hace necesario no continuar la actividad por razones de seguridad como es obvio, porque la fatiga genera un descenso en la capacidad del rendimiento del conductor.

La fatiga puede ser: física, visual y psíquica.

La fatiga corporal-física-, generalmente no suele afectar mucho en la conducción, porque el esfuerzo físico-muscular que requiere la conducción no es muy acusado, ya que tanto los brazos como las piernas no se ejercitan gran cosa y la permanencia prolongada al volante, lo que causa, es más bien anquilosamiento debido a la escasez de ejercicio, si bien, una mala colocación del cuerpo en el asiento en una conducción prolongada, favorece el cansancio físico, lo mismo que una mala postura de las manos al volante, porque los músculos no están relajados como requiere la conducción y que ya expondremos en su momento en el tema de “las manos al volante”.

La fatiga visual, sí que se acusa muy negativamente cuando llevamos conduciendo más de dos horas ininterrumpidamente. El esfuerzo que le exigimos a los ojos en la conducción va produciendo paulatinamente pero progresivamente un agotamiento de la vista que nos disminuye la capacidad de captación de los estímulos que nos rodean.
El ojo y el oído son las antenas a través de los cuales se captan la mayoría los estímulos del entorno que son fundamentales para la conducción.
Los ojos son el órgano del sentido de la vista, por eso, no solo es necesario ver, sino ver bien y saber ver con anticipación y rapidez para transmitir los estímulos recibidos y enviárselos al cerebro y que este los procese a su debido tiempo; así pues, no basta solo con mirar.
La fatiga visual, distorsiona el llamado campo visual y, para poder conducir con seguridad es necesario poder ver con nitidez no solo al frente, sino también a los costados y por detrás a través de los correspondientes espejos retrovisores que deberán estar siempre bien limpios y reglados si queremos percibir bien los peligros que en le entorno se nos presenten en la conducción.
Este tipo de fatiga aumenta la peligrosidad en la conducción nocturna -también trataremos este tema aparte- y se hace necesario un tiempo de adaptación para que los ojos se puedan acomodar a la oscuridad porque se hace más difícil la percepción de los objetos y obstáculos; por esa razón, es necesario mantener bien limpios, reglados y en perfecto estado de funcionamiento los faros, parabrisas y limpiaparabrisas; entre otras cosas, para evitar el deslumbramiento del que ya hablaremos cuando tratemos el tema de la conducción nocturna anteriormente citado.

La fatiga psíquica.
La suma de la fatiga física más la visual nos da como resultado la fatiga psíquica que es la que nos distorsiona la captación de todo tipo de estímulos. El cansancio, la somnolencia provocada por una comida copiosa, conducir con el estómago vacío, fumar en exceso, algunos medicamentos, la calefacción del vehículo, el calor, el frío, la monotonía de la carretera que genera aburrimiento, la soledad, etc., son factores que hacen aparecer la fatiga más pronto. Esta fatiga que va acompañada de una cierta inquietud que hace que el conductor además de estar torpón, se ve en la necesidad de mover las piernas, cambiar de posición, frotarse los ojos, etc., conlleva un error en el cálculo de las distancias con la peligrosidad que entraña esta circunstancia. Tan pronto notemos el primer síntoma, es imprescindible parar; seguir en esas condiciones es una temeridad  e irresponsabilidad por parte del conductor. La idea errónea de que para lo que me falta, yo puedo aguantar, sin lugar a dudas, nos lleva directamente al accidente porque este tipo de fatiga hace disminuir muy mucho la atención y la vigilancia por parte del conductor.

Algunas precauciones para retrasar la fatiga:
Tener especial cuidado con las comidas y bebidas que se toman durante la conducción; pues, tan perjudiciales son las comidas copiosas, como conducir con el estómago vacío. Se debe comer moderadamente, con sobriedad y tomar alimentos ligeros de fácil digestión. Comer varias veces en pocas cantidades es una buena medida para retrasar la fatiga. Tomar frutas en vez de comidas abundantes, tomar café de cuando en cuando mantiene despierta la vigilancia. Evitar las bebidas alcohólicas aunque sea en ínfima cantidad así como las que producen excitación. Las bebidas que mejor sientan al conductor son las infusiones, refrescos y agua mineral.
Una buena medida de precaución es mantener el habitáculo ventilado, tanto de día como de noche, si hace calor como si hace un frío polar. Independientemente de que nuestro vehículo esté provisto de calefacción, aire acondicionado o cualquier tipo sistema de refrigeración-calefacción, el vehículo hay que ventilarlo cada cierto tiempo y renovar el aire totalmente durante al menos uno  o dos minutos aunque proteste la suegra como de costumbre; para ello, abriremos no una ventanilla, sino dos, las dos del mismo lado, nunca una sola. Ya sé que si hace frío o llueve no apetece gran cosa, pero la seguridad es lo primero. Si es necesario, se busca un lugar adecuado para detenernos unos instantes y reanudar la marcha una vez efectuada la renovación del aire del habitáculo. Aprovechamos para dar un paseo, estirar un poco las piernas, realzar algún ejercicio para revitalizar la circulación sanguínea y paliar en lo posible el típico dolor de espalda y cuello que suele  producir la conducción continuada.
Si con estos remedios caseros no logramos recuperar la atención y mantenerla; sólo queda una solución: Dejar de conducir.

El oído
El sentido del oído nos permite percibir los sonidos, su volumen, tono, timbre y la dirección de la cual proceden. Las vibraciones sonoras son recibidas por el oído y esas sensaciones son transmitidas al cerebro que las procesa. En el oído se encuentran terminales nerviosas que reciben información acerca de los movimientos del cuerpo, ayudando a mantener el equilibrio del mismo, imprescindible para la conducción.
Hay deficiencias o enfermedades del oído que pueden ser corregidas, otras no, las personas que las padecen no pueden obtener permiso o licencia de conducir ordinario, pero sí un permiso  o licencia en el que se hace constar la deficiencia que padece el titular y las adaptaciones que precisa.
Determinadas circunstancias hacen que transitoriamente se pierdan parte de las facultades auditivas, motivadas por resfriados, gripe, etc., que tiene una incidencia negativa en la conducción, por lo que es aconsejable que, si se va a conducir en esas condiciones, se deberán tomar las precauciones necesarias para que dicha circunstancia no le afecte negativamente al resto de usuarios de la vía. Si la afección es muy acusada, deberá abstenerse de conducir hasta que se retorne a la normalidad.

El sueño
El sueño es una actividad que resulta imprescindible para un adecuado funcionamiento psicofisiológico y no dormir durante periodos largos o dormir menos de lo necesario, puede llegar a producir graves trastornos  y ser causa de importantes desajustes en el comportamiento humano, porque mientras se duerme, este, aprovecha para recuperarse del desgaste diario y para que descansen los centros nerviosos y tejidos musculares y si no se duerme lo suficiente, el organismo racionará con una serie de desajustes altamente peligrosos para la circulación.
La función del sueño, todavía es la más misteriosa del ser humano. Se trata de una función muy importante y reconfortante, pues cuando estamos durmiendo el cuerpo descansa aunque el cerebro se activa más  que si estuviéramos  despiertos. Tal es así, que durante toda la vida el ser humano pasa seis años soñando, lo que nos da una idea de la importancia del sueño.
El sueño hace una puesta a punto del cuerpo y sin esta recuperación el cerebro no podría hacer sus funciones que son esenciales e imprescindibles para la conducción.
Las personas que tienen trastornos como son las que tienen problemas para mantener un horario regular del sueño, deberían considerar la posibilidad de no conducir en aquellas circunstancias en las que sabedores de su problema, puedan con su experiencia tener conocimiento de cuando el sueño les afecta más y abstenerse de hacerlo.
Algunos desajustes del sueño son motivados por los cambios horarios o circular por zonas de horarios distintos, trabajos por turnos en horarios rotativos, particularmente los que trabajan en las noches, son más propensos a la somnolencia mientras conducen, pues todo desfase horario va acompañado de un desajuste más o menos agresivo en nuestro organismo que se acusa en la conducción continuada.
Si se va a conducir durante un largo periodo de tiempo, no comer en exceso, las digestiones largas producen somnolencia y aumentan el tiempo de reacción, (ya lo veremos en la segunda parte) mejor comidas ligeras. Conducir solo cuando se esté descansado. No hacerlo nunca cuando se sienta fatiga o sueño. Utilizar ropa y calzado cómodo. Nunca ropa ni calzado apretado.
La persona que tome algún medicamento debe asegurarse de que no afecta a su capacidad para conducir y, en caso contrario, no hacerlo.  
El sueño, generalmente se presenta solapadamente y casi no se notan sus síntomas al principio; no avisa, sin embargo, actúa implacablemente y dominando a toda persona, nadie lo puede vencer, es el más fuerte, por lo tanto, no tratar de combatirlo porque la batalla está perdida. A los primeros síntomas que se aprecien hay que parar, sin más, porque el sueño, cuando se presenta, es uno de los mayores enemigos de la conducción y, siempre sale victorioso.

¿Cómo afecta el sueño a la conducción?
Entre algunos de los efectos negativos de la aparición del sueño en la conducción podríamos citar los siguientes:
Disminución de la capacidad de reacción y como consiguiente, un mayor tiempo de reacción por parte del conductor Alteraciones motrices. Distracciones. Disminución de la concentración. Disminución de la capacidad de recepción por lo que son necesarios estímulos más altos de lo normal para que puedan ser captados. Alteración de la percepción, se capta e identifican peor los objetos del entorno. Se hace más difícil la rectificación. Menor control sobre el vehículo. Se altera la percepción de la profundidad y del tiempo. Alteraciones del comportamiento porque aumentan las confusiones y el número de errores. Las personas se vuelven más tensas, nerviosas y agresivas: todo ello, da origen a la aparición de conductas más arriesgadas de lo normal.

 

Algunas recomendaciones:

Realizar descansos frecuentes para evitar la monotonía. Mantener el habitáculo bien ventilado. Tomar café con frecuencia durante el viaje. Mojarse la cabeza y los brazos. Meter los brazos debajo del grifo de forma que el agua empiece a caer por encima de los codos y mantenerse un buen rato en esta actitud, ayuda bastante. Caminar y si es de noche pasear la vista por el firmamento repetidas veces, pero sin necesidad de contar todas las estrellas. Conversar con los compañeros de viaje. Si no tenemos compañía, un remedio casero muy eficaz es cantar; cantar con alegría y en tono alto y con dinamismo pero sin superar a Plácido Domingo. Nadie se duerme mientras está cantando; no dejar de cantar retrasa la aparición del sueño. Esto que puede parecer una tontería, es de una gran eficacia en estos casos. Y, si ninguno de estos remedios evita la insistencia del sueño; no dudarlo, parar inmediatamente ( ¡ojo! Con los cacos al parar ) en un lugar seguro y descansar; a veces descabezando un sueño apoyados al volante es suficiente para continuar el viaje si estamos cerca de nuestro destino, de lo contrario, dormir plácidamente y como dice el refrán, mañana será otro día.


 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenos consejos, y como buen profesor que heres te haremos caso, aunque muchas cosa de las que nos dices ya las hacemos, seguiremos tomando café, que últimamente lo habiamos cambiado por coca cola, pues el sueño en viajes largos siempre está presente, pues la noche anterior ya duermes mal pensando en el viaje, será cosa de la edad....pero durante el viaje siempre descansamos para estirar las piernas y al mismo tiempo espavilarnos un poco.
Saludos Horacio y Cari.

Manuel dijo...

Nunca estará de más, insistir, recordar, volver a la escuela de conductores, ahora de tu mano, para tener conciencia exacta de lo importante que es el comportamiento del conductor de eas máquinas, en todo momento y ocasión, pues en ello nos va nuestra propia vida y la de otros. Y eso es muy serio.
-Manolo-