09 julio 2012

AL VOLANTE




  MANIOBRAS.
 Segunda parte. Iniciar la marcha y marcha hacia atrás

 Siguiendo con el tema de las maniobras expuesto en la entrada anterior del volante, daremos comienzo a la manera de efectuar cada una de ellas.

Las maniobras básicas que con más frecuencia realiza el conductor con su vehículo son: Iniciar la marcha, marcha hacia atrás, desplazamientos laterales, adelantamientos, cambios de dirección, cambio de sentido de la marcha, paradas y estacionamientos.

Comenzaremos en el orden citado y hoy veremos la forma de comportamiento que requiere la incorporación a la circulación y la marcha atrás.

Iniciar la marcha.

El conductor que se incorpora con su vehículo a la vía, va a formar parte de las distintas corrientes circulatorias que por la misma discurren para pasar a  ser uno más de los usuarios que la ocupan y a la que pretende acceder, como tal, deberá hacerlo sin causar molestias indebidas a los demás usuarios; y, se comportará de forma que casi no se note su presencia.

Modo de efectuar la maniobra de incorporación.
En primer lugar, todo conductor que pretenda incorporarse a la circulación es porque está inmovilizado, bien parado o estacionado en una vía o procedente de las vías de acceso a ésta, de sus zonas de servicio o de una propiedad colindante; deberá cerciorarse previamente, incluso siguiendo las instrucciones de otra persona en caso necesario, de que puede hacerlo sin peligro para los demás usuarios, cediendo el paso a otros vehículos y teniendo muy en cuenta la posición, trayectoria y velocidad de éstos, y lo advertirá con las señales obligatorias, que son los intermitentes o el brazo si este es visible por los demás usuarios.

Cuando un conductor salga a una vía de uso público por un camino exclusivamente privado, debe asegurarse previamente de que puede hacerlo sin peligro para nadie y efectuar la incorporación a una velocidad que le permita detenerse en el acto, cediendo el paso a los vehículos que circulen por aquella independientemente del sentido en que lo hagan, pues, lo que conocemos como progresión normal, siempre tiene prioridad, salvo en las excepciones establecidas y reguladas por la norma correspondiente.

Todo conductor que se incorpore a la circulación advertirá ópticamente la maniobra a los demás usuarios de forma clara y previa a su realización.

Si la vía a la que nos vamos a incorporar está dotada de un carril de aceleración, (generalmente, autopistas y autovías) el conductor que lo utiliza para incorporarse a la calzada, según el reglamento de circulación, deberá cerciorarse, al principio de dicho carril, de que puede hacerlo sin peligro para los demás usuarios que transiten por dicha calzada, teniendo en cuenta la posición, trayectoria y velocidad de estos, e incluso deteniéndose, en caso necesario. A continuación, acelerará hasta alcanzar la velocidad adecuada al final del carril de aceleración para incorporarse a la calzada sin causar molestias indebidas a los demás usuarios que la están utilizando.

Este apartado que no lo respeta nadie y, la inmensa mayoría de conductores que tienen conocimiento de su existencia lo consideran desfasado, tiene su fundamento técnico, pues si el conductor al comprobar que debido a la presencia cercana de otros vehículos no puede incorporarse sin detenerse, y  se para justo antes de alcanzar la calzada, no podrá incorporarse a la misma a una velocidad lo suficientemente rápida como para no entorpecer a los que circulan por ella porque carece de espacio suficiente para poderla desarrollar; sin embargo, si se para al principio del carril de aceleración, -que, no lo hace nadie- en todo el recorrido del mismo, alcanzará la suficiente velocidad como para no afectarle a los conductores de la vía preferente con su presencia cuando se incorpore a ella.

Este punto concreto, me ha resultado siempre difícil para poder convencer a los alumnos de su función, por la sencilla razón de que si te paras al principio del carril de aceleración, los conductores que te siguen, además de adelantarte indebidamente, te organizan gratuitamente un concierto de claxon de distintas y variadas notas musicales que atruena el ambiente, además de los recuerdos que te dan para toda tu familia; pero, aunque tiene su lógica este precepto, en la práctica, es prácticamente inaplicable. No obstante, ahí queda para el conocimiento de aquellos que se tomen la molestia de leer este tema en esta web zarceña. Y, por favor, que ninguno de los lectores me haga la pregunta típica de los alumnos: ¿Tú, te paras al principio? Porque  no le voy a contestar.

Veamos a continuación, cómo debe comportarse el conductor que tiene la intención de incorporarse a cualquier vía, especialmente si es de dos sentidos de circulación:

Cuando el conductor está por ejemplo estacionado en línea (uno detrás de otro) como es muy frecuente en poblado, si la vía es de dos sentidos y pretende incorporarse a la circulación desde la derecha como es la norma general en estos casos, lo primero que debe hacer es situar su vehículo en posición de salida, o sea, ligeramente inclinado (un poco nada más) para que tenga buena visibilidad mirando ocularmente por el rabillo del ojo a través la ventanilla izquierda, asegurándose así que la presencia de los vehículos que se le acerquen por detrás no van a ser afectados por su presencia al incorporarse. En esta fase son muy frecuentes los errores de cálculo (más bien imprudencias), pues a menudo el conductor que intenta salir y se percata de la presencia de otro vehículo que se acerca por su izquierda piensa: viene lejos, me da tiempo a salir; y, efectivamente, le dio tiempo a salir, pero no a llegar. Y, ¡¡Zas...!! Tortazo al canto. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que sufrió un error de cálculo. Cuando miramos hacia atrás y vemos que se acerca un vehículo, hay que calibrar bien la decisión de salir, pues si se trata de un vehículo rápido y su velocidad es considerable, deberemos optar por esperar, ya que la diferencia de velocidad existente entre el que viene lanzado y la nuestra al incorporarnos en primera y despacio, por mucho que revolucionemos el motor, no nos permite recorrer el espacio suficiente para que el que se aproxima no nos alcance o tenga que frenar bruscamente para no alcanzarnos, o para eludirnos, realizar un giro brusco acompañado del correspondiente pitazo y recuerdos para nuestro pariente más cercano, además del típico signo del dedo o del brazo para que nos enteremos del aprecio que nos tiene sin conocernos de nada.
Ante la más mínima duda, forrarse de paciencia y esperar hasta una nueva oportunidad.

En general, para conducir, es necesario temple, comprensión, tolerancia y sosiego; pero, para incorporase a la circulación en estos casos hay que tener una considerable dosis de esa paciencia y comprensión citadas, si no queremos vernos involucrados en un accidente cuyas consecuencias son siempre imprevisibles. Teniendo en cuenta que cuando el choque es por alcance lateral, el golpe más fuerte lo recibe el conductor que tiene el coche inclinado y su cuerpo está expuesto a recibir el primer impacto.

Por el contrario, si el vehículo que se acerca por detrás es un vehículo voluminoso, lento o viene muy despacio, debemos procurar incorporarnos con rapidez y viveza pero sin derrapar, para salir con seguridad antes de su llegada evitando ser uno más  de la caravana que lo más probable es que le siga en forma de procesión, generando atasco y contaminación indebida, independiente de lo antieconómico y contaminante que resulta siempre la caravana.
Una vez comprobada la posibilidad de no obstaculizar a los que vienen por nuestra izquierda, comprobaremos también la posición, trayectoria y velocidad de los que se acerquen por la derecha, o sea de frente, pues, si bien circulan por el carril de sentido contrario, si la calzada dispone solo de un carril para cada sentido, es frecuente tener que invadir parte de ese carril para podernos incorporar, pues como en la salida tenemos las ruedas giradas a la izquierda,  y, mientras salimos, debemos irlas girando a la derecha para luego enderezarlas, en ese recorrido generalmente ocupamos parte del carril de sentido o puesto y si no calculamos bien los parámetros antes citados, corremos el riesgo de encontrarnos con el que viene de frente, originando un choque frontal fácilmente evitable que, como es bien sabido, es el más peligroso y graves sus consecuencias.

Cuando se trata de incorporarnos a la circulación desde el lado derecho en una vía de sentido único si estamos entre dos vehículos que nos impiden total o parcialmente la visibilidad en la salida, se nos complica un poco más la cosa, pues, como el volante no lo tenemos en el lado derecho, por ese lado no tenemos apenas visibilidad, y, al inclinar el coche para la incorporación, no podemos ver nada por el espejo exterior izquierdo ni por el derecho, porque quedan fuera de foco, no nos queda más remedio que señalizar con el intermitente izquierdo, estirar el cuello todo lo que podamos para ir mirando poco a poco a medida que vamos saliendo lentamente para comprobar si viene algún vehículo por detrás y, si nos percatamos de la presencia de alguno, detener inmediatamente la marcha, esperar a que tengamos el espacio libre y, tan pronto como nos sea posible, salir con rapidez e incorporarnos a la derecha de la calzada, para que si viniera alguno por detrás después de nuestra incorporación más velozmente que nosotros, nos pueda adelantar con seguridad y sin tener que frenar innecesariamente.

Los supuestos de incorporación a la circulación sin ceder el paso a otros vehículos tendrán la consideración de infracciones graves.

Obligación de los demás conductores de facilitar la maniobra.
Con independencia de la obligación de los conductores de los vehículos que se incorporen a la circulación de cumplir las prescripciones apuntadas con anterioridad, el resto de conductores deberán facilitar, en la medida de lo posible, dicha maniobra, especialmente si se trata de un vehículo de transporte colectivo de personas (autobuses) que pretenda incorporarse a la circulación normal desde una parada señalizada como tal (paradas de autobús tanto urbana como interurbana).

En los poblados (vías urbanas), para facilitar la incorporación de los vehículos de transporte colectivo de viajeros, los conductores de los demás vehículos -de todos- deberán desplazarse lateralmente, siempre que fuera posible, o reducir su velocidad, dando cumplimiento a lo expuesto anteriormente, incluso llegando a detenerse, si fuera preciso, para que los autobuses puedan efectuar la maniobra necesaria para proseguir su marcha a la salida de las paradas como tales.

Lo dispuesto en el párrafo anterior no modifica la obligación que tienen los conductores de los vehículos de transporte colectivo de viajeros de adoptar las precauciones necesarias para evitar todo riesgo de accidente, después de haber anunciado con claridad y antelación por medio de sus indicadores de dirección, (intermitentes) su propósito de reanudar la marcha, y, asegurándose de que los demás usuarios de la vía (conductores) se han percatado de sus intenciones.

Esto que puede parecer una discriminación a favor de los autobuses, es de una lógica aplastante en vías urbanas, pues, si no existiese esta obligación para el resto de conductores, en más de una ocasión, los autobuses no saldrían de la parada, porque nadie le facilitaría la incorporación; haciendo que los ocupantes llegasen al trabajo a la hora de finalizar la jornada.

Lo expuesto anteriormente, no le otorga preferencia a los conductores de autobuses en vías interurbanas al incorporarse a la circulación desde una parada regular; pues si el resto de conductores le tuviesen que ceder el paso, llegando a detenerse, podría ser un auténtico caos en determinadas ocasiones y el lugar una ensaladera de accidentes. Lo que sí se le debe es facilitar la incorporación cuando lo permitan las circunstancias.

La marcha atrás.

La ejecución de la marcha atrás conlleva un más que considerable peligro como consecuencia de la escasez de visibilidad que tiene el conductor al efectuarla, pues, como no podemos girar la cabeza como los monos para mirar con normalidad hacia atrás sin retorcer el cuerpo, no nos queda más remedio que retorcernos, coger el volante con una mano para controlar la máquina y al mismo tiempo mirar medio de lado hacia atrás, la posición es incomoda y la visibilidad muy escasa, por esa razón es necesario extremar la precaución al máximo; pues, tanto si asimos el volante con la mano izquierda para mirar por dentro, como si lo cogemos con la mano derecha para mirar por la ventanilla del lado izquierdo, la escasa visibilidad que tenemos, no nos permite ver el completo de la calzada normalmente, y la incomodidad de la postura tampoco nos permite la movilidad suficiente, como para desenvolvernos con soltura al girar el volante si fuera necesario para corregir la trayectoria.

Normas generales para su realización.

Como norma general, se prohíbe circular marcha atrás, salvo en los casos en que no sea posible marchar hacia adelante ni cambiar de dirección o sentido de la marcha, y en las maniobras complementarias de otra que la exija (por ejemplo el estacionamiento), y siempre con el recorrido mínimo imprescindible para efectuarla.
Cuando el recorrido hacia atrás, sea como maniobra complementaria de la parada, el estacionamiento o la incorporación a la circulación, no podrá ser superior a quince metros ni invadir un cruce de vías.

En autopistas y autovías, está prohibida siempre la maniobra de marcha atrás.

Las infracciones a las normas establecidas para la ejecución de la marcha atrás, cuando constituyan un supuesto de circulación en sentido contrario al estipulado, tienen la consideración de graves, conforme se prevé en la Ley de seguridad Vial.

Ejecución de la maniobra.

Por los motivos que se han citado con anterioridad, la maniobra de marcha hacia atrás deberá efectuarse siempre lentamente, después de haberlo advertido claramente con las señales preceptivas y de haberse cerciorado, incluso apeándose o siguiendo las indicaciones de otra persona que nos pueda ayudar, si fuera necesario, de que, por las circunstancias de visibilidad, espacio y tiempo necesarios para efectuarla, no va a constituir peligro para los demás usuarios de la vía.

El conductor de un vehículo que pretenda dar  marcha hacia atrás deberá advertir su propósito a los demás usuarios de la vía.

Igualmente, deberá efectuar la maniobra con la máxima precaución y detendrá el vehículo con toda rapidez si oyera avisos indicadores o se apercibiera de la proximidad de otro vehículo o de una persona o animal o tan pronto lo exija la seguridad, desistiendo de la maniobra si fuera necesario hasta poder llevarla a término con la suficiente garantía de seguridad para todos.

La señalización óptica deberá efectuarse con una o dos luces de color blanco que el vehículo debe llevar siempre en orden de servicio instaladas en la parte posterior del mismo y activarse al introducir el conductor la marcha atrás,  extinguiéndose cuando la palanca del cambio vuelva a la posición de punto muerto. También podrá señalizarla el conductor con el brazo más próximo a la ventanilla, extendiéndolo horizontalmente y moviéndolo repetidas veces de atrás hacia delante con el dorso de la mano hacia atrás; pero, como ya se citó anteriormente, la posición no puede ser más incómoda y en la mayoría de los casos es  irrealizable, no parece aconsejable su utilización, aunque es de obligado conocimiento por los conductores la posibilidad de su empleo y existencia.

Y, para terminar, un par de consejos.

La salida de los garajes o cocheras se debe hacer siempre que sea posible hacia delante y entrar marcha hacia atrás, pues la salida siempre entraña un mayor peligro hacia atrás que hacia delante por la falta de visibilidad. Es obvio, ¿no....?

En los casos de niebla densa, lluvia intensa, nieve copiosa, nubes de polvo o de humo, si no es completamente imprescindible la maniobra de marcha hacia atrás, es aconsejable no efectuarla y buscar un lugar en el que se pueda cambiar de dirección o sentido, aunque para ello haya que efectuar un largo recorrido, pues no nos percataríamos de la presencia de los vehículos que se acercan al nuestro hasta que no oigamos el ruido generado por el choque.

Y, una pregunta para todos, conductores y ocupantes.

Si la prisa es el mayor enemigo de la conducción: ¿Cómo deberán tomárselo los conductores que hayan leído esto....?

02 julio 2012

DICTADURAS


Sin duda, todas las guerras son espantosas y lo han sido a lo largo de la historia conocida por el hombre, pero las guerras civiles son horribles, repugnantes, injustificables e inhumanas y, en ningún caso han servido para nada positivo; sólo para que cuando terminan, no se logre la paz; pues esta, no llega nunca porque siempre hay una victoria de los unos sobre los otros, aflorando por ese motivo, los rencores, las venganzas y las más ruines miserias de los ganadores que se convierten con su victoria en todopoderosos oportunistas generalmente cargados de odio hacia los que consideran, además de humillados, enemigos derrotados y despreciados en vez de ciudadanos con distinto parecer y criterio pero con los mismos derechos y obligaciones que los victoriosos; algo que les resulta costoso digerir.
Cierto, que en toda contienda conocida, los enfrentados no van a tomar café a las trincheras en plan tertuliano ni a jugar una amistosa partida a las cartas o el dominó; pero lo ocurrido en nuestro país en el 36, fue una ignominia sin ningún género de dudas. Un cruento golpe de Estado que traicionó la República que, con todos sus defectos, fue elegida democráticamente por el pueblo -si bien, como todo Estado que estrena un nuevo sistema, necesitaba un tiempo de adaptación al mismo, ya que las circunstancias cambiaron y se precisaba cierto rodaje para ponerse al día-; arrasó con todo lo conseguido hasta entonces por los derechos que le otorgaba la misma; independientemente de los errores que hubiera cometido en su andadura como le ocurre a todas las democracias al inicio de su puesta en marcha que, sus dirigentes deambulan hasta encontrar la salida. Y si algún dirigente comete algún delito, para eso están los correspondientes tribunales; para aplicarle la Justicia con justicia y poner a cada uno en su sitio cuando infringe las leyes establecidas por un Parlamento democrático: el hotel rejas. (la cárcel) que es el lugar que le corresponde a los delincuentes. Sean del partido político que sean y tengan el cargo que tengan; pues no pasan de ser unos indeseables en los que el pueblo no puede depositar ninguna confianza.
Mayor desbarajuste que ha habido en Italia después de la Segunda Guerra Mundial con tanto cambio de Gobierno y gobernantes; con gobiernos que duran una primavera escasa, (excepto el de Berlusconi) y, sin embargo, no han traicionado ni a la República ni a la democracia con todos sus defectos. El viejo dicho que hablando se entiende la gente, a los golpistas del 36 le debió resultar incomprensible y no lo pudieron descifrar.
La estela dejada por esta traición, nos impidió durante muchos años, ( aún estamos pagando un elevado precio) estar al lado y a la misma altura que el resto de países de la Europa democrática que, generalmente nos han ignorado, cuando no considerado como los pobres del sur y otras cosas más, que, tampoco es necesario recordar detalladamente.
Por otra parte, los derechos que establecía la Constitución del 31, fueron el orgullo de los que creían en la igualdad, la libertad y la democracia que en ella se establecía como norma de convivencia entre los españoles; pero no contaban con que grandes intereses ocultos pero con gran vitalidad que se veían con algunos de sus privilegios recortados, no pudieron resistir la tentación de demostrar con el poder de las armas (que, por cierto, no eran suyas sino del pueblo) quien mandaba en su España y a qué precio, pisoteándolos y liquidando sin piedad al que se interpusiera en su camino para conseguir su fin; que, como toda dictadura, es favorecer a unos cuantos en detrimento de la mayoría. Algo que ha sido común a lo largo de la historia conocida en todas las dictaduras que han sido y siguen siendo demasiadas.
Las consecuencias de semejante barbaridad las hemos pagado, y las seguimos pagando, los de siempre, sobre todo, los que nacimos al finalizar la contienda; aquellos que no pudimos disfrutar desde la infancia de los beneficios que hubiese producido la democracia sin corona, cuando esta hubiese encontrado el equilibrio que necesita todo cambio de esa envergadura; como ocurrió en otros países que acertaron con su república y su democracia, no sin muchos y grandes sacrificios por parte de sus ciudadanos que al paso del tiempo se han visto recompensados.
¿A quién favoreció la Guerra Civil Española?
Al finalizar la contienda, se debió establecer una generosa amnistía por parte de los vencedores, toda vez que la guerra fue entre hermanos; independientemente de la ideología de los que ganaron o perdieron, sobre todo si tenemos en cuenta que a contendientes de ambas partes le cogió la guerra en una determinada zona en la que no les quedó otra alternativa que combatir allí, tanto si estaban como si no estaban de acuerdo, pues en ambos bandos se cometieron muchos y graves errores; pero, el mayor error de todos fue el levantamiento contra la Constitución democrática. Todo lo demás, con el paso del tiempo hubiese encontrado la salida y una adecuada solución sin pagar un precio tan elevado como hemos tenido que pagar los españoles por el mayor error de nuestra historia conocida, que fue la fratricida Guerra Civil del 36-39, que dio paso a la dictadura en la que todos los españoles, todos sin excepción, perdimos algo que no tiene recuperación; porque, la dictadura es la forma de gobierno en la cual el poder generalmente, se concentra entorno a un solo individuo o junta militar que, con un Gobierno de ipso, excluye la división de poderes, ejercita arbitrariamente el mando y favorece a la minoría que la apoya, institucionalizando un procedimiento que le impide a la oposición llegar al poder que, siempre es controlado por el dictador y sus secuaces que manejan las riendas del mismo.
Las dictaduras, excepto la romana, que tenía carácter temporal, porque era un Gobierno extraordinario que le confería autoridad suprema a una persona, (el dictador) en los momentos más difíciles y complicados, especialmente en casos de guerra, han sido impuestas generalmente mediante la fuerza, doblegando la voluntad de los ciudadanos y han tenido carácter autoritario y/o totalitario, en ambos casos, se sustentan gracias al poderío del aparato militar que las aupó, o paramilitar que algunas implantan una vez que ocupa la poltrona el líder en torno al cual se ramifica el poder.

Desde su existencia, al hombre siempre le han acompañado las luchas tribales, sectoriales, territoriales y multinacionales; en todas ellas se han pisoteado los derechos humanos, se ha masacrado inmisericorde al contrario, al que siempre se le ha considerado enemigo. Se han impuesto crueles dictaduras encabezadas generalmente por unos tiranos sin piedad, todos ellos cargados de enormes complejos de inferioridad que, se envalentonaban desde la poltrona y disfrutaban con sus desmanes; y, ¿para qué han servido las dictaduras a lo largo de la historia de los tiempos? ¿Qué le han aportado a la igualdad, la justicia, la cultura, la libertad y la democracia.? ¿Cuántos estragos han causado y cuantas injusticias se han cometido, sin contar torturas y vejaciones. ¿Cómo se puede estar de acuerdo con ese tipo de sistema de Gobierno de un pueblo sin que sus ciudadanos pierdan la dignidad? ¿Qué intereses mueven los hilos de los golpistas? ¿La igualdad de sus ciudadanos? ¿La ternura paternalista del tirano que la encabeza?  ¿Quién se traga semejante patraña?
Soy consciente de que este tema levanta ampollas en ciertos sectores de nuestra sociedad, algunos de ellos, no muy acostumbrados a dialogar por ser partidarios del monólogo; pero  a estas alturas de la historia, y teniendo en cuenta que el ser humano debe buscar una  mayor igualdad entre iguales, parece razonable una visión más estilizada de la política para encarar una perspectiva más real y buscar una fórmula que permita alcanzar esa realidad a la que todos aspiramos: igualdad, paz, justicia y libertad. Para ello, aunque esto ahora suene a cuento chino, los pueblos deberán gobernarse a sí mismos con un sistema de representatividad totalmente democrático; o sea, todos los representantes públicos deberán ser elegidos en las urnas, todos sin excepción; lo cuál, supone que las dictaduras, vetustas y anacrónicas heredadas monarquías, imperios, etc., cuyos dirigentes no son elegidos mediante el voto secreto y directo deberán desaparecer por la vía voluntaria, para evitar que levantamientos del pueblo harto de tanta desigualdad y humillación, terminen haciendo con sus dirigentes lo mismo que en Irak o Libia, por poner un par de recientes ejemplos, pues, tanto a Sadan Hussein como a Muamar el Gadafi, la despedida que tuvieron, no fue la que se imaginaban, pero que cuando se presiona tanto, hasta las hormigas se revelan.
Luis

27 junio 2012

AL VOLANTE


                                            MANIOBRAS

La normalidad de la circulación consiste en circular siempre de frente, en línea recta y dentro de la corriente del tráfico sin alteraciones relativas de posición, adaptándose en todo momento a las circunstancias de dicha corriente circulatoria; lo que se conoce técnicamente como “progresión normal”.
Para que resulte más sencillo de entender, mientras permanezcamos en el mismo carril al ritmo de los demás, sin variar la posición en la calzada, lo hacemos en progresión normal; aunque, la orografía del terreno y las circunstancias del tráfico, con frecuencia nos hacen variar la trayectoria rectilínea obligándonos a realizar ciertas variaciones en el recorrido, unas veces por la presencia de curvas más o menos cerradas, cambios de rasante de visibilidad reducida o nula, otras por  aglomeraciones; pero, en tanto en cuanto no abandonemos nuestro carril, seguiremos en progresión normal, independientemente de la trayectoria que siga la alineación del camino. Otra cosa es  variar las trayectorias, deliberada, o, en algunos casos, involuntariamente, a las que les hemos denominado maniobras; o, maniobras básicas de circulación, porque se ha alterado o variado la posición del vehículo en la calzada; ya que toda maniobra supone o puede suponer una alteración de la normalidad del tráfico que genera un peligro, porque rompe la citada progresión normal; y como consecuencia, implica una situación de riesgo provocado, por lo cual, siempre que se trate de ejecutar una maniobra, se deberán adoptar las precauciones necesarias para su segura realización.

¿Qué es una maniobra?
Por maniobra se entiende, toda variación del movimiento del vehículo que el conductor realiza intencionadamente y suponga una alteración de las circunstancias normales del tráfico. Por lo tanto;  para que exista maniobra, tiene que concurrir la suma de las  tres circunstancias que se han citado, sin las cuales, no se consideraría como tal.
Veamos:
En primer lugar, que haya variación del movimiento del vehículo.
Vamos a intentar poner algunos ejemplos.
El conductor que circula con normalidad y al llegar a un paso a nivel con barreras, las encuentra bajadas y se detiene, una vez que ha pasado el tren y las levantan, continúa su marcha con normalidad. Aquí, ha habido variación del movimiento del vehículo porque se ha detenido y después se ha vuelto a poner en movimiento, pero no ha existido alteración de las circunstancias del tráfico, porque todos los conductores cumplieron con la norma establecida al respecto: parar a medida que van llegando y reanudar la marcha de igual manera en el mismo orden que llegaron; así pues, no existió  voluntad de hacerlo por parte de los conductores que no querían pararse intencionadamente, los obligaron las circunstancias ajenas a su voluntad; por tanto, no se contempla como maniobra; lo mismo que tampoco lo es, cuando nos detenemos ante un semáforo en rojo, o nos vemos en la necesidad de frenar bruscamente porque alguien se nos cruza inesperadamente y no es nuestra voluntad atropellarlo o, cuando nos detenemos para ceder el paso a los peatones en los casos reglamentados. Por lo tanto, este es uno de los requisitos que forman parte de la maniobra; y, si no hay requisito, no hay maniobra.
En segundo lugar, tiene que haber intención por parte del conductor de efectuar la maniobra. Ni en el caso de las barreras, ni en el supuesto del semáforo o frenazo para evitar el atropello, tenía el conductor la intención de parar o frenar, su intención era seguir con normalidad su camino, pero fue obligado.
Veamos un nuevo ejemplo: A casi ningún conductor le apetece que le detenga la policía de tráfico, pues en cuanto el agente levanta el brazo haciendo la señal para que paremos, ya empiezas a pensar un poco de todo; sin embargo, el conductor señaliza su desplazamiento se aparta al arcén inmoviliza su vehículo, detiene el funcionamiento del motor y espera las instrucciones del agente. Una vez finalizada la actuación policial, el conductor reanuda la marcha comprobando bien si se acerca alguien en las proximidades, señaliza de nuevo, y se incorpora a la circulación con normalidad. Hasta aquí, todo correcto. Tampoco es maniobra. ¿Por qué? Porque, aunque sí ha habido variación del movimiento del vehículo –se ha parado y puesto en marcha-, y alteración de las circunstancias del tráfico, porque directa o indirectamente le afecta o puede afectar a los demás usuarios de la vía que se hallen en las proximidades,  no ha habido intención de detenerse; lo hizo en contra de su voluntad ¿O, cuando vemos a los agentes de tráfico semi ocultos detrás de una curva, nos paramos a preguntarle como le va el día? Si nos parásemos a hablar voluntariamente con los agentes, a preguntarle cualquier duda que tengamos; en este caso, sí sería una maniobra intencionadamente realizada por el conductor, pero si nos detienen, no lo es. Como tampoco es maniobra el hecho de que en caravana, tengamos que parar, arrancar, parar..., y así sucesivamente porque nos obligan las circunstancias; pues, en este caso si bien hay variación del movimiento del vehículo, no hay voluntad por parte del conductor ni alteración alguna, ya que todos los vehículos hacen lo mismo y no se alteran los unos a los otros con sus paradas y correspondientes puestas en marcha.

El tercer lugar, tiene como requisito que haya alteración de las circunstancias normales del tráfico, para que sumadas a las dos anteriores, conjunten los requisitos imprescindibles que conforman la maniobra. 
Cuando el conductor interviene en un accidente o tiene que colaborar en él, se ve en la necesidad de parar y alterar las normales circunstancias del tráfico; pero, ¿lo hace intencionadamente, o se ve en la obligación de hacerlo? Pues en este caso tampoco se considera maniobra por falta de volición; independientemente del tiempo que requiera estar detenido o alterando la circulación, porque le viene impuesto por una determinada circunstancia ajena a su voluntad.

Una vez entendido el concepto oficial de maniobra, deberemos entender, y, entenderlo bien, que, el conductor que realiza una maniobra, al alterar intencionadamente las normales circunstancias de la circulación genera una situación de peligro de la que es el único responsable, y que, como tal, tiene que asumir en solitario esa responsabilidad; si bien, como veremos en su momento, en el correspondiente tema, en la maniobra del adelantamiento, la responsabilidad es en una parte compartida por el conductor que adelanta y genera la maniobra y por el conductor que va a ser adelantado -siempre que se le haya notificado al mismo dicha circunstancia-; y dado que la peligrosidad del adelantamiento, obliga a ambos a poner de su parte todo lo que esté a su alcance para aminorar el peligro de la misma. En el resto de maniobras, la  responsabilidad es siempre de el conductor que altera la circulación deliberadamente.

La maniobra propiamente dicha, se compone de tres fases: comprobar, advertir y ejecutar. (comprobación, señalización y ejecución de la misma.)
En la primera  fase de observación; todo conductor que se disponga a efectuar una maniobra que implique un desplazamiento lateral deberá: comprobar, bien, ocularmente hacia delante, y a través de los retrovisores hacia tras y los costados, la posición, trayectoria-dirección y la velocidad de todos los vehículos que se le acerquen por delante, por detrás, por la izquierda y por la derecha y abstenerse de ejecutarla si tuviese la más mínima duda de su absoluta garantía de seguridad para todos los usuarios de la vía, incluida la suya. O sea, a todos los conductores que circulan en progresión normal; posponiendo su realización ante la presencia de otros usuarios que pudieran verse afectados a los que se le pueda obstaculizar o crear situaciones de riesgo o peligro. Téngase en cuenta que el que efectúa la maniobra, siempre es el responsable de “todas” las consecuencias que se deriven de la misma.

En la fase de señalización; cualquier conductor que tenga la intención de efectuar una maniobra que implique un desplazamiento lateral o hacia atrás de su vehículo, así como su propósito de inmovilizarlo o de frenar su marcha de modo considerable y haya comprobado la posibilidad de hacerlo, deberá señalizar previa y claramente su intención a los demás usuarios de la vía, como norma general con la señalización luminosa del vehículo (intermitentes) o, en su defecto, con un signo adecuado del brazo;  pues, ni los reflejos de ningún conductor son instantáneos, ni los frenos del vehículo frenan en seco para que se paren de golpe en el acto los vehículos a los que advertimos nuestra intención; por eso, hay que advertirlo con tiempo y con suficiente claridad para que los demás se enteren y puedan responder con seguridad a nuestro aviso.
En las maniobras que impliquen un desplazamiento lateral, es éste el que exclusivamente se avisa, por lo que la advertencia deberá concluir tan pronto como el vehículo haya adoptado su nueva trayectoria. O sea, la señalización permanecerá durante todo el tiempo que dure el desplazamiento lateral, pero no durante toda la maniobra completa como sería el caso del adelantamiento, por poner un ejemplo, que la maniobra completa consta de un desplazamiento lateral hacia la izquierda, una zona de circulación paralela, y un nuevo desplazamiento a la derecha.
La validez de las señales realizadas con el brazo quedarán subordinadas a que sean perceptibles por los demás usuarios de la vía, y anularán cualquier otra indicación que las contradiga.

Fase de ejecución:
Una vez señalizada nuestra intención y habernos asegurado de que su destinatario se ha percatado de la misma, procederemos a su ejecución que, siempre será de forma gradual y progresiva, para que la duración sea la menor posible; por lo cual, el peligro que entraña toda maniobra siempre será menor; o sea, hay que imprimirle viveza, agilidad y salero; pero; ¡ojo...! tampoco tenemos que hacerla a toda velocidad derrapando para que se enteren de nuestra presencia los que van distraídos, -que son la mayoría-, porque ello, entrañaría un peligro mucho mayor e innecesario.

Ya trataremos por separado la forma de hacer cada una de las distintas maniobras al exponer su realización en su momento, dado que la ejecución de las mismas es distinta según la maniobra de que se trate; porque lo expuesto hasta aquí, es común a todas.

16 junio 2012

EL MILLONARIO


EL MILLONARIO

Era tan pobre en la vida,
que, por no tener, no tenía
ni perro que le ladrara,
ni su sombra a la luz del día
se veía reflejada.

Nada tenía para comer,
y, hasta el agua le escaseaba,
ni fuerza para poderse mover,
ni para descansar una cama.

El suelo era su colchón
sus viejas botas, la almohada,
y, hasta el aire al respirar,
le parecía cosa prestada;

pero era un hombre feliz
que a todo el mundo respetaba;
tenía fama de cabal
y, hablaba con voz pausada.

La vida fue cruel con él
y le jugó una mala pasada,
aunque siempre lo tuvo todo
sin nunca haber tenido nada.

Tenía coraje y fe en la vida
y con eso se conformaba;
con los despojos que otros no comían
cada día se alimentaba.

Una mañana de crudo invierno
de fuerte helada acompañada,
este hombre sensible y tierno,
murió muy de madrugada;

casi al amanecer el día
lo halló un hombre que por allí pasaba
cubierto con un cartón que decía:
¡Me voy...,  y, no me llevo nada...!

Y, mientras su rostro sonreía
y su mirada brillaba,
una escuálida mendiga decía:
se fue...., se me fue.....;
¡con todo lo que  yo lo amaba....!

08 junio 2012

EL MOTE


El Mote, apodo, alias, seudónimo o remoquete, es un vocablo que proviene del Latín y equivale al término español “ otro “ o conocido por otro nombre como....
El apodo es un “alias” que puede acompañar o reemplazar el nombre de una persona.
El tan manido mote o alias, es el apodo o sobrenombre que suele darse a una persona, generalmente, tomado de sus defectos corporales o de alguna otra circunstancia; o sea, por una cualidad o condición suya.
La costumbre de poner mote es anterior al Medievo, y a lo largo del paso del tiempo no ha cambiado mucho; se sigue poniendo mote a algunas personas en contra de su voluntad, y  siguen poniéndose mote o alias, cientos de miles de personas, la inmensa mayoría, personas de renombre como los toreros. El Viti, Santiago Martín; el Cordobés, Manuel Benítez, etc.; pintores como el Greco, Doménikos Theotokópoulos; Murillo, Bartolomé Esteban Murillo, (su alias era su apellido) etc.; futbolistas como el Pelusa, Diego A. Maradona; el Saeta rubia, Alfredo Diestéfano, etc. Los actores y actrices de cine, la casi totalidad tienen nombre ficticio o sobrenombre, el nombre por el que son conocidos, es un alias, un mote. Los escritores, también, son conocidos algunos, y se presentan con seudónimo. Reyes y reinas han sido conocidos por el apodo o alias. Los Reyes Católicos; Juana la Loca, Alfonso X el Sabio; el Rey Pasmao, Felipe el Hermoso, etc. y siempre se ha visto con absoluta normalidad el apodo o sobrenombre.
Un caso peculiar, fue el rey Fernando VII. Hay pocos apodos a lo largo de la historia conocida que estén más alejados de la realidad que, el que le adjudicaron a Fernando VII, conocido como “el Deseado” y Rey Felón; cuando en realidad fue uno de los reyes peores que ha tenido la sufrida España monárquica.
Fernando VII, a la sazón, hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma, no tuvo una trayectoria cubierta de motivos para el enorgullecimiento, fue un inepto, incompetente, inútil e irresponsable que estuvo detrás del Motín de Aranjuez que, lo convirtió en rey de España tras forzar a su padre a abdicar (amor filial). De ahí que Napoleón, después de la invasión, considerara necesario liberar a España de una monarquía inepta y, teniendo como protagonistas a Carlos y Fernando, en las abdicaciones de Bayona, convirtió a su hermano José I Bonaparte en rey de España, conocido por el Alias o apodo, “Pepe Botella”, que, por cierto, no tenía parentesco con la Alcaldesa de Madrid, (para que no haya malas interpretaciones).
La poca simpatía que despertaba en los españoles la presencia francesa, hizo que los partidos políticos ansiaran la vuelta del que entonces consideraban rey legítimo, Fernando VII, y de ahí, el apodo “el Deseado” que le quedaba como a un Cristo, dos revólveres  y una metralleta.
Como es sabido, las Cortes de Cádiz redactaron la Constitución de 1.812, conocida con el mote de “La Pepa” por el día en que se aprobó, el día de San José, por la que España se convertía en monarquía parlamentaria, pero todo quedó en nada con la vuelta del incompetente Fernando el Deseado que, cuando llegó, lo puso todo patas arriba aboliendo todo lo realizado por las Cortes, volviendo a instaurar en España el absolutismo, dado lo absurdo de su raquítica personalidad como gobernante. Un inepto.

El mote ha sido a lo largo de los tiempos una manera de  distinguir a las personas, tal es así, que en el Medievo, tenían mote la casi totalidad de los hombres de los pueblos y pequeñas ciudades y por él eran conocidos. Ha sido después cuando en algunas zonas rurales generalmente, el mote empezó a caer mal al que lo llevaba en contra de su voluntad; pero, sin entrar en detalles para no herir sensibilidades ni alargar la cosa, el mote siempre ha distinguido  o diferenciado a unas personas de otras en los lugares de no abundante población. Todavía hay gente a la que le sienta mal que lo citen por el mote, cuando debería ser una satisfacción, pues, no deja de ser una distinción que lo acredita como lo que es o como lo ven los demás. El mote es una realidad que no debemos eludir ni tiene que ser motivo de enfado ni rechazo, sino todo lo contrario. Mote han tenido grandes personajes a lo largo de la historia.  Ciudades, Países, etc., tienen sobrenombre, mote. La ciudad eterna, Roma; el país del sol naciente, Japón; la Roja, la selección nacional de fútbol; Los culés, los aficionados al Barcelona CF.; los leones de San Mamés, etc.
En la literatura bíblica, abundan los apodos: Abrahan, significa, padre de los creyentes; Moisés, salvador de las aguas; José, el que cree; Isaac, risa; Señor, Salvador, etc.
En la literatura grecolatina la mayoría de nombres son apodos o epítetos: Aristóteles, excelente; Demóstetes, significa, rigor, etc,. El cristianismo también, conserva algunos nombres de la antigüedad: Jerónimo, significa, nombre sagrado; Isidoro, don de igualdad; María, estrella de mar, etc.
El mote, generalmente surge de los defectos, virtudes, o de cualquier otra característica o circunstancia vivida por alguna persona a la que le cuelgan el sambenito que, no siempre le sienta bien si se lo endosan en contra de su voluntad.
En la más rabiosa actualidad, el mote es algo sin importancia, salvo en muy reducidos sectores de población, generalmente ubicada en pequeñas poblaciones rurales y con mentalidad anclada en el Medievo, que, consideran ofensivo que tengan que cargar con el citado sambenito sin haberlo decidido ellos; pero, afortunadamente, la inmensa mayoría lo consideran más bien una anécdota que una ofensa, afortunadamente.
Recuerdo que en una ocasión, me contó un amigo que a su pueblo zamorano, se fue a vivir un señor un tanto listillo, al que a su llegada le pregunto un vecino, qué mote tenía, respondiendo velozmente que ninguno, a lo que el del pueblo le respondió: aquí te pondremos uno. Tomaré mis precauciones, le contestó el recién llegado. Le pusieron “precauciones”.....; esto nos demuestra lo absurdo de oponerse al mote, pues es tan normal como beber agua cuando se tiene sed. Seamos realistas y aceptemos las cosas como son: al pan, pan, y al vino, vino. Dadas las circunstancias actuales; sentirse dolido por llevar un mote, que a veces viene de los antepasados, está fuera de lugar y no parece muy acorde con la sociedad que nos envuelve. Otra cosa es que, a alguien le coloquen un mote en plan guasón o con intención de burla, que, eso no tiene justificación alguna y es detestable.
Soy consciente de las reticencias a despojarse de este lastre por parte de alguna persona que siempre se ha sentido incómoda con su apodo, pero, con aguas pasadas no muele el molino.  La verdad es que, ahora ya no muele el molino tradicional del Medievo, la molienda tiene otras características bien distintas como la sociedad en la que vivimos y a la que debemos adaptarnos si no queremos ser unos auto-marginados incapaces de ponernos al día olvidándonos del refrán que dice: o reformar y cambiar, o morir. ¿Qué preferimos?
No parece acertado que oponerse al mote o alias, sea un motivo de ofensa para nadie, lo lleve o no en contra de su voluntad, pues las nuevas generaciones no lo entenderán con más que sobrada razón para no darle ni de lejos la importancia que le dan los reticentes al apodo, cuando están viendo y viviendo el apodo o alias en las personas más famosas  y populares conocidas por su actividad; es más, no entenderían que no lo tuvieran.
Una eficaz solución, es ponerte tu propio mote, si vives en una pequeña población, adicta a ponerle el clásico alias o apodo a todo el que se ponga por delante; así, siempre le caerá bien a todo el mundo el mote que lleva.
Luis