31 enero 2012

ELLA




Es flaca como una caña
en tierra estéril nacida
y enarbolando su guadaña,
va arrebatando la vida;

no tiene ni alma ni entraña
la llamada mal querida,
pero se da buena maña
en su faena preferida;

le da igual en la montaña
que a la entrada o la salida
y, no necesita campaña
para ganar su partida;

tiene una mirada extraña
aunque nunca está afligida,
trabaja igual en España
que en la moderna Florida;

sube o baja la cucaña
sin que nadie le persiga
llevándose a su cabaña
la gente más divertida;

nunca se muestra huraña
ni emprende sola la huída,
pero cual hábil alimaña
su zarpa, arrebata la vida.

Ella, que a nadie engaña,
porque da la cara enseguida,
no se esconde como la araña
en su tela mal tejida;

siempre recoge en su entraña
la semilla florecida,
pero con nadie se ensaña
ni se considera enemiga.

Y aunque parezca cosa extraña,
la dama de negro vestida,
al final nos acompaña
siendo la mejor amiga.



26 enero 2012

WEB ZARCEÑA








Se anima en la Zarza,
                                                             y en la Zarza se anima;
en Internet se dispara
y camina, camina.

Cada día a más lugares
lenta se aproxima,
y por gentes extrañas,
es más conocida.

Con Manolo, su Web,
se arrima y atina,
y, llevando el mensaje
a donde él lo destina,
retorna a su nido
cual feliz golondrina;

ya será doceañera
a la vuelta de la esquina;
¡aunque nos parezca que fue ayer
cuando la vimos chiquitina....!

y al crecer, se hizo grande
aquella pequeñina,
que, caminando, caminando,
ya está en la cima.

¡Qué bueno, qué bueno,
que ya esté aquí encima,
ese cumpleaños
que a todos anima...!

Habrá que celebrarlo
con Champan o Quina
que, para estos eventos
es buena vecina.

Y, formando una piña
desde esta cocina
en la que todo se aliña,
diremos en voz alta y fina:

Gracias Manolo,
por tu medicina.


20 enero 2012

HISTORIA ZARCEÑA



A los que escribís la historia de mi pueblo:

A todos los paisanos y colaboradores, que
a través de la Wed de La Zarza estáis haciendo y
escribiendo la historia  de la tierra que me vio nacer;
quisiera expresaros mi agradecimiento y
el más justo y merecido reconocimiento.
              __________

El mundo seguirá rodando,
dando vueltas seguirá la noria,
y mis paisanos escribiendo
desde mi pueblo, su historia.

El inolvidable Adolfo Carreto
con su pluma sin igual,
dejó más alto que el Aneto,
su buen hacer peculiar.

Ahí están ahora sus parientes
que parten del mismo ramal,
y son de sabiduría una fuente
como la de su primo carnal.

Qué decir de José Manuel,
que almacena en su memoria,
tal volumen de recuerdos
que, él sólo escribiría la historia.

No se le queda a la zaga,
Agustín desde la Zarza,
pues él, haga lo que haga,
lo suyo siempre estará en alza.

Isabel va aumentando
con sus relatos, la historia,
y escrito nos va dejando
los fracasos y la victoria.

Paquita, es algo aparte
con su volumen de datos;
pues, tiene un especial arte,
explicando sus relatos.

Salva con su experiencia
de experto correcaminos,
escribe, cual hombre de ciencia
lo que desconocemos los que no fuimos.

Marina y su catalán,
son para nuestra historia,
como decía el refrán:
una auténtica victoria.

Ahí están, Javi y sus rutas
dejándonos a buen recaudo,
lo que, pasándolo a veces canutas,
sendereando ha ido encontrado.

Anabel desde Argentina
nos aporta con su buen hacer,
esa historia peregrina
que es justo reconocer.

Y, aquí tenemos a Manolo
con su online y con su Wed,
que al comienzo empezó solo,
y ahora, todos estamos con él.

Así, así se escribe  la historia
de esta mi tierra querida,
que, aunque dé más vueltas que una noria
por todos será bendecida.

Se quedan algunos otros
sin ser por mí mencionados,
que también como vosotros
tienen temas publicados.

Todos estáis escribiendo
la historia que este zarceño,
poco a poco va aprendiendo
con paciencia y con empeño.

Desde este rincón bloguero,
os he de reconocer,
que la historia del Puente Robledo,
por fin la puedo aprender.

Y, le diría al amigo Félix:

Esta es la mejor historia
que hasta ahora se haya escrito,
y tu privilegiada memoria
tiene la culpa un poquito.

Historia, que es la historia
de este pueblo sin igual
que guardo en mi memoria
como algo colosal.

17 enero 2012

PASEO NOCTURNO

Era una  noche fresca, clara y la mar sosegada, salí a pasear, el cielo estaba estrellado, quería estar junto al mar y la curiosidad me acompañaba. Estaba en Sant Feliu de Guixols; había ido a visitar a mi hermana Mª Paz que vive allí junto al mar en ese pintoresco lugar de la Costa Brava, donde en invierno, todo es sosiego y tranquilidad. A mí, me atrae el mar como al hiero el imán, no puedo evitarlo. Fui caminando, caminando por un hermoso paseo que han hecho por el litoral bordeando la costa pasando por Ca la Conca  y, ya en Platja d`Aro, me detuve, me senté en una roca  atraído por el rugir del graznido de algunas inquietas gaviotas que no descansaban y revoloteaban arrítmicamente de forma desordenada con la más absoluta anarquía y observar sus bruscos e inesperados movimientos, acompañados casi siempre de un fuerte graznido, cuyo eco, con el silencio de la noche, se perdía en el éter a modo de invisible estela sonora.
El relajante y ondisonante romper de las pequeñas, suaves y esporádicas olas que se deshacían al acercarse a la arena formando una línea  en forma de fina y brillante cornisa que se desvanecía casi silenciosamente, me hacían sentirme feliz y la persona más importante del planeta. ¡Qué ilusión! Pensé: ¡Qué hermosa es la vida! ¿Por qué no sabremos vivirla mejor y disfrutar de cuanto nos rodea? Momentos tan maravillosos como éste, me dije, deberían ser constantes, sempiternos. ¡Ojalá...!
La noche callada, la  luz de luna llena con las olas del mar calmadas, fueron relajándome; el suave viento acariciaba mi cara cual bufanda de terciopelo en invierno; el silencio del entorno se palpaba cuando las gaviotas dejaban de graznar, mientras el brillante espejo en el que se había convertido el mar reflejando en él la luna llena, en esa noche tranquila y serena, sonriente como una enamorada quinceañera en la verbena, con su chico mirándola tiernamente y acariciándola con dulzura, me invitaron a sentarme. Me senté en una húmeda y fría roca contemplando la inmensidad sideral, intentando localizar una estrella fugaz, fue en vano, esa noche deberían estar todas de vacaciones, porque, no apareció ninguna, y haciendo volar mi pensamiento, imaginaba que, si como dicen los científicos, hay más de diez mil millones de galaxias, ¿cómo es que  sólo nuestro planeta está habitado por humanos? Y, quizás con infantil ingenuidad, se acercaron a mi mente algunas preguntas que me hicieron reflexionar profundamente, y a las que, mirando en lontananza y sin quitar ni un solo momento la vista del horizonte que forman el cielo y la línea del mar,   me gustaría poder contestar: ¿Qué somos y, qué estamos haciendo aquí los humanos? ¿A qué hemos venido, quién nos trajo y desde dónde? ¿Qué estarían haciendo en ese momento los pescadores del mar, esos sufridos hombres que luchan contra viento y marea para poder llevar a sus casas el sustento familiar. ¿Cómo lo estarían pasando mientras yo contemplaba plácidamente ese, su mar, en el que batallan con tanta dureza la casi totalidad de los días del año? ¿Cómo le afectarían las grandes olas a sus redes? ¿Cómo estarían sus familias en el hogar?  ¿Qué pensarían sus madres, esposas, novias, sus hijos...? ¿Cómo estarían de tranquilos los demás? Aquellos que nos comemos el pescado cada día sin saber lo que sufren ellos para poderlo pescar en la mar, sobre todo, cuando se embravece? ¿Qué recompensa tiene esa, que a mi se me antoja  ingrata labor? Qué reconocimiento reciben de la sociedad esos abnegados pescadores?
¿Quién se acuerda de ellos cuando salen a pescar en las frías noches de invierno mientras los demás estamos cómodamente y calentitos en nuestro hogar? ¡Qué duro e ingrato es algunas veces el mar!  ¡Qué tranquilos y felices estamos en casa los que no sabemos lo que es ir de noche a pescar! ¡Qué ingrato es el trabajo de pescador nocturno en el mar....!
Pensaba para mi: ¡Pobres hombres...! ¿Cuánto sufrirán?
¿Cuánto tendrán que bregar para poder llenar las redes antes de regresar? ¿Merecería la pena tanto sacrificio? ¿Seremos justos cuando al comprar el pescado, pensamos que nos parece caro? ¿Preferirían hacer otra labor más grata para ellos?
Seguía cavilando, dándole vueltas a la cabeza sin saber el porqué, ni por qué había ido yo a parar a aquella piedra que me estaba dejando el trasero de frío y de plano como un mármol. ¿Estarán satisfechos con su trabajo? No encontraba respuesta a ninguna de las preguntas que me había planteado. Pero hete aquí, que, a modo de visión o iluminación cósmica, me di cuenta de que me estaba equivocando; sí, me estaba equivocando y no lo había sabido ver, me equivocaba de plano; erré en la apreciación. ¿Por qué? Porque los pescadores del mar son las personas más campechanas; las más  agradecidas y desinteresadas del planeta. Son felices con su trabajo ¡que, ya nos gustaría a los demás...! y, para aumentar su alegría y buen humor, alguna vez, de cuando en cuando, le acompaña la botella de ron que les acaricia con ternura y comprensión. ¿y qué...,? ¿qué pasa por eso? cada uno bebe lo que le parece; pues, como dice el refrán: unos beben vino, otros aguardiente, y los más borrachos agua de la fuente...., y como  los pescadores del mar, no son ninguna de las dos cosas: ¿podrán beber lo que les de la relísima, o qué...? además, en alta mar ya no hay fuentes de agua fresca como antes, por eso beben el agua embotellada con sabor a ron.
Seguía la noche tranquila, seguía la mar en calma, y seguía la luz de la luna iluminando mi cara. El cielo seguía estrellado, me parecía que cada vez las estrellas brillaban más animadas; la Estrella Polar, se me antojaba más cercana, casi, casi al alcance de la mano. De cuando en cuando, surcaba el cielo la luz blanca acompañada del parpadeo de las luces de posición de un avión, camino que, no se a dónde, su destino lo llevaba y distraía mi atención que allá, en alta mar la tenía concentrada, mientras, seguían pescando las gentes que mi pensamiento ocupaban. Me estaba quedando frío, la ropa ya humedecida al cuerpo se me pegaba; notaba el salitre del mar cosquilleando mi cara acariciándome suavemente esa brisa salada, que tanto yodo aquella noche a mi cuerpo le aportara.
Noté las piernas adormecidas cada vez que las estiraba, pero seguía contemplando el mar mientras a los pescadores recordaba.
Al incorporarme, después de haber estado un buen rato cómodamente apoltronado encima de la roca que a modo de cadira, me había servido de asiento, noté una especie de escalofrío por todo el cuerpo que me hizo estremecer, al mismo tiempo que una cierta alegría en el alma, al ver aparecer en la lejanía la luz de un pesquero que se acercaba; posiblemente volvería a su puerto y los pescadores a sus casas; a su hogar con los suyos. ¡Qué alegría!
Me bajé de la roca, me acerqué al camino y empecé a andar lentamente hasta que las piernas volvieran a la normalidad. Seguí caminando cabizbajo y meditabundo hacia la casa de mi hermana, ya necesitaba  dormir un rato (soy madrugador) y ya se estaba insinuando el Alba. Me acompañaban los recuerdos dejados atrás un momento antes; también, el recuerdo de aquel rudo hombre del mar que en otro tiempo y en otro mar, pescaba en otra noche tranquila de luna llena y plateada, con una mar no tan calmada, ni siempre convertida en un espejo luminoso en el que la luna se miraba mientras se acicalaba con esmero como una enamorada vigilando a su marinero que pescaba cada noche hasta entrar la madrugada allá en la mar adentro, (mientras el mundo entero descansaba) en aquel mar Cantábrico, que yo tanto recordaba esa noche tranquila, en la que todo se iluminaba cubierto por el manto de la blanca luna plateada que me transportó a mi juventud vivida en mi Donostia añorada.....
Llegué a casa y me acosté, intuía que enseguida me quedaría dormido como un tronco; antes de dormirme, ya casi con los párpados casi pegados, no sé si por el sueño o el peso, me dije a  mi mismo: buenas noches, hasta mañana.
La anestesia del cansancio de la larga jornada, hizo lo demás.
Luis

15 enero 2012

A PATROCINIO (La Patro)

                    Agradecimiento a mi primera maestra:
                    la de párvulos.
        
                    Ya no repican las campanas,
                    doblan..., están llorando...,
                    ¿ qué ha ocurrido en esta aldea
                    que le ha entristecido tanto?

                    ¿ Por qué el pueblo está apenado
                    y sus gentes van rezando.?
                    ¿ Qué ha pasado en esta tierra
                    de hombres rudos y sanos;
                    de humildes gentes labriegas,
                    de tierras secas y campos,
                    que no producen apenas
                    por no tener con que regarlos .?
                   
                    Es una aldea tranquila
                    de gentes que van al campo
                    y trabajan los barbechos
                    con sus vetustos arados,
                    que empuñando la mancera,
                    sudan, y van rezando
                    y bendiciendo al Señor,
                    fustigan a su ganado.

                    Pero..., ¿por qué lloran....,?
                    y, si rezan...: ¿qué ha pasado...?

                    Es que murió " Patrocinio "
                    la maestra de los párvulos...

                    Hoy, no repican las campanas,
                    doblan, están llorando,
                    porque se ha marchado al Cielo
                    la tan conocida " PATRO "

                    Van a la iglesia a rezar
                    las ancianas de la aldea,
                    y los hombres del lugar
                    abandonan la tarea.

                    Ya se quedó en el aprisco
                    aquél rebaño de ovejas
                    y, a la sombra de una encina,
                    no se mueven, están quietas;
                    y los niños, todos tristes
                    hoy no acuden a la escuela,
                    porque irán junto a sus padres
                    al entierro de la vieja,
                    que fue maestra de todos
                    sin ser maestra de escuela.