10 abril 2014

¿INCÓGNITA O REALIDAD?



¿QUO VADIS, ESPAÑA…?  (Adónde vas, España)
Ante un acontecimiento de tal magnitud como el ocurrido el martes de esta semana   en el Congreso, y las consecuencias que del mismo se derivarán a corto plazo en uno u otro sentido; los unos defendiendo sus posiciones y los otros rechazándolas para demostrar que su línea de pensamiento es la más ecuánime y, teniendo en cuenta que es un tema el de la independencia de Cataluña que afecta directamente a todos los españoles (a unos más que a otros, por supuesto) de cualquier parte de la piel de toro; sería aconsejable reflexionar concienzudamente los motivos que han dado origen a este evento; si bien, no seré yo en este momento quien lo intente.
No es mi intención entrar en disquisiciones porque no ha lugar a ello, y sería tedioso analizar una a una las distintas discordancias por ambas partes; pero lo que sí es cierto, es que no se han hecho las cosas bien ni por parte del Gobierno de la nación, ni por la parte del Gobierno catalán que, dicho sea de paso, se ha pasado en algunas cosas y en otras se ha quedado más bien corto; pero, a ambas partes les ha faltado diálogo; diálogo sin el cual es materialmente imposible llegar a ningún acuerdo y, en el caso que nos ocupa, es imprescindible un acuerdo dialogado, porque, lo que no se consiga con la palabra, no se conseguirá “jamás” con ningún otro método, incluidas las armas. Se le podrá interrumpir con carácter temporal la Autonomía a Cataluña sembrando la discordia a diestro y siniestro sin lograr apaciguar los ánimos independentistas que se respiran en estos lares, pero si no se dialoga y negocia un acuerdo que, como en los pactos de La Moncloa se llevaron a término para lograr la democracia que ahora tenemos, aunque no sea perfecta y necesite arreglos, no lograremos el entendimiento que la situación requiere con carácter de urgencia.
El martes, asistimos al acto que tuvo lugar en las Cortes para responder a la petición de la Generalitat de Cataluña que demandaba del Parlamento español autorización para poder llevar a término legalmente en la comunidad catalana, un referéndum que, dependiendo del resultado de la consulta,  podría dar pie a la independencia de esa autonomía del resto de España, constituyéndose en un futuro no lejano en la República Catalana que parece ser que ansía la mayoría de catalanes, a juzgar por las muestras que últimamente se están dando en ese sentido entre el pueblo catalán.
No se le concedió la autorización a Cataluña como estaba previsto y, políticamente hablando, quedó meridianamente claro las posturas de cada cual al respecto; ahora, veremos las consecuencias que se derivan de este acto y hasta qué punto benefician o perjudican a unos y a otros; eso está por ver. El tiempo nos lo dirá, pero, más de un problema sí acarreará, aunque esto sea un tema aparte que a todos nos afecta.
Personalmente no creo en los Reinos de Taifas porque fueron un autentico desastre que, desde mi punto de vista está fuera de lugar; pues, cuanto más grande es un país, más y mayores posibilidades tiene de salir airoso adelante de cara a un futuro inmerso en la globalización irreversible que hoy por hoy nos afecta a todos los humanos que ocupamos el planeta tierra.
 Los estados pequeños (excepto Suiza, en la que se dieron unas circunstancias irrepetibles) no pasarán de la mediocridad futura, a pesar de que algunos de ellos, gracias a haberse convertido en paraísos fiscales no les va nada mal de momento, pero que, de cara al futuro y a largo plazo, eso no pasa de ser pan para hoy y hambre para mañana, aunque ahora no lo parezca. Los estados pequeños, como las vacas flacas, antes o después, serán comidos por los grandes (por las vacas gordas) y, no pasarán de ser unas marionetas que, cuando no son manejadas  por los unos, lo son por los  otros, a pesar de que a nadie le guste esa situación. Los mini-estados, por muy buena voluntad que tengan sus dirigente y gobernantes y mejor intención todos sus ciudadanos, les pasará lo mismo que al gallo enano, que, en querer y no alcanzar se le pasa todo el año.
Los partidos que en nuestro país alternan la gobernabilidad del Estado, cuando están en la oposición prometen y prometen sin descanso lo que luego no cumplen cuando gobiernan.
Ahora que le toca al PESOE ocupar el banquillo, y, a la vista de algunas de las muchas irregularidades de la Iglesia Católica Apostólica Romana, preeminente en nuestro país, aunque algunos sectores lo nieguen, prometen si ganan las próximas elecciones y gobiernan, anular el Concordato de 1.979 que, el Estado tiene con la Santa Sede. ¿Por qué no lo hicieron cuando gobernaron durante tantos años: por miedo o por cobardía?
El acuerdo Iglesia-Estado español es una sangría para el pueblo llano aunque esto no se diga. El contribuyente tiene que pagar con sus impuestos el mantenimiento de una religión aunque no sea la suya, que despilfarra grandes cantidades del dinero recibido y que acumula una fortuna como ninguna otra y posee el mayor patrimonio del país (esto, requeriría un libro de más de 5.000 páginas para ponerlo en claro y, no es el caso); amén de una serie de privilegios que el Estado le ha concedido. ¿Por qué a ésta iglesia sí y a las demás no? ¿Dónde está la igualdad?
La situación actual de la economía de nuestro país, requiere de un acuerdo urgente con la Iglesia que ponga cada cosa en su lugar, aclarando uno a uno, todos y cada uno de los puntos reflejados en los actuales acuerdos que tanto perjudican a los ciudadanos españoles que sufren sus consecuencias, y eso, sólo se soluciona dialogando. Negociando un nuevo acuerdo ecuánime. Sólo con ecuanimidad se dará satisfacción a un acuerdo equitativo, si queremos que en este aspecto, España esté en el lugar que le corresponde.
En el PESOE, desde que fueron humillados en las urnas en las últimas legislativas y está en tanganillas el partido, se están dando cuenta de las anomalías que han supuesto sus errores políticos del pasado en relación con Cataluña, cuando ya casi es tarde para enmendarlos. Es cierto que otros partidos también han cometido mayores errores en ese sentido, también por falta de diálogo y acuerdos entre ellos que les permita hacer una política a nivel nacional que beneficie a los ciudadanos que les pagan sus condescendientes sueldos.
La pasividad y apoyo a las tropelías de los bancos, (todos los partidos sin excepción) algunos de ellos que sin ningún escrúpulo han desplumado a los ingenuos ciudadanos que confiaban en su gestión (ejemplo las preferentes) que, cuando han tenido necesidad los han rescatado para que luego esos mismos bancos los puedan deshauciar sin ninguna consideración ni respeto, cuando no puedan pagar la hipoteca porque las circunstancias se lo impiden, mientras los políticos miran al otro lado; hasta que las plataformas se han echado a la calle y han dicho Basta, logrando los primeros éxitos que como los brotes verdes, anuncian la primavera.
¿Por qué los políticos no lo solucionan como es su obligación? Quizás sea porque son unos ineptos, o porque algunos son más falsos que una moneda de escayola e incapaces de negociar entre ellos acuerdos para confeccionar unas leyes que le pongan remedio, no ahora, que ya es tarde, sino muchos años antes de que esto ocurriera. ¿O, es ven menos que un topo?
No sólo en el PESOE, no supieron, no quisieron o no se atrevieron a explicarle al pueblo llano lo que se nos avecinaba con la crisis que ya se nos echaba encima y lo sabían todos los partidos, todos, y todos, no solo nos ocultaron la verdad: nos mintieron, por mucho que algunos ahora se rasguen las vestiduras diciendo que ellos ya avisaron; avisaron de lo que les convenía cuando les convenía a sus interese; ¿qué interese?
Cuando gobernaban, todos en el PESOE (y en el resto de los partidos también) sabían y saben que los funerales de estado oficiados por la autoridad eclesiástica no son constitucionales, pero, ninguno ha dicho nada a pesar de las anomalías que se han producido a lo largo de nuestra democracia, hasta ahora, que la cosa al PESOE se le pone un poco oscura y trata de alumbrase hasta con los cirios de la catedral o con las arbitrariedades cometidas por algún clérigo en el funeral de Estado del ejemplar expresidente, Adolfo Suárez González, que colmaron el colmo de la paciencia de todo demócrata que se precie, con la interpretación tan sui géneris que el mismo tiene de nuestro país y del desenvolvimiento de la actividad democrática que regula el quehacer de los españoles, que ya somos lo suficiente maduros como para que ningún prelado nos diga como debemos gobernarnos.
En ese funeral presidido por el Cardenal Rouco Varela, que, con su clásica verborrea generó la indignación de los unos y los otros sin que nadie le diga nada por su ¿“indiscreción…”?, su discordia e inoportunidad, u oportunidad torticera.
Sin lugar a dudas, este señor no debería haber intervenido en el evento, cuando, hasta el mismo Pontífice de Roma, el Papa Francisco, ya no tiene depositada su confianza en dicho Prelado; y nos hubiésemos evitado la polémica generada por tamaña indiscreción; pues, si ya se sabía de antemano que el Cardenal Rouco es proclive a estos comportamientos: ¿por qué el Gobierno o la autoridad eclesiástica correspondiente permitió su protagonismo en un acto tan significativo, si, era lógica su salida de tono como ya es tradición en ese jerarca del Medievo? ¿Por qué aquí también faltó dialogo al respecto entre los responsables?
Sería interminable la lista de anormalidades por parte de nuestras autoridades gobernantes cuya actitud política no es nada ejemplar que digamos ni parece abocar en una actitud halagüeña que nos permita confiar en el futuro en su comportamiento; más bien parece encarrilarse a alejarse de la credibilidad del pueblo hacia las mismas dado la cultura de la mentira y el engaño que últimamente nos están demostrando con su torticero mal hacer. Jamás en la historia de la democracia, de ninguna democracia, sus máximos representantes han tenido una calificación tan baja de su comportamiento, ni tan poca credibilidad y respeto por parte de los ciudadanos como ocurre en la actualidad con nuestros políticos. No solo con los que nos gobiernan: Con todos… ¿Por qué será?
No quiero entrar en la corrupción, que debería ser el motivo principal que todo político de bien tendría que esforzarse por atajarla de raíz caiga quien caiga, pero que, sin embargo, la están encubriendo y edulcorando como si a los corruptos afines al partido de cada cual hubiese que protegerlos del enemigo; ¿de qué enemigo? El enemigo del pueblo son ellos con su comportamiento, además de los que los amparan, le dan cobertura y no denuncian ante la Justicia a la que le ponen toda clase de trabas para que no los castigue. Pero: ¿Qué país es el nuestro? ¿Es España? ¿De qué España estamos hablando? ¿Alguien me lo puede explicar?
Si la España que nos espera, es la que parece vislumbrarse con la actuación rampante de los que nos gobiernan; la preocupación por el comportamiento de la clase política española sólo me conduce a la siguiente pregunta:
¿QUO VADIS, MI ESPAÑA…?

07 abril 2014

CONTAMINACIÓN Y RUINA

CONTAMINACIÓN Y RUINA
El apego al dinero fácil y sin miramientos para conseguirlo, la pérdida de principios, la falta de escrúpulos por parte del mercado agresivo y el capitalismo salvaje y deshumanizado, junto a la escasez de respeto hacia el desfavorecido por el dios dinero y la ilimitada ambición del poderoso, nos está llevando a un punto de no retorno en el que el planeta que nos cobija se está degenerando con carácter irreversible, por la desmedida ambición de unos avaros que son incapaces de frenar esa arrolladora fuerza destructiva del mal que les genera ceguera al raciocinio y les aumenta progresivamente la insensibilidad.
A esto nos lleva la avaricia desmedida en la que vivimos inmersos y la insaciable codicia que nos invade por el sólo afán de ir acumulando más y más bienes materiales que sólo nos conducen al distanciamiento y la discordia entre los humanos.
¿Llegará el momento en el que, todos seamos cómplices del planeta que habitamos y nos identifiquemos con él y lo respetemos, ya que es nuestro cobijo y protección?
La ceguera y ambición por el dinero es cada día más abismal entre los poderosos a los que nada les importa el daño que puedan causar con su actitud al medio ambiente ni al degradar el planeta o esquilmarlo con tal de saciar su sed de poder y de añadir más ceros a su número de cuenta bancaria, sin tener en consideración el futuro de las próximas generaciones que se van a encontrar con deudas y miseria por todas partes causadas por nuestra ceguera e ineptitud; ni que el resto de los humanos que habitamos el planeta azul suframos las consecuencias derivadas de los daños que les causan estas deplorables actitudes sin escrúpulos.
La pasividad con la que estamos tomando la mayoría de ciudadanos el comportamiento de estos avaros con una ambición sin límites, sin hacer apenas nada al respecto, no dice nada a favor de nuestra sensibilidad como personas que se precien; las cosas ni se arreglan ni se cambian solas, necesitan empuje, dinamismo, acción, y, no parce que la línea a seguir sea la acertada con nuestra actitud flemática e inactiva.
 Es bien  conocido por todos, que las organizaciones ecologistas (y no pocos ciudadanos librepensadores) están haciendo un gran esfuerzo en todos los sentidos para concienciarnos de los problemas que se nos avecinan si seguimos permitiendo que las grandes multinacionales continúen esquilmando los mares, las minas, los pozos petrolíferos, etc., no importa que sea en el Ártico o el Antártico o incluso en la misma Atlántida, por citar unos ejemplos.; sin contar la innombrable explotación infantil que clama al cielo.
¿Qué pasará cuando se agote el petróleo, el gas, el carbón, las minas de oro, etc.; echaremos mano de las energías alternativas de las que ya disponemos pero no se utilizan por culpa de los grandes intereses creados al respecto?  ¿Por qué no las utilizamos ahora y evitamos la innecesaria contaminación que estamos generando? La respuesta es bien sencilla. Como a los explotadores no les importamos nada nadie, pues, pasará lo de siempre: que, pagaremos las consecuencias los de siempre, y se llevarán los beneficios también los de siempre. Así de fácil.
A los explotadores de recursos naturales, nunca les ha importado contaminar el ambiente o dañarla salud de los habitantes del entorno en el que ejercen su actividad, o sea, su expolio; eso no significa nada para ellos; lo que les importa es el dinero que genera su actividad; pero, si se me permite, tampoco para los responsables políticos que la autorizan y facultan tamaño desaguisado que, desde mi corto entender, no llego a comprender bien qué beneficio obtienen con ello esos, “llamados políticos”. O, sí lo entiendo, pero, también me lo callo siguiendo sumiso la corriente del resto de la gente. ¿Será eso…?

12 febrero 2014

CAMBIOS DE GOBIERNO



¿Es cara la Administración del Estado?
¿Por qué nos cuesta tanto dinero a los españoles nuestra Administración?
Desde que se implantó en nuestro país la democracia a la muerte del dictador, cada vez que se ha cambiado de gobierno he sentido la misma sensación de indignación al comprobar que, todos los gobiernos entrantes (independientemente del signo que sean), cuando se asientan en la poltrona, lo primero que hacen no es preocuparse de los problemas más acuciantes que le afectan al país, no, lo primordial para ellos es mover de la silla a los funcionarios que no son afines a su partido e ideología.
Yo estaba convencido de que un funcionario de la Administración Pública que había conseguido la plaza tras pasar una más que peliaguda oposición a base de clavar los codos, muchas, muchísimas horas, era un trabajador público al que el Estado le  encomendaba una labor en un determinado puesto para el que estaba cualificado   y capacitado para desarrollarla; pero, ¡hete aquí! que la realidad me demuestra lo contrario y me deja sorprendido al comprobarlo.
Mi ingenuidad como ciudadano normal que recibe sólo la información que ofrecen los distintos medios de comunicación, me había llevado a creer en una Administración formada exclusivamente por funcionarios de carrera que hayan obtenido su puesto por oposición al cargo al que aspiraban, y no una Administración que, cada vez que se cambia de Presidente de Gobierno y de ministros, éstos, cambien a su libre albedrío los funcionarios que ocupan los puestos normales y de responsabilidad sólo porque no sean afines a su partido e ideología, lo cual, me parece un desatino y una inmoralidad sin límites, además de una falta de ética y responsabilidad que conduce a un despilfarro dañino económicamente para un país que le aboca a la perversidad y la indecencia, al gestionar sin rigor el dinero que en sus manos confiaron los sufridos contribuyentes.
Cada vez que en nuestro país se celebran unas elecciones (de cualquier ámbito), se producen una serie de cambios, algunos muy drásticos y de considerable importancia para el buen funcionamiento del país, que conlleva el desplazamiento obligado de parte del personal que servía con equidad y honradez a la Administración que había sido asignado y que, al llegar los nuevos “mandamases” los envían a otros destinos, cuando no relegados a cero esperando y confiando el milagro de ser rescatados por la razón y la justicia, y en abundantes ocasiones, abochornados y humillados por la actitud tomada contra ellos y viendo con estupor con qué desfachatez los nuevos gerifaltes proceden, delante de sus narices al nombramiento a dedo de los cargos de confianza para ocupar por el patentado sistema del amiguismo, los puestos que consideran clave para la seguridad de su partido, sin importarle nada más.
El resultado de éste desaguisado es negativo para el ciudadano de a pie que no entiende el porqué esos funcionarios profesionales con alta formación pasan sin ton ni son a un destino incierto, sólo porque, gracias a la agudeza e inteligencia de los nuevos gobernantes, ya no son útiles para el país al que han servido con dignidad por el hecho de no ser bien vistos por los nuevos dirigentes.
Mi ingenua pregunta es: ¿Por el bien del país se deben hacer esos cambios a los funcionarios profesionales que son los que verdaderamente saben de los entresijos y conocen el funcionamiento de la administración a la que sirven?
No sé con certeza si es justo (aunque sea legítimo) que, cada vez que se cambie el Gobierno, se tenga que mover de su puesto a determinados funcionarios y enviarlos al ostracismo o a un despacho solitario con  una mesa vacía y un periódico del día afín  al partido gobernante, para que, terminada su lectura, el resto del día tener que estar mano sobre mano contemplando el panorama y, en algunos casos sometidos a un acoso (moobbing) poco disimulado pasando allí meses o años sin que se le encomiende ningún asunto relacionado con su función y cobrando el sueldo con normalidad, pagado por el contribuyente, casi siempre ajeno a esa situación anómala y, produciéndole al afectado una honda herida en su moral, dejándole por los suelos su estima que se ve humillada sin ningún fundamento que lo justifique. No lo sé; pero, desde mi punto de vista, moralmente es inaceptable.
Esto, además de humillante y vergonzoso para quien lo sufre, es una tolerada injusticia a un indefenso trabajador que siembra la impotencia entre otros colegas que se ven abocados al silencio por temor a ser represaliados si reclaman sus derechos. ¿No es esto, una esclavitud encubierta? Quizá, no como la sufrida por Kunta Kinte en su época, pero sí una esclavitud selectiva, moderna y más tiránica, dadas las circunstancias.
Los funcionarios obligados a cambiar de puesto por imposición política y forzados a realizar faenas que no habían hecho nunca, u obligados a cobrar su sueldo y no trabajar, a terminar de hundirle la poca moral que les quedaba: ¿qué posición tienen que adoptar ante la actitud del máximo gobernante de turno entrante, si, con esa impronta autoritaria, su obtusa personalidad y sus actitudes intransigentes, está generando un considerable despilfarro al Erario público.
¿Qué se puede esperar de un Gobierno así, que a su paso va dejando un hediento olor a podredumbre, sembrando desconfianza e indignación por doquier con la herrumbre de su ideología cuasi medieval y desilusionando con su actitud al ciudadano normal?
¿Qué tienen que hacer los funcionarios afectados: callar y aguantar, reclamar con dignidad lo que le corresponde, ser sumiso ante el poderoso o agachar la cabeza...?
¿Quién me da la respuesta? ¿Qué significado tiene semejante despilfarro en un país como el nuestro que, además de la crisis que nos afecta, no esta para dispendios?

Una buena y reciente muestra la tenemos en Hacienda con la movida habida como consecuencia de la tramitación de un expediente sancionador a una empresa cementera, incoado por una  funcionaria (no citaré nombres) que, en el desarrollo de sus funciones y en aplicación justa de la ley que regula esos comportamientos, debía darle el curso procedente por la vía normal, imponiéndole la cuantiosa sanción que correspondía al delito cometido; y que, en cumplimiento de su deber estaba obligada a ello, se vio en la triste y humillante situación de tener que dejar el caso para no prevaricar provocando el seguimiento de otros compañeros que siguieron su misma línea, demostrando que sí eran competentes, pero no eran peleles manejados por unos irresponsables dirigentes políticos (perdón por lo de políticos) que al llegar a la Administración  entran como un elefante en una cacharrería, ni tampoco unos perros falderos que se van con el rabo entre las piernas diciendo sí mi amo, sino, unos profesionales como la copa de un pino que solamente pretenden cumplir con la función encomendada, incluso cuando les retiran por la fuerza de la sinrazón del caso que gestionaban. ¡Así va el país!
¿Qué calificativo merece este sórdido comportamiento de “todos” los partidos españoles que hasta ahora han gobernado y han hecho lo mismo: abusar?
¿Es que las personas que sustituyen a los anteriores están más capacitadas, son mejores y más rentables para el país, es que impera el amiguismo y el favor por favor o, es solamente pura y dura mafia?, y, ya sabemos lo que hacen todas las mafias en cualquier parte del planeta…

El despilfarro y la sangría económica que supone para el país este solapo de funcionarios junto a los miles de coches oficiales innecesarios (por poner un par de ejemplos), es una desvergüenza y merece el reproche del pueblo llano que tantos padecimientos está pasando para poder mal vivir o sobrevivir por culpa de la crisis y la mala gestión en la administración de la casi totalidad de sus responsables dirigentes habidos hasta el día de hoy; porque, aquellos que  no siendo corruptos callan y otorgan sabiendo el daño que ello genera, flaco favor le hacen el pueblo y, no sé cuál es peor de los dos comportamientos.

Esa desvergüenza de los responsables cuya osadía sobrepasa toda dimensión moderada, encarrilándose hacia la vertiente más indigna que orada la dignidad y envilece a quien la ejerce, va dejando a su paso un panorama de ruinas y sectarismo político que, poco o nada dice a favor de la labor que el pueblo tiene encomendada a sus repúblicos (personas versadas en la dirección de los Estados y/o en los oficios públicos y dirección en materia política), que pasan a convertirse en simples marionetas manejadas por los hilos del partido gobernante sin importarle las negativas consecuencias que repercuten en los ciudadanos, por culpa de unos dirigentes políticos para los que solamente cuenta su ego personal y los intereses de su partido, y no el bien del pueblo llano al que pertenecen y se supone que sirven -o deberían servir con honradez de miras-, que los eligió precisamente para cumplir ese cometido. ¡Qué triste ...!

Si, con esa actitud, el despilfarro económico es dañino para el ciudadano, no lo es menos el sectarismo político impuesto y la intolerancia con la oposición (que luego hará lo mismo cuando gobierne), que nos retrotrae al maldito cainismo de los españoles de antaño, al tú más, al enemigo, ni agua, viejo caciquismo del aldeano clasicismo hispano que parece resurgir como el ave fénix y reaparecer en el comportamiento de algunos de nuestros políticos  y dirigentes más destacados que dan muestras de querer recuperarlo para nuestra sociedad contemporánea, alejada ya del ocultismo y el aldeanismo caciquil pero que su silencio e inacción colectiva, les otorga   a esos desconsiderados a que campen a sus anchas y se vayan de rositas como siempre y sin rendir cuentas, mientras el pueblo paga las consecuencias de su mala gestión; sin embargo, ese viciado silencio que a lo largo de nuestra democracia ha venido siendo cómplice al no manifestar los afectados en público su descontento e indignación por temor a las represalias y a los porrazos de la policía antidisturbios que, tan cariñosa se muestra ante estas situaciones molestas para sus superiores; si bien, últimamente parece empezar a resquebrajarse y el ciudadano de a pie se empieza a lanzar a la calle reivindicando y, en algunos casos consiguiendo aquellos derechos que considera que le corresponden, al tiempo que  le están apareciendo unas profundas grietas de no fácil solución mediante métodos impositivos, para seguir minando la moral de la sociedad a la que pertenecen y a sembrar de dudas la credibilidad depositada en los elegidos; a romper algunos de los hilos de la cooperación colectiva en temas de tanta importancia como es la Justicia (por citar un ejemplo), a la que los ciudadanos empiezan a verla politizada, con el daño que esto genera, por (entre otras muchas cosas) no poder entender que cuando un juez pretende juzgar ciertos presuntos delitos, que hieren la sensibilidad del ciudadano corriente y moliente, se le pongan toda clase de trabas, se le retire del caso, cambie de juez, o se le acuse de todo menos de ser justo par seguir instruyendo el sumario, porque su investigación no favorece los interese de los favorecidos por el dios del dinero y el poder, en el que se escudan para sus fechorías. Todo, porque si sigue tirando de la manta e investigando en la línea inicial, podría dejar en pañales a algunos intocables y quedar al descubierto todas sus mierdas (por ser condescendiente en la expresión) habidas y por haber y eso sería demasiado; por consiguiente: o, por las buenas entra en vereda el juez incómodo, o se le buscan toda clase de triquiñuelas para dejarlo KO si la cosa se pone fea.
Así se gana el respeto de los ciudadanos honrados y la confianza de todo un pueblo en la Justicia. ¡Sí señor...!

¿Qué intentan con esta actitud que adoptan todos los partidos cuando empiezan a gobernar y no tienen ni idea de lo que van a hacer? Apoltronarse y perpetuarse para ganar fuerza y más y más poder para ser más fuertes; no les importa mucho el bien común al que están obligados a proteger y defender. Así de claro.

Si lo que se pretende con ello es retroceder a siglos pasados en los que, cada vez que entraba un gobierno nuevo se traía a todos los funcionarios, y los habidos con anterioridad se iban a la puñetera calle (por no decir otra cosa), paralizando el normal funcionamiento de la Administración, malamente vamos; eso demuestra palpablemente que no hemos sabido entender bien lo que significa la democracia ni qué es un buen y responsable repúblico para el buen funcionamiento de la Administración del Estado.

¿Es posible que no hayamos aprendido la lección y continuemos sin establecer unos límites a la arbitrariedad sectaria de aquella aciaga época, cegados por el ego y el fanatismo, cuando no por el intransigente y peligroso fundamentalismo partidista?
¿De qué están hechas nuestras neuronas? ¿De mantequilla...?

Posiblemente, esto, dicho así de claro, escueza en algún sector de nuestra sociedad o tachen de tarado mental a su autor; pero las verdades hay que decirla claras y a la cara sin tapujos, a pesar de lo que dice el refrán de que, el que dice las verdades pierde las amistades. Eso quizá sea bueno  para quien piense así. Personalmente  creo que es mejor estar sólo que mal acompañado. Es cuestión de conceptos.
           

19 enero 2014

¿CUÁL ES EL MOTIVO?


¿Por qué se está devaluando la palabra “política” y la política en nuestro país, a un nivel tan bajo que, “casi todos los políticos de casi todos los partidos políticos” en cada nueva encuesta baja su puntuación, a tal nivel que ningún ministro consigue el aprobado de la ciudadanía? ¿Cuándo ha habido tanto descrédito en la política como ahora? ¿Qué está pasando con nuestros representantes? ¿En qué se están convirtiendo?
¿Cómo es posible que el partido principal de la oposición, cada vez baje más su credibilidad entre los ciudadanos haciendo la política que está haciendo el Gobierno?

La palabra “política” se deprecia más y más cada día en España. Nuestros representantes políticos con su deleznable actitud están haciéndole perder el crédito ante los ciudadanos a los que se supone que sirven (¿o, de los que se sirven?); empezando por el Presidente del Gobierno que solo se preocupa de su imagen y la de su partido, sin importarle en absoluto de romper sus abundantes promesas -escritas en el aire- y desmentir la realidad. ¡Qué triste...! ¿Esa es la credibilidad política que se supone en el máximo representante del Gobierno de todos los españoles? En el futuro, ¿quién creerá en sus explicaciones o en su desacreditada palabra cuando ambas sean ciertas, si es que alguna vez lo llegan a ser? La palabra del máximo responsable del Gobierno, se supone que es respeto; respeto y la consideración que merecen todos  los ciudadanos que depositaron en él su confianza y los que no se la concedieron; pero, es el representante de todos, de todos sin excepción; guste o no guste a los detractores de su línea de pensamiento.

¿Quién podrá tener fe en el Presidente cuando, en la pantalla de la televisión a la que nos tiene tan acostumbrados, aparezca derrochando su abundante simpatía, anunciando, prometiendo, explicando (por poner un ejemplo), que las pensiones son sagradas, que no las tocará, cuando es notorio el revuelo que se ha armado con el anuncio o insinuación de lo contrario; o, cuando prometa algo que sea de verdadero interés para el común de los ciudadanos, si es bien sabido que, generalmente, siempre  hace lo contrario de lo que dice o promete? ¿Cómo se come esto? ¿Cuántas veces ha incurrido en una flagrante desconsideración hacia el pueblo llano con su mentira o (en algunos casos) ausencia de la verdad ante una situación clave para la economía del país con la más absoluta indiferencia hacia el pueblo que representa y, en teoría debería servir con equidad, cuyos ciudadanos se van a quedar sin ojales en el cinturón para poder apretarlo tanto como se le exige a cambio de una más que absoluta inutilidad de una buena parte de su gabinete y de los responsables políticos de su partido; de todos, y de todos los partidos (no solo del Presidente), que tanto y tanto prometen para seguir apoltronados como siempre, ofreciendo más de lo mismo pero de peor calidad?

Quizá alguien se pregunte: ¿Cómo saldremos de la crisis que nos atenaza con esa crisis de credibilidad en la mayoría de nuestros representantes políticos?
La verdad es que no todos son unos embusteros, pero si una parte muy importante de la plantilla que está cobrando unos sueldazos muy abultados y rindiendo mucho menos de lo que tendría que rendir. ¿Es cierto o no?
También es cierto que algunas veces pagan justos por pecadores (como diría mi abuela), de todo hay en la viña del Señor; pero, una parte importante de nuestros representantes nos están demostrando por activa y por pasiva que las palabras hechas frases de un político español están devaluadas al mínimo, que están ausentes de sentido común porque están vacías y carentes de credibilidad para un elevado número de ciudadanos.

Para no perder la costumbre y poder seguir en el alero, hablan mucho para no decir casi nada y conseguir una hemorragia de su enclenque reputación sin visos de recuperación aparente ante el escenario que  para representar la comedia (su comedia), ellos mismos han construido a base de su falta de respeto y desconsideración hacia los ciudadanos que, como siempre, somos los paganos de sus irresponsabilidades. ¡Qué ironía!

Siendo sinceros, hemos de reconocer que, eso no ocurre solamente en nuestro sufrido país que se está convirtiendo en la cueva de Alí Baba para defraudadores y corruptos de todo tipo; el mundo hoy por hoy, es un lugar semi inhóspito para muchos millones de seres humanos que están sufriendo las más cruentas humillaciones y vejaciones, muriendo de hambre y miseria, porque los que lo pueden solucionar no lo hacen, y sin reglas eficaces para darle la solución que está a su alcance.
Éste nuestro mundo, del que solo cabe esperar más ruina, más miseria y desempleo, más desánimo si los políticos no lo remedian, las actuales diferencias abismales existentes entre distintas clases sociales, en el futuro serán siderales, y, no por culpa del sufrido ciudadano de a pie, sino por la falta de equidad y moral de una considerable parte de responsables (o irresponsables) políticos en cuyas manos está el poder para solucionar las cosas que necesitan arreglo; y, más que realizar con equidad su labor de repúblicos, están demostrándonos que su única preocupación, ha sido y es, sus partidos y sus intereses personales. ¡Qué triste, pero, qué real...! a pesar de que una parte importante de nuestra sociedad no lo vea, no lo quiera ver así, o lo considere fuera de lugar o un absurdo; pero, quizás ese absurdo, sea tan absurdo como negarse a admitir la existencia de un sonido si no se demuestra su peso en kilos. Ridículo, ¿verdad....? Pues, ya le podemos dar todas las vueltas que queramos, que, se mire por donde se mire, esa es la triste realidad. No hay otra.

Y, ante ésta situación tan absurda, algunos nos preguntamos: ¿dónde están las voces sabias que en la política española fueron la esperanza y la confianza en el futuro cuando la transición, para que ahora nos puedan echar una mano y transmitir a los ciudadanos confianza y fe en el equipo de gobierno, en la enclenque oposición y en los rancios nacionalismos, que no nos han vendido nada más que humo a espuertas y promesas huecas y sin contenido, y vacías de credibilidad? ¿Dónde están ahora, dónde se han metido?  ¿Se han quedado mudas, se las ha llevado el ciclón de la crisis o, se han protegido con el escudo de la hipocresía y la despreocupación? ¿Acaso están meciéndose en la mecedora,  o tumbados a la bartola  en una de las más hermosas playas del Caribe, confiados en que, en su momento, ellos hicieron todo lo que tenían que hacer, en aquellas circunstancias y ya han cumplido con su deber?

La imagen de la política, está deteriorada por las intervenciones de los nefastos políticos que son los que manejan el cotarro a su antojo, como lo están demostrando últimamente en los casos de corrupción en los que no ponen a cada uno de esos pajarracos corruptos en el lugar que le corresponde y, para más inri, a algunos de ellos, los defienden a capa y espada sin ruborizarse  ni sonrojarse por ello. ¿Por qué? ¿Quién tiene la culpa de ese comportamiento: los que lo hacen, o los que se lo permitimos hacer? Cada uno que responda en conciencia.

Por citar un par de ejemplos:
Primero.- En España tenemos más de 35.000 coches oficiales a disposición de esos “representantes”  ¿Hacen falta todos, o sobran más de las tres cuartas partes? ¿Para qué  necesitamos esa barbaridad de coches destinados a gente que puede realizar su labor sin un chofer y un coche a cargo del Erario Público como ocurre en otros países cuya democracia nadie pone en duda, como por ejemplo Suiza? ¿Para qué sirven los transportes públicos? ¿Nos sobra el dinero? Pues, así todo... Sin más comentarios.

Segundo.- La crisis del  2.008 fue generada por Goldman Saghs, pero las consecuencias las pagamos todos, porque degeneró en una crisis mundial de nada buena solución; pero en nuestro país, gracias a la actitud de algunos de nuestros dirigentes que -tanto al inicio como durante el desarrollo de la misma,- no han actuado siempre con la diligencia debida ni adoptado las medidas más adecuadas para que no repercutiese tan agresivamente sobre los más débiles como ha ocurrido; y, sin embargo: ¿los políticos de turno nos han contado la verdad real, o nos la han ocultado, cuando no mentido? ¿Qué credibilidad podemos tener en la “palabra” de la mayoría de ellos? ¿Ha llegado el momento de sustituir la “actual clase política” por otra que no lleve tanto peso en la mochila, que casi no los deja andar y les está jorobando?

Ante éste panorama: ¿Qué valor le tenemos que dar a la palabra de un político que en campaña electoral promete y promete sin descanso, para, una vez llegado al poder hacer lo contrario de lo prometido sin importarle mucho el pueblo llano que lo eligió confiando en su palabra de candidato honrado?  ¡Pobres generaciones venideras...!

Sin embargo, no debemos olvidarnos de que los que mandan, mandan porque nosotros les hemos mandado mandar; como consecuencia, habría que poner fin a éste desaguisado antes de que no tenga remedio, que lo tiene.

La confianza perdida en nuestros políticos como consecuencia de sus mentiras, es única y exclusivamente debida a la devaluación de la palabra. De su palabra. ¿Por qué...?

20 diciembre 2013

FELICES FIESTAS




Ayer me llamó un buen amigo
para decirme que se marchaba,
que, aquí ha estado a gusto conmigo,
pero su misión ya terminaba;
que lo hemos tratado mejor
de lo que antes de venir esperaba
dándole más de lo que se merece
y de lo que se imaginó a su llegada;
que, ya ha dejado de sufrir,
y, por eso de terminar en trece
se lo pensó mucho antes de venir.

Dice que se va muy contento
de haber hecho este grato viaje,
y que dentro de un momento
recogerá todo su equipaje.

Le pregunté si se lo había pensado
y me contestó afirmativamente;
que, si de estar aquí se había cansado
o no le gustaba mi gente,
y, por qué tenía que marcharse
si aquí estaba estupendamente.

Me dio las gracias por todo
y se despidió efusivamente
y, aunque muy contento ha estado
con tanta buena y sencilla gente
que tan amablemente le ha tratado,
ahora tiene que partir
a otro lugar destinado,
porque le viene a sustituir
un nuevo año esperado.

Me aconseja, que le diga
a todos mis compueblanos
que, aunque otro camino siga,
los considerará como hermanos;
que os envíe con empeño,
un fuerte apretón de manos
y que el nuevo año que se aproxima,
también será un buen zarceño;
que  felicite a mis paisanos
con carácter alegre y risueño
lo mismo que otros años,
porque el venidero tiene pinta
de ser  optimista y halagüeño.

Me encarga que os desee
una feliz  Navidad,
y que el nuevo año os colme 
de paz y prosperidad,
para que disfrutéis en armonía,
de alegría y felicidad.

Le dije adiós de corazón
y le desee un buen viaje,
para que enfrentara el futuro
con entereza y coraje...

Mi misión aquí termina
transmitiéndoos el mensaje,
con lo cual, a mí me anima
a mandaros mi equipaje:

Este zarceño que os envía
la felicidad que un amigo
quiso con gran alegría
que compartáis conmigo;
aprovecha la ocasión
para, desde éste lugar lejano
enviaros mi felicitación
con el corazón en la mano.

Que la salud os acompañe
a lo largo de la vida,
y la suerte os apañe
junto a la persona elegida.

Que el nuevo año que camina
algo ansioso de llegar,
a ver si por fin, ya termina
trayéndonos el  bienestar,
y os deja a cada uno
en el calor de vuestro hogar,
la calma y la armonía
que da la felicidad.

A los paisanos desearos
una Feliz Navidad,
y próspero año nuevo
a toda la humanidad.
Luis