20 julio 2012

AL VOLANTE


                                            EL ACCIDENTE  2ª  parte

Intenté no extenderme demasiado en la entrada anterior relacionada con los accidentes de tráfico, dejándome en el tintero una parte bastante considerable del tema; pero la complejidad del mismo no me permitió reducirlo más.

En esta segunda parte, intentaré compendiar lo máximo posible para que no resulte tedioso ni se haga muy largo y pesado; no obstante, es conveniente dejar algunos puntos bien claros para no fallar en el intento y cometer el error de hacer lo que no se debe hacer.

A riesgo de ser pesado y reiterativo, quisiera recordar a todos que en los viajes largos se debe parar cada dos horas o doscientos kilómetros y descansar un poco, tomar café o Coca-cola,         -mejor café si hay a mano-, refrescarse un poco y dar un paseo esparciendo y relajando la vista. Téngase bien presente que la prisa (y el sueño) además de mala compañera, es la mayor enemiga del conductor y que no por mucho madrugar amanece más temprano.

Como ya citábamos en la entrada anterior; si bien solo hay que detenerse ante un accidente cuando sea prudencialmente aconsejable y necesaria nuestra presencia; y, para que no existan errores de interpretación a lo expuesto; es necesario advertir que, nadie debe eludir sus obligaciones y responsabilidades para con los demás. Sobre todo si hay heridos, a los que trataremos de ver cómo podemos atender en caso de verdadera necesidad.

Los conductores y demás usuarios de la vía deben ser conscientes de que con su ayuda pueden contribuir a aminorar los efectos del accidente y evitar que se incrementen, pues ayudar y colaborar son claras manifestaciones de un elemental deber de solidaridad; si bien, esto no quiere decir que tengamos que colaborar cuando esa colaboración no sea indispensable, precisa o la misma sea inadecuada, o inoportuna.

Quitaré el freno de mano que dejé puesto al final de la entrada anterior relacionado con el comportamiento del conductor cuando se encuentra sorpresivamente ante un accidente de circulación; ahora lo bajaré para seguir la marcha y ver qué podemos (cuando podamos) hacer con los heridos si sabemos lo que hay que hacer.

Generalmente la presencia de heridos en los accidentes de tráfico le suele impresionar a la mayoría de las personas que, carentes de experiencia en estos avatares, pero con la mejor voluntad de colaborar se disponen a prestar su ayuda.

La espectacularidad de algunos accidentes y la gravedad de algunos heridos, hacen que más de uno se quede perplejo, inmóvil y confuso ante  el panorama que presencia y en determinados casos, hasta serían algunos de ellos  los que necesitarían la ayuda que iban a prestar.

Atender a los heridos no quiere decir curarlos. Entiéndase bien esto. Curarlos, los curará el médico y el tiempo. Nosotros no, lo único que podemos hacer es auxiliarlos, que ya es mucho. Auxiliar es prestar la ayuda que podamos. Avisar a los servicios de urgencia, señalizar el accidente, etc., por citar algunos ejemplos.

Ante la presencia de heridos, la mayoría de las personas normales no tenemos los conocimientos técnicos necesarios para saber bien lo que hay que hacer en esa anómala situación que siempre va acompañada de la correspondiente sorpresa; pues, el tratamiento a cada uno de los heridos, generalmente es diferente y requiere ciertos conocimientos de la materia.

Sin ningún ánimo de desconsideración, todos debemos entender y, entenderlo bien, que, si no sabemos como tratar a ese herido, NO DEBEMOS NI TOCARLO.
Es cierto que hay heridos graves que requieren una intervención rápida y eficiente, pero por alguien que esté en condiciones de hacerlo como lo requiere la situación. 

Veamos:

Vayamos por partes.
En principio a los heridos solamente le hablaremos, alto, claro, pausada y tranquilamente tratando de ganarnos su confianza. Debemos darle ánimos, tratarlos con la máxima normalidad, delicadeza y cordialidad como si fueran nuestros familiares o amigos más cercanos. Le preguntaremos cómo se llaman para dirigirnos a ellos por su nombre de pila y tratándoles de tú.

Al encontrar una victima desvanecida, lo primero es determinar si está consciente o no. Lo haremos sacudiéndola suavemente por los hombros y preguntándole: ¿Qué ha pasado? O pedirle que abra los ojos. Si se apreciaran posibles lesiones de columna, no la tocaríamos.
Así mismo, estableceremos un ambiente de seguridad y sosiego en todas las personas presentes y tranquilizaremos a las victimas.

Ya comentaba en la entrada anterior que si no se sabe bien lo que hay que hacer, no hay que hacer nada; pero, sobre todo, no tocar a los heridos hasta no estar bien seguros de que podemos ayudarles sin dañarles.

Es cierto que en todo accidente hay que actuar con rapidez y destreza pero sin precipitación, con serenidad y eficacia. Ya sabemos lo que es la prisa y sus consecuencias.
Tampoco hay que olvidar que en la práctica de los primeros auxilios, cada minuto que pasa es fundamental para rescatar, ayudar  salvar vidas, etc, pero en estos casos no caben las improvisaciones.

¿Qué hay que hacer?
Observar la situación y hacerse una idea del conjunto de la misma para poder determinar qué heridos son los que con más urgencia necesitan ser atendidos y qué ayuda precisa cada uno. Por tanto, lo primero que se debe observar es si el accidentado respira y si su corazón late. Procuraremos atender primero a los más necesitados, que, generalmente son aquellos que no dicen nada porque no pueden, NO nos dejaremos convencer por aquellos que gritan mucho y nos llaman insistentemente, porque si tienen energías para gritar, es que no están tan graves (salvo excepciones) como los que no pueden hacerlo y su vida pende de un hilo.

¿Cómo lo haremos?
Para comprobar los latidos del corazón:
Para esta operación, es necesario hacer una leve presión en alguna de las principales arterias con uno o dos dedos (en ningún caso con el dedo pulgar) Un buen sito es  el cuello por el que discurren las dos arterias carótidas que son las que llevan  la sangre a la cabeza para su riego sanguíneo, o bien, la  radial a la altura de las muñecas o la femoral a la de la rodilla.
Si no late el corazón (paro cardíaco),  al no tener riego sanguíneo, ese herido morirá en unos instantes, por lo que es necesario intervenir con la máxima rapidez dándole bombeo al corazón (masaje cardiaco) mediante la correspondiente presión por una persona entendida capaz de restablecer el ritmo cardíaco si no dispone de un Desfibrilador Externo  Automático (DEA) en cuyo caso, solo sería necesario saber manejar el aparato para reanimar al herido. En todo caso, llamar al 112 incluso antes de intentar la reanimación.

¿Qué haremos para comprobar si respira?
En una victima inconsciente, las vías aéreas pueden obstruirse. Esto se debe a que pierde el control muscular, dejando que la lengua caiga  y bloquee la vía aérea. Cuando esto ocurra, la victima tendrá dificultad para respirar con normalidad o no podrá respirar en absoluto; algo que conduce directamente a la muerte en pocos minutos si no se actúa diligente y eficazmente.

¿Cómo le podemos ayudar?
A todo herido que tenga dificultad para respirar con normalidad, lo primero es aflojarle las ropas que puedan oprimirle, y si es mujer quitarle el sujetador. En la medida de lo posible, colocarlo semi sentado.
Con tranquilidad y sin mover al herido, acercaremos nuestra oreja a su nariz lo más posible, para escuchar la suave salida del aire de sus pulmones que a veces en estos caso es casi imperceptible, o bien le arrimaremos a su nariz si disponemos de él un espejo, nuestro reloj, unas gafas o un cristal para ver si se empañan con el vaho. También miraremos al tórax del herido para ver si sube y baja con la acción  respiratoria (inspirar-espirar) al insuflar y expulsar el aire de los pulmones.

En el supuesto de que no respire, habría que asistirle la respiración, lo que se conoce como respiración artificial o, el boca, boca, consistente en insuflarle aire a presión con nuestra boca, por la boca del herido tapándole al mismo tiempo la nariz para que no se escape el aire por este conducto, a un ritmo y con una cadencia adecuados.

En cualquier caso, colocar al herido en posición de decúbito supino. (posición del muerto en el ataúd), lo pondremos boca arriba,  piernas juntas y estiradas, brazos pegados a lo largo del cuerpo y estirados, le elevaremos la barbilla e inclinaremos la cabeza de la victima hacia atrás para evitar que la lengua (que, en ese caso es un cuerpo inerte) impida la entrada del aire; eso permitirá respirar después de un estornudo o de haber tosido el herido.

Esta maniobra sólo deberá efectuarla una persona entendida, de lo contrario podría carecer de eficacia o lesionar al herido  causándole un daño innecesario y posiblemente irreversible.

Si el herido no respira ni late su corazón; habrá que hacer las dos cosas simultáneamente: respiración artificial boca a boca o con bolsa ambú si disponemos de ella y  darle masaje en el corazón presionando sobre él, para que bombee la sangre al cuerpo. Operación ésta, que de no tener práctica, lo más probable es que no resulte eficaz o perjudique al herido; con lo cuál: ABSTENERSE DE REALIZARLA LOS NO ENTENDIDOS.

Sé bien que alguno se preguntará: 
¡Entonces....!, ¿qué hacemos.? ¿Qué podemos hacer ante un accidente?
La respuesta es muy simple: ¿Qué sabemos y qué podemos hacer? Pues, eso es lo que haremos: lo que podamos y lo que sepamos, ni más ni menos, con eso ya es suficiente.

Es cierto que hay heridos que requieren una intervención rápida y eficiente, pero por alguien que esté en condiciones de hacerlo bien.

En algunos casos (bastantes), cuando el auxiliador no es una persona con conocimientos de la materia y el herido no respira, respira con dificultad o presenta síntomas de asfixia, lo más prudente hasta que llegue la asistencia sanitaria profesional, es colocarlo en posición de defensa; o sea, en decúbito lateral estable, (nunca boca arriba si no le vamos a hacer la respiración artificial) consistente en poner al herido de lado, de costado, si puede ser, primero del costado derecho y luego cada cierto tiempo cambiarlo de lado si fuera aconsejable siguiendo los siguientes pasos:

1º) - Arrodillarse junto a la victima; quitarle las gafas si lleva y cualquier objeto voluminoso que tenga en los bolsillos, móviles, llaveros, etc., no hurgar en los bolsillos buscando cosas pequeñas perdiendo un precioso tiempo en algo que no tiene importancia.
En éste primer paso tendremos al herido estirado y boca arriba.

2º) - Asegurarse de que las dos piernas de la victima están estiradas.

3º9 - Ponerle el brazo de la victima más cercano al auxiliador en ángulo recto con el cuerpo, el codo doblado, también formando un ángulo recto y la palma de la mano hacia arriba.

4º) – Poner el brazo más alejado cruzando el cuello de la victima, con el dorso de la mano sobre la mejilla más cercana y tocando con la palma en el suelo (la que esta también más cerca del auxiliador), y mantenerlo así. Con la otra mano, el socorrista, agarrará la rodilla de la pierna más alejada y la levantará, manteniendo la planta del pie completamente apoyada en el suelo, o sea, doblada.

5º) – Con la mano de la victima apoyada contra su mejilla, asiremos al herido por la pierna más alejada, la que tenemos doblada y el pie en el suelo, tiraremos de ella y giraremos a la victima sobre su costado hacia nosotros (el auxiliador)

6º) – Una vez esté de costado el herido, doblaremos en ángulo recto la cadera y la rodilla de esta pierna para que, al quedar tocando el suelo, la victima tenga estabilidad y no se gire ni ruede hacia delante.
La mano  en la mejilla ayuda a mantener las vías aéreas despejadas.

7º) – Inclinar ligeramente la cabeza de la victima hacia atrás para mantener las vías aéreas despejadas.
Si fuera necesario, ajustar la mano de debajo de la mejilla para garantizar que la cabeza está inclinada y las vías aéreas despejadas.

8º) – Si todavía no lo hemos hecho, llamar al 112 cuanto antes.
Controlar las constantes vitales del herido: nivel de consciencia, respiración y pulso (pp.42-43).

9º) – Si la victima hubiera permanecido en posición de seguridad más de treinta minutos, girarla sobre la espalda y, repitiendo la maniobra indicada, ponerla sobre el lado opuesto. ¡¡Atención...!!! Siempre que no haya lesiones que lo impidan.

10º - Si sospecha que hay lesiones en la columna y hay que poner al herido en la posición de defensa o seguridad para mantener despejadas las vías aéreas, intentar mantener siempre recta la columna girándolo como si fuera un tronco,  pero por personas con experiencia y siempre más de una persona para sujetar bien el cuerpo del herido sin que se doble absolutamente nada.

Mantener al herido en posición de seguridad sin ninguna almohada, permitirá que en caso de que vomite no se asfixie y pueda arrojar lo que contenga en su estómago, pues es frecuente que los heridos producidos por impacto, vomiten en estos casos y si no pueden expulsar, morirían asfixiados.

Fracturas:
Una fractura es la rotura o fisura de hueso, normalmente producida por una considerable fuerza para romperlo.

Cuando nos encontremos con heridos que presenten fracturas o presumamos que pudiera tener lesión en la espina dorsal o cervicales; NI TOCARLOS . No moverlos absolutamente nada, a no ser que haya peligro de muerte, por incendio o explosión o corra peligro de caer el vehículo por un barranco; en cuyo caso, lo primero es lo primero: salvar la vida del herido como sea..

La rotura de un hueso tiene una cura relativamente fácil, con unos días escayolado y otros cuantos de recuperación está solucionado; pero, si no se actúa con gran prudencia podría tener unas consecuencias nefastas para el herido.

Me explicaré:
Cuando el hueso está roto y la fractura es limpia no causará problemas; el problema se plantea cuando el hueso está astillado y la fractura es interna, o sea, cerrada y no se ve, ya que puede haber huesos desplazados y dañar los tejidos; ya que la mayoría de las astillas son puntiagudas y cortantes como un cuchillo jamonero bien afilado y ante cualquier movimiento, además, de una hemorragia interna, la astilla, segarían todo lo que esté a su lado: carne, venas, arterias, nervios, tendones, etc., cuyas consecuencias siempre son graves y requieren de una delicada operación quirúrgica de varias horas de quirófano, una dolorosa y larga, pero, larga, larga recuperación postoperatoria y no es infrecuente que queden secuelas. Así pues, no mover a ningún herido que presente síntomas de rotura ósea si no disponemos de los medios para inmovilizarlo y los conocimientos para llevarlo a cabo con garantía de eficacia; aunque la operación simplemente consiste en inmovilizar el miembro roto, cosa que es muy sencilla para la persona que sabe hacerlo.

¿Cómo podemos saber si hay fractura?

Síntomas externos que nos pueden orientar:

Deformidad, hinchazón y amoratamiento en el lugar de la fractura.
El herido siente dolor y dificultad para mover la zona.
Acortamiento, angulación o torsión del miembro afectado.
Crujido (crepitación) de los extremos del hueso, que pueden ser oídos o palpados, pero que no deben buscarse.
¡Atención...! Signos de shock, especialmente si la fractura es de fémur o pelvis.
Una herida, posiblemente con protrusión de extremos óseos.

Hemorragias:

Una hemorragia es la fuga de sangre fuera del camino normal dentro del sistema cardiovascular que son las venas, arterias, arteriolas, vasos sanguíneos, etc. Es el flujo de sangre que sale al exterior desde cualquier parte del cuerpo producido por algún objeto extraño al mismo; como ocurre en los accidentes de tráfico que es el caso que nos ocupa.

Una hemorragia grave puede ser, impresionante y angustiosa, e ir acompañada de un shock y la pérdida de consciencia de la victima que, si no se controla a tiempo, puede provocar parada cardiaca y/o cardiorrespiratoria.

La casi totalidad de los accidentes van acompañados de alguna hemorragia, ya sea interna o externa.
La sangre es muy escandalosa y, a veces, la gravedad no es lo que aparenta a primera vista. No obstante, toda persona que pretenda ayudar, auxiliar o colaborar ante un herido con pérdida de sangre, DEBERÁ ponerse guantes para no tocar la sangre; y, si no los tiene, que NO la toque, a no ser que la persona a auxiliar sea conocida y sepa que no puede contagiarle alguna enfermedad.

¿Cómo actuar ante esta situación, si la pérdida de sangre es abundante y la vida del accidentado corre peligro?

La mayoría de las personas hemos visto sangrar a alguien por la nariz (epistaxis) y algunas veces da la sensación de que se va a quedar sin sangre en el cuerpo por lo aparatoso de la situación, sin embargo, en la mayoría de los casos no tiene ninguna importancia si se hacen las cosas bien.
Es frecuente ver que un niño jugando que cae al suelo y frena con la nariz, la madre al ver cómo sangra se asusta y se la tapona apretándole con un pañuelo o algo semejante y, diciéndole: ¡hijo mío....! ¿qué te ha pasado?, le pone la cabeza hacia atrás pensando que así la sangre no sale. Craso error, pues lo que puede ocurrirle a ese niño es que, si la sangre le retrocede, al bajar por la garganta la obstruya y pueda provocar vómitos, que, al impedir la salida de los mismos, las consecuencias serían graves.
Jamás en una epistaxis (hemorragia nasal) le incline la cabeza hacia atrás a nadie, independientemente de que la hemorragia por la nariz sea más o menos grave.

¿Cómo actuar?
Como en los casos anteriormente expuestos, tranquilidad y calma, lo haremos siguiendo los siguientes pasos:

1ª) – Pedir a la victima que se siente si es posible, si no fuera posible lo dejaríamos de pie con las piernas ligeramente abiertas para mantenerse estable y un poco inclinado hacia adelante. Le indicaremos que también incline la cabeza hacia delante para permitir el drenaje (facilitarle la salida) de sangre de las narinas (cada uno de los orificios nasales externos) con total libertad y sin cortapisas. Al principio la dejaremos salir un momento.

2º - Decirle a la victima que respire por la boca y se pince con sus dedos la parte blanda de la nariz si fuera necesario. Tranquilizarla y ayudarle si fuese necesario.

3º) – Recordar a la victima que siga con la nariz pinzada. Que intente no hablar, tragar, toser, escupir o inhalar: esas acciones afectan a los coágulos en formación dentro de la nariz. Si es posible, darle un pañuelo limpio para limpiar el goteo.

4º) – Tras diez minutos, decirle a la victima que libere la presión (retirar la pinza). Si la hemorragia no se ha detenido, que pince de nuevo otros diez minutos: Esta operación de pinzado se puede repetir hasta tres  veces en total.

5º) – Una vez detenida la hemorragia, y con la victima aun inclinada hacia delante, si es posible, limpiar alrededor de la nariz con agua tibia.

6º) – Advertir a la victima de que deberá estar quieta durante un par de horas; que evite los esfuerzos, y en especial que no se suene la nariz, porque afecta al coágulo.

Si el herido sangra por el oído (otorragia): ¡¡¡Atención...!!!,  Alto riesgo. Situación muy peligrosa.

¡No mover a los heridos ...!
Este accidente desgraciadamente, es frecuente en moto.
La causa puede ser debida a la perforación de un tímpano, causado por ejemplo por un cuerpo extraño, un golpe contra el lateral de la cabeza o una explosión. Los síntomas incluyen un dolor agudo seguido de sordera y posiblemente mareo. La sangre acuosa es un signo grave: muestra que se ha producido fractura de cráneo y se está filtrando el fluido que rodea al cerebro. Lo que significa una gravedad extrema. Llamar al 112.

Y, como siempre, seguiremos los pasos que se indican a continuación:
Recordar que usaremos guantes desechables si es posible.

1º) - Si la hemorragia (otorragia) es abundante, ante esta situación, a pesar de que no se debe mover el herido, ayudaremos a la victima a recostarse, con la cabeza inclinada hacia el lado lesionado para facilitar el drenaje de sangre moviéndolo lo menos posible y con la máxima delicadeza yprecaución.

2º) – Sujetar con suavidad un apósito estéril contra la oreja hasta la llegada de la ambulancia.

3º) – No olvidarse de que estamos ante un caso de extrema gravedad en el que un movimiento inadecuado del herido, le reportaría consecuencias muy graves y que, solamente el personal sanitario está en condiciones de actuar en estos casos.

Cuando la hemorragia sea en una extremidad:
Levantar lo más posible el brazo o pierna lesionada y mantenerla en esa posición hasta que cese la hemorragia, ejerciendo fuerte presión con un apósito estéril si disponemos de él. Si no lo tenemos a mano, presionar con un pañuelo o algo que impida el contacto directo de la mano con la herida. Si se empapa, colocar otro encima, si se empapa el último, retirarlo y sustituirlo por otro; y así sucesivamente si fuese necesario por la abundante pérdida sanguínea.  No quitar el primero. Esa labor corresponde al centro hospitalario donde posteriormente sea atendido.

En un buen número de casos, la hemorragia se corta mediante la compresión arterial, apretando con la mano o los dedos en la arteria correspondiente, evitando así que se desangre el herido.
La presión la ejerceremos en la arteria que conduzca (canalice) la sangre a la parte afectada, presionando siempre en el espacio que media entre el corazón y la herida sangrante.

El torniquete:
El torniquete en determinados casos y hecho por una persona entendida, puede ser de gran utilidad, pero, en principio, no lo haremos mientras haya otras posibilidades de cortar una hemorragia. Se debe hacer en casos excepcionales y abrirlo de cuando en cuando por el  riego de gangrena  que conlleva.
Si hubiese que hacerlo; sólo se puede hacer en los brazos y en las piernas. En los brazos se hará en el húmero, entre el hombro y el codo, y en las piernas, en el fémur, entre la pelvis y la rodilla. La anchura mínima del torniquete deberá ser de cinco centímetros.

Otros casos.

Si nos encontramos algún herido aplastado o aprisionado entre los amasijos del vehículo. No moverlo y, si no respira o presenta paro cardíaco. Hacerle la respiración artificial o/y el masaje en la posición que se encuentre el herido si no somos profesionales.

Si el herido tiene clavado algo en cualquier parte del cuerpo. No sacárselo. Ya lo hará la asistencia sanitaria si es posible o los médicos en el hospital.

Si el herido tiene incrustado en la herida algún cuerpo extraño, como vidrio, madera, metal, etc, no ejercer presión para intentar cortar la hemorragia; la presión podría producir mayores lesiones.

Si hay algún empalado, no intentar separarlo del objeto ni moverlo. Llamar de inmediato a los servicios de urgencia y darle ánimos.

Si existiera peligro de incendio o explosión intentar sacar a los heridos como sea independientemente de la gravedad que presenten, alejarse lo más posible y lanzarse al suelo cuanto antes (cuerpo a tierra) boca abajo y con las manos en la nuca no seguir corriendo si el riesgo de explosión es inminente. Si hubiera algún quemado. NO QUITARLE NI MOVERLE LA ROPA  QUE LLEVE PUESTA, pues le arrancaríamos la piel pegada a la misma, agravando con ello la situación del herido. 
La quemadura indica la probabilida de que la victima sufra un shock. Insistir en que tomo sorbos cortos y frecuentes de agua fresca.
A cualquier herido que sufra quemaduras le daremos para beber agua en abundancia.


como norma general; no darle a los heridos nada de beber, salvo en casos muy excepcionales como el citado anterioemente. Tampoco comida.

Hasta aquí, todo lo expuesto anteriormente está encaminado a orientar a las personas que carecen de conocimientos de asistencia sanitaria para casos de urgencia.

He tratado de simplificar dejándome bastante más del doble de lo escrito en el tintero esperando una nueva oportunidad. La intención ha sido intentar ayudar un poco de cara al verano por ser una época vacacional en la que normalmente la gente utiliza más el coche y hace más kilómetros que el resto del año. Ya procuraré explicar con más detalle algunos puntos que ahora me he saltado o los he tocado de refilón, si el respetable lo considera oportuno.

A continuación, lo establecido por el Reglamento General de Circulación relacionado con los accidentes de tráfico y el comportamiento a seguir. Es una trascripción literal.

Artículo 129

Obligación de auxilio.

1._ Los usuarios de las vías que se vean implicados en un accidente de tráfico, lo presencien o tengan conocimiento de él estarán obligados a auxiliar o solicitar auxilio para atender a las victimas, si las hubiera, prestar su colaboración para evitar mayores peligros o daños, restablecer, en la medida de lo posible, la seguridad de la circulación y esclarecer los hechos.

2._ Todo usuario de la vía implicado en un accidente de circulación deberá, en la medida de lo posible:
a)      Detenerse de forma que no cree un nuevo peligro para la circulación.

b)      Hacerse una idea de conjunto de las circunstancias y consecuencias del accidente, que le permita establecer un orden de preferencias, según la situación, respecto  a las medidas a adoptar para garantizar la seguridad de la circulación, auxiliar a las victimas, facilitar su identidad y colaborar con la autoridad o sus agentes.

c)      Esforzarse por restablecer o mantener la seguridad de la circulación y si, aparentemente, hubiera resultado muerta o gravemente herida alguna persona o se hubiera avisado a la autoridad o sus agentes, evitar la modificación del estado de las cosas y las huellas u otras pruebas que puedan ser útiles para determinar la responsabilidad, salvo que con ello se perjudique la seguridad de los heridos o de la circulación.

d)      Prestar a los heridos el auxilio que resulte más adecuado, según las circunstancias, y, especialmente, recabar auxilio sanitario de los servicios que pudieran existir al efecto.

e)      Avisar a la autoridad o sus agentes si, aparentemente, hubiera resultado herida o muerta alguna persona, así como permanecer o volver al lugar del accidente hasta su llegada, a menos que hubiera sido autorizado por éstos a abandonar el lugar o debiera prestar auxilio a los heridos o ser él mismo atendido; no será necesario, en cambio, avisar a la autoridad o sus agentes, ni permanecer en el lugar del hecho, si sólo se han producido heridas claramente leves, la seguridad de la circulación está restablecida y ninguna de las personas implicadas en el accidente lo solicita.

f)       Comunicar, en todo caso, su identidad a otras personas implicadas en el accidente, si se lo pidiesen; cuando sólo se hubiera ocasionado daños materiales y alguna parte afectada no estuviera presente, tomar las medidas adecuadas para proporcionarle, cuanto antes, su nombre y dirección, o bien, directamente o, en su defecto por intermedio de los agentes de la autoridad.

g)      Facilitar los datos del vehículo a otras personas implicadas en el accidente, si lo pidiesen..

h)      Salvo en los casos en que, manifiestamente, no sea necesaria su colaboración, todo usuario de la vía que advierta que se ha producido un accidente de circulación, sin estar implicado en él, deberá cumplimentar, en cuanto le sea posible y le afecten, las prescripciones establecidas en el apartado anterior, a no ser que se hubieran personado en el lugar del hecho la autoridad o sus agentes.

Artículo 130.

Inmovilización del vehículo y caída de la carga.
1._ Si por causa de accidente o avería el vehículo o su carga obstaculizasen la calzada, los conductores, tras señalizar convenientemente el vehículo o el obstáculo creado, adoptarán las medidas necesarias para que sea retirado en el menor tiempo posible, deberán sacarlo de la calzada y situarlo cumpliendo las normas de estacionamiento siempre que sea factible.

2._ Siempre que, por cualquier emergencia, un vehículo quede inmovilizado en la calzada o su carga haya caído sobre ésta, el conductor, o en la medida de lo posible, los ocupantes del vehículo procurarán colocar uno y otra en el lugar donde cause menor obstáculo a la circulación, para lo cual podrán, en su caso, utilizarse, si fuera preciso, el arcén o la mediana; asimismo, adoptarán las medidas oportunas para que el vehículo y la carga sean retirados de la vía en el menor tiempo posible.

3._ En los supuestos a los que se refiere el apartado anterior, sin perjuicio de encender la luz de emergencia si el vehículo la lleva y, cuando proceda, las luces de posición y de gálibo, en tanto se deja expedita la vía, todo conductor deberá emplear los dispositivos de preseñalización de peligro reglamentarios para advertir dicha circunstancia, salvo que las condiciones de la circulación no permitan hacerlo. Tales dispositivos se colocarán, uno por delante y otro por detrás del vehículo o la carga, como mínimo a 50 metros de distancia y en forma tal que sean visibles desde 100 metros, al menos, por los conductores que se aproximen. En calzadas de sentido único, o de más de tres carriles, bastará la colocación de un solo dispositivo, situado como mínimo 50 metros antes en la forma anteriormente indicada.
4._ Si fuera preciso pedir auxilio, se utilizará el poste de socorro más próximo, si la vía dispone de ellos; en caso contrario, podrá solicitarse de otros usuarios. En todo caso y en cuanto sea posible, nadie deberá invadir la calzada.

5._ El remolque de un vehículo accidentado o averiado sólo deberá realizarse por otro específicamente destinado a este fin. Excepcionalmente, y siempre en condiciones de seguridad, se permitirá el arrastre por otros vehículos, pero sólo hasta el lugar más próximo donde pueda quedar convenientemente inmovilizado y sin entorpecer la circulación. En ningún caso será aplicable dicha excepción en las autopistas o autovías.

6._ Cuando la emergencia ocurra en un vehículo destinado al transporte de mercancías peligrosas se aplicarán, además, sus normas específicas.

Hasta aquí, lo reglamentado  por la norma de circulaciòn.





14 julio 2012

AL VOLANTE


EL ACCIDENTE.

Accidentes de tráfico.

Salvo en la intervención de la naturaleza, la mayoría de los accidentes son predecibles y evitables, si el hombre, único responsable de sus actos pone de su parte lo que tiene que poner cuando lo tiene que poner, algo que generalmente escasea.

¿Qué es un accidente?

El Diccionario de la Lengua Española define al accidente  como suceso eventual o acción del que involuntariamente resulta daño para las personas o las cosas. O sea, que según esta definición; accidente es el evento que altera el orden de las cosas, independientemente del lugar o situación en que se produzcan.

Ésta sería una definición bastante acertada de lo que en realidad es un accidente de cualquier tipo.

De forma más directa relacionado con el automóvil y referente al accidente de tráfico o de  circulación -como queramos llamarlo-, que es el que nos ocupa, podríamos definirlo algo así como: cualquier evento involuntario como resultado del cual el vehículo quede de manera anormal, dentro o fuera de la vía o produzca lesiones en las personas o daños a terceros. De lo que se deduce que la consecuencia del accidente es la anormalidad y la persistencia de la misma.

No voy a entrar en tecnicismos de lo que es y cómo se produce el accidente aunque sea mi especialidad. Intentaré explicar cuál debe ser el comportamiento normal de un conductor también normal que se ve sorprendido por la presencia de un accidente ya ocurrido, o bien, que interviene en él.

Hoy día, cualquier vehículo motorizado es una sofisticada máquina, que exige conducirla -manejarla- no sólo con gran prudencia, sino con toda la concentración posible -más bien con absoluta concentración-,  independientemente del lugar por el que circulemos y la mayor o menor densidad de vehículos que en ese momento ocupen la vía. La atención y concentración debe ser total y absoluta en la conducción de todo tipo de vehículos y, en todo momento. De lo contrario, las consecuencias que de ello se derivan, podrían llegar a ser nefastas en algunos casos.

El ser humano no es infalible pero afortunadamente sí es influenciable y nos permite incidir sobre él para la corrección de errores y su posible rectificación.
Con frecuencia nos equivocamos, pero, si el error cometido nos sirve de lección, habremos aprendido en el evento, como dice el refranero: que no hay mal que por bien no venga; porque nos servirá de lección y ejemplo para el futuro.

Un buen ejemplo lo tenemos cuando un conductor entra un poco más deprisa de lo debido en una curva cerrada y nota como su coche le colea y casi se le sale de la calzada, incluso le derrapa un poco, con el consiguiente acojone, -no quiero decir que se le suba nada a la garganta- mientras se le encoge el corazón del susto, no hace falta que después nadie le diga cómo tiene que entrar en la siguiente, pues sabe bien que si de la primera salió ¿bien?, si en la segunda no corrige el error, saldrá dando más vueltas que las campanas de la iglesia de mi pueblo (ya no) en la fiesta patronal, y, él solito, procurará entrar más despacio, sin necesidad de que nadie le diga como lo tiene que hacer. situándose en el lugar que le corresponde y más guapo que un San Luis. De lo contrario, ya sabe lo que le espera: el accidente y sus consecuencias. Por lo tanto, ha influido en él el susto y la lección aprendida en la primera curva.

¿Qué hacer ante un accidente de tráfico en el que no hemos intervenido?

A la casi totalidad de los conductores cuando aprendieron a conducir se les impartieron unos conocimientos del comportamiento a seguir ante un accidente de tráfico; si bien, su conducta en estos casos generalmente se desborda por el nerviosismo y se vuelve ineficaz ante la situación angustiosa que presencia al ver el panorama que tiene ante sus ojos, y son incapaces de tener un comportamiento acertado  y acorde a la situación que se les plantea.
Cuando nos encontramos ante un accidente de tráfico, el comportamiento de las personas que van llegando es de lo más variado y no es infrecuente que cada una pretenda actuar “a su manera”  o “enseñarte” cómo se hacen las cosas en estos casos.

La buena voluntad, acompañada del desconocimiento de la mayoría de los conductores de cómo hay que actuar ante un accidente de tráfico de los que se detienen indebidamente, aconseja al socorrista cierta prudencia en la respuesta, pues, la verdad es que generalmente lo que hacen es entorpecer la labor del que sabe lo que hace, al tiempo que con su presencia hacen aumentar la congestión de la circulación en la vía.

El error quizá no sea siempre solo achacable al conductor normal. Algo habremos hecho mal los enseñantes cuando la gente no ha asimilado los conocimientos que “tratamos de impartirle” cuando estuvieron en la autoescuela a los  que acudieron a las clases cuando se impartían. O, posiblemente, algunos también pasaron olímpicamente del tema cuando el profesor trataba de que lo aprendieran; (de esto, también se podría hablar largo y tendido), pero lo cierto es que, el comportamiento ante un accidente, generalmente no siempre es el adecuado a las circunstancias que lo rodean.

Vamos a ver por partes la actuación que deberemos tener ante la presencia de un accidente ya ocurrido al que nos acercamos con nuestro vehículo.

Lo primero de todo.

Si al llegar al lugar del accidente la ayuda ya está organizada por otras personas, o la policía está presente y no somos médicos o socorristas expertos en la materia, lo mejor que podemos hacer por el bien de todos, es acelerar nuestro motor y que el vehículo que conducimos adquiera la mayor velocidad que en ese momento permitan las circunstancias para salir y alejarnos de allí lo más pronto posible y cuanto más lejos, mejor, nada de aminorar la marcha para curiosear, a no ser que los responsables del auxilio nos lo requieran.

Tan pronto percibamos la presencia de la policía de tráfico que es la que tiene que organizar la ayuda y la única que dispone de los medios necesarios para ello, nuestra presencia, no solamente es innecesaria, sino un estorbo. ¡Así, como suena!
Es por eso que la policía actualmente ya impide que ningún conductor se detenga ante un accidente debido a las consecuencias que de ello se derivan. Es la Policía de Tráfico la que recavará los medios necesarios para solventar con la mayor diligencia posible cuanto sea preciso para volver cuanto antes a la normalidad.

Recordemos: nada de aminorar la velocidad ni detenernos innecesariamente ante un accidente que no precisa de nuestra presencia. Hay que agilizar la circulación en estos casos excepcionales. ¡Colaboremos todos por el bien de todos!

Se da la curiosa circunstancia de que, con sólo ver un vehículo detenido aunque sea al otro lado de la autopista con un pequeño golpe, hasta los vehículos que circulan por el otro sentido, aflojan la marcha, se giran para mirar y se desplazan de su carril por curiosear algo que no les afecta para nada. ¿Por qué?

 Si al llegar al lugar del accidente la ayuda no está organizad y somos los primeros en llegar, nuestra obligación es auxiliar.

¿Cómo?
Veamos y, vayamos por partes:

En primer lugar.

Para prestar auxilio en un accidente de tráfico hace falta frialdad, temple, tranquilidad, calma, paciencia y conocimientos de lo que hay que hacer; porque si no sabemos lo que tenemos  hacer, es mejor no hacer nada. Absolutamente nada, si de verdad queremos colaborar; por muy buena voluntad que tengamos. Cosa que no se pone en duda.

Los pasos a seguir, son los siguientes:
Detenerse de forma que no se cree un peligro para la circulación en un lugar no muy alejado del accidente pero tampoco no muy cerca del mismo por razones de estrategia y seguridad; siempre hay que dejar expedito el entorno del accidente, y la presencia de nuestro vehículo sería un obstáculo innecesario. Un estorbo.
Nos colocaremos el chaleco reflectante antes de abrir la puerta de nuestro vehículo y antes de salir del mismo; dejaremos en funcionamiento las luces de emergencia (los cuatro intermitentes simultáneamente) para señalizar la posición de nuestro vehículo, además de, situar en el lugar correspondiente el triángulo o triángulos de preseñalización de peligro, dependiendo del tipo de vía en la que nos encontremos que deberemos situarlos por delante y por detrás cuando la vía sea de dos sentidos y solamente por la parte posterior cuando disponga de más de tres carriles o sea de un solo sentido de circulación, a una distancia mínima de cincuenta metros por delante y por detrás y que sean visibles como mínimo a cien metros también por ambos lados y, acordarnos de recogerlos al marcharnos.

Si además del conductor, para prestar ayuda, saliera del vehículo algún ocupante, deberá también este proveerse del correspondiente chaleco reflectante, sin el cual no podrá estar en la vía como establece la norma al efecto.

¡Ojo...!, antes de alejarnos cerraremos bien todas las puertas de nuestro vehículo y llevarnos las llaves en el bolsillo. Los amigos de lo ajeno en estos casos, actúan con una rapidez supersónica cambiando las cosas de sitio, y, por desgracia, no es infrecuente que después de ayudar al accidentado, cuando regresemos a nuestro vehículo, nos lo hayan aligerado de peso. No fiarse; son muy astutos y siempre están a la expectativa. 

En el caso de llevar equipaje en la baca (porta equipajes), de cuando en cuando echarle una ojeada porque también acostumbran a llevarse las maletas o cuanto tengamos encima de nuestro vehículo cuando no tengan la posibilidad de abrirlo; cosa que también deberemos vigilar para no llevarnos sorpresas desagradables; pues, los cacos saben muy bien que la gente, con el afán de ayudar, se distrae y olvida de su vehículo, momento que ellos aprovechan para hacer su trabajo y desaparecer velozmente.

Si hay más de una persona, procurar regular la circulación (el tráfico) para evitar congestiones innecesarias hasta que llegue la Policía de Tráfico, intentando en la medida de lo posible que los conductores que van llegando no se detengan y darle la mayor fluidez posible, con el fin de evitar molestias y retrasos a los vehículos de urgencia que tengan que acudir a prestar sus servicios.

Seguidamente, y, extremando al máximo las precauciones, nos dirigiremos al lugar del accidente y, por nuestra propia seguridad comprobaremos y nos aseguraremos bien de la proximidad y velocidad de los vehículos que se puedan acercar, haremos una composición del lugar, no nos acercaremos todavía a los heridos sino que señalizaremos el accidente (el vehículo o vehículos accidentados) con los medios de que dispongamos, bien con sus triángulos u otros medios o, mediante otras personas que adviertan a los que se aproximen que tienen la misma obligación que nosotros de colaborar hasta que llegue la autoridad o sus agentes, siempre asegurándonos de que  los que se acercan se percatan de nuestra presencia. 

Si es posible, accionar la señal de emergencia del vehículo o vehículos accidentados.
Oleremos (olfatearemos), por si hubiese gasolina derramada como consecuencia del impacto cuya presencia es un peligro  enorme y, si huele a gasolina hay que localizarla sin dar ningún otro paso más, pues es frecuente que en el lugar del accidente haya alguna piedra o piedras sueltas que al pisarlas o moverlas puedan hacer saltar una chispa, inflamar la gasolina derramada y producir una explosión haciéndonos volar por los aires. También hay que tener precaución al abrir las puertas del vehículo siniestrado si estas estuvieran bloqueadas, porque al forzarla para abrirla, con la fricción podría saltar la chispa si ejercemos mucha presión.
Tomaremos esa misma precaución cuando para sacar algún herido haya que desplazar o mover partes metálicas del vehículo o vehículos siniestrados por la razón antes expuesta

Si lo que está derramado es gas-oil, no existe peligro de que se inflame; por lo que es conveniente saber distinguir el olor de ambos.

En la medida de lo posible, si hubiese gasolina derramada, echarle tierra o arena para cubrirla pero no olvidarse de que los gases son altamente inflamables; por lo tanto, hasta que no desaparezcan los gases, no desaparece el peligro de incendio o explosión. ¡¡¡Téngase muy en cuenta esto...!!!

Detener cuanto antes el funcionamiento del motor o motores del/los vehículos accidentados, tomando las precauciones antes citadas

Es frecuente en los accidentes que, como consecuencia del impacto se rompa  o se salga algún maguito u otro conducto de la gasolina y la bomba siga funcionando hasta que se pare el motor, con lo cual,  esta siga saliendo al exterior esparciéndose en las proximidades del vehículo, por eso, ante un impacto fuerte hay que prever esa posibilidad.

Todo lo expuesto hasta aquí es para cuando el accidente ocurre durante el día con claridad suficiente que le permita ver a una considerable distancia cualquier objeto u obstáculo a los usuarios de la vía que se aproximen al lugar del siniestro.

¿Cómo actuar en la oscuridad?

Cuando por razones de nocturnidad o condiciones climatológicas o ambientales adversas carezcamos de visibilidad suficiente, tales como lluvia, nieve, niebla polvo humo, además de lo anteriormente expuesto, el comportamiento de las personas  que lleguen las primeras, deberá ser el siguiente:
El conductor que se acerque el primero al lugar del accidente,  situará su vehículo en la medida de lo posible fuera de la calzada, en el arcén, mediana o lugar idóneo, lo inclinará formando una diagonal al eje transversal de la  calzada de forma que su haz de luz ilumine el escenario del accidente para que el resto de conductores que vengan por ambos lados perciban el panorama, se percaten de su presencia y colaboren como es su deber y tengamos la claridad suficiente para poder actuar en lo que podamos, gracias a que la zona transversal de la calzada iluminada por el haz de luz de nuestro vehículo, nos permitirá en parte, ver lo acontecido y actuar en consecuencia.

En estos casos una buena linterna, moviéndola (balanceándola), es de gran utilidad para advertir a los que se acerquen; siempre extremando hasta al máximo la precaución ante el peligro físico que supone para el que lo hace, estar en la orilla de la calzada haciéndole advertencias a los demás.

 Dados estos pasos, tanto de día como de noche, lo siguiente será, esa composición de lugar que antes citamos, para ver lo que podemos hacer e inmediatamente recabar la presencia de la autoridad correspondiente llamando al 112, nada de policías de tráfico, municipales, autonómicas, etc. El 112 es el que mejor sabe lo que hay que hacer y las medidas a tomar en estos casos. Nosotros le aportaremos los datos que nos pidan y la máxima información posible de la situación que tenemos por delante, para que desde el puesto de mando, el que nos atiende al otro lado del teléfono, trace la estrategia que requiera la actuación del caso que nos ocupa.
Recordad. En estos casos, llamar siempre al teléfono 112 que, además, es gratuito y aunque sea desde un teléfono móvil de tarjeta que en ese momento carezca de saldo, la llamada podrá efectuarse sin ningún coste para el que la efectúa y ahorrará perdidas de tiempo; pues, el 112, coordina todos las emergencias.

Al leer esto hasta aquí, alguien ha podido pensar que vaya desconsideración que tengo con los heridos que pueden estar moribundos y no le he prestado todavía ninguna ayuda.
Pues, efectivamente, de momento se tendrán que esperar por muy graves que estén, ya le llegará el momento y les ayudaremos todo lo que esté a nuestro alcance, pero  lo primero es la seguridad y, esta, requiere seguir un orden, aunque nos resulte extraño o no nos guste; por muy ingrato que en principio pueda parecer.

Estoy completamente de acuerdo en que cada uno puede y debe pensar lo que quiera, pero ya dije al principio que la asistencia a un accidente de tráfico requiere sobre todo frialdad y calma, NINGUNA PRISA, ¡¡¡Ninguna....!!! La prisa es la peor compañera del conductor, su mayor enemigo. También en los accidentes de tráfico.
La actuación en estos caso requiere temple y hacer las cosas con tranquilidad y sosegadamente siguiendo unas pautas establecidas por las personas entendidas en la materia si no queremos que se agraven más aun las consecuencias del accidente.

Una vez efectuadas todas las comprobaciones anteriormente dichas, nos dirigiremos a los heridos, sin tocarlos de momento, hablándoles con delicadeza.
Y, como ya me he extendiendo demasiado. Dejaremos para la próxima entrada el comportamiento con los heridos y lo que establece la normativa vigente respecto al accidente.

He colgado este tema porque me ha parecido oportuno antes de las vacaciones de agosto, para que, si alguien se encuentra en una situación parecida, tenga una idea aproximada de lo que NO debe hacer.
Y, un consejo (más bien, ejemplo), para los que se impacientan por parar ante cualquier accidente de circulación sin contar que lo primero es la seguridad.
Hace aproximadamente una treintena de años escasa, en la A-7, aproximadamente a un par de kilómetros de mi domicilio, presencié un escalofriante espectáculo: hubo un accidente por alcance de un par de vahículos cuya gravedad no era mucha, un conductor que lo presenció porque venía por detrasde los que colisionaron, se paró allí mismo, sin tomar las debidas precauciones, bajo inmediatamente del coche con la mejor voluntad para prestar la ayuda que él consideraba su deber; otro vehículo pesado que lo seguía le embistió por detrás cuando ya estaba parado y el conductor fuera, causándole la muerte a sus dos hijas pequeñas que llevaba en el asiento trasero. ¿Se imaginan el drama...?

Supongo que no hará falta consejo para este supuesto; con el sentido común es suficiente.
Espero y confío en que este caso que he simplificado hasta el máximo para no dramatizar, pueda servir de referencia a los que tengan alguna duda de si parar o no, y cómo y dónde hay que parar cuando haya que parar; asi como las medidas de precaución ante un accidente citadas con anteriorida, por razones de seguridad y no impacientarse por atender en primer lugar a los heridos, olvidándose de la seguridad que es primordial y lo más importante en estos casos.  Por muy discutible que pueda ser esta medida.

Podría aportar algunos ejemplos más de parecido contenido; pero me parece sufiente lo expuesto para que cada uno juzgue lo que considere más oportuno y extraiga la conclusión que le merezca el ejemplo citado.

Por mi parte, no tengo ningún interés personal en asustar a nadie, sino en exponer la realidad de los hechos y los riesgos innecesario que se corren cuando no se actua con cordura y buen hacer.
Espero no causar molestias al alterar el orden de las entradas anunciadas, intercalando este tema de los accidentes que no estaba previsto.

09 julio 2012

AL VOLANTE




  MANIOBRAS.
 Segunda parte. Iniciar la marcha y marcha hacia atrás

 Siguiendo con el tema de las maniobras expuesto en la entrada anterior del volante, daremos comienzo a la manera de efectuar cada una de ellas.

Las maniobras básicas que con más frecuencia realiza el conductor con su vehículo son: Iniciar la marcha, marcha hacia atrás, desplazamientos laterales, adelantamientos, cambios de dirección, cambio de sentido de la marcha, paradas y estacionamientos.

Comenzaremos en el orden citado y hoy veremos la forma de comportamiento que requiere la incorporación a la circulación y la marcha atrás.

Iniciar la marcha.

El conductor que se incorpora con su vehículo a la vía, va a formar parte de las distintas corrientes circulatorias que por la misma discurren para pasar a  ser uno más de los usuarios que la ocupan y a la que pretende acceder, como tal, deberá hacerlo sin causar molestias indebidas a los demás usuarios; y, se comportará de forma que casi no se note su presencia.

Modo de efectuar la maniobra de incorporación.
En primer lugar, todo conductor que pretenda incorporarse a la circulación es porque está inmovilizado, bien parado o estacionado en una vía o procedente de las vías de acceso a ésta, de sus zonas de servicio o de una propiedad colindante; deberá cerciorarse previamente, incluso siguiendo las instrucciones de otra persona en caso necesario, de que puede hacerlo sin peligro para los demás usuarios, cediendo el paso a otros vehículos y teniendo muy en cuenta la posición, trayectoria y velocidad de éstos, y lo advertirá con las señales obligatorias, que son los intermitentes o el brazo si este es visible por los demás usuarios.

Cuando un conductor salga a una vía de uso público por un camino exclusivamente privado, debe asegurarse previamente de que puede hacerlo sin peligro para nadie y efectuar la incorporación a una velocidad que le permita detenerse en el acto, cediendo el paso a los vehículos que circulen por aquella independientemente del sentido en que lo hagan, pues, lo que conocemos como progresión normal, siempre tiene prioridad, salvo en las excepciones establecidas y reguladas por la norma correspondiente.

Todo conductor que se incorpore a la circulación advertirá ópticamente la maniobra a los demás usuarios de forma clara y previa a su realización.

Si la vía a la que nos vamos a incorporar está dotada de un carril de aceleración, (generalmente, autopistas y autovías) el conductor que lo utiliza para incorporarse a la calzada, según el reglamento de circulación, deberá cerciorarse, al principio de dicho carril, de que puede hacerlo sin peligro para los demás usuarios que transiten por dicha calzada, teniendo en cuenta la posición, trayectoria y velocidad de estos, e incluso deteniéndose, en caso necesario. A continuación, acelerará hasta alcanzar la velocidad adecuada al final del carril de aceleración para incorporarse a la calzada sin causar molestias indebidas a los demás usuarios que la están utilizando.

Este apartado que no lo respeta nadie y, la inmensa mayoría de conductores que tienen conocimiento de su existencia lo consideran desfasado, tiene su fundamento técnico, pues si el conductor al comprobar que debido a la presencia cercana de otros vehículos no puede incorporarse sin detenerse, y  se para justo antes de alcanzar la calzada, no podrá incorporarse a la misma a una velocidad lo suficientemente rápida como para no entorpecer a los que circulan por ella porque carece de espacio suficiente para poderla desarrollar; sin embargo, si se para al principio del carril de aceleración, -que, no lo hace nadie- en todo el recorrido del mismo, alcanzará la suficiente velocidad como para no afectarle a los conductores de la vía preferente con su presencia cuando se incorpore a ella.

Este punto concreto, me ha resultado siempre difícil para poder convencer a los alumnos de su función, por la sencilla razón de que si te paras al principio del carril de aceleración, los conductores que te siguen, además de adelantarte indebidamente, te organizan gratuitamente un concierto de claxon de distintas y variadas notas musicales que atruena el ambiente, además de los recuerdos que te dan para toda tu familia; pero, aunque tiene su lógica este precepto, en la práctica, es prácticamente inaplicable. No obstante, ahí queda para el conocimiento de aquellos que se tomen la molestia de leer este tema en esta web zarceña. Y, por favor, que ninguno de los lectores me haga la pregunta típica de los alumnos: ¿Tú, te paras al principio? Porque  no le voy a contestar.

Veamos a continuación, cómo debe comportarse el conductor que tiene la intención de incorporarse a cualquier vía, especialmente si es de dos sentidos de circulación:

Cuando el conductor está por ejemplo estacionado en línea (uno detrás de otro) como es muy frecuente en poblado, si la vía es de dos sentidos y pretende incorporarse a la circulación desde la derecha como es la norma general en estos casos, lo primero que debe hacer es situar su vehículo en posición de salida, o sea, ligeramente inclinado (un poco nada más) para que tenga buena visibilidad mirando ocularmente por el rabillo del ojo a través la ventanilla izquierda, asegurándose así que la presencia de los vehículos que se le acerquen por detrás no van a ser afectados por su presencia al incorporarse. En esta fase son muy frecuentes los errores de cálculo (más bien imprudencias), pues a menudo el conductor que intenta salir y se percata de la presencia de otro vehículo que se acerca por su izquierda piensa: viene lejos, me da tiempo a salir; y, efectivamente, le dio tiempo a salir, pero no a llegar. Y, ¡¡Zas...!! Tortazo al canto. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que sufrió un error de cálculo. Cuando miramos hacia atrás y vemos que se acerca un vehículo, hay que calibrar bien la decisión de salir, pues si se trata de un vehículo rápido y su velocidad es considerable, deberemos optar por esperar, ya que la diferencia de velocidad existente entre el que viene lanzado y la nuestra al incorporarnos en primera y despacio, por mucho que revolucionemos el motor, no nos permite recorrer el espacio suficiente para que el que se aproxima no nos alcance o tenga que frenar bruscamente para no alcanzarnos, o para eludirnos, realizar un giro brusco acompañado del correspondiente pitazo y recuerdos para nuestro pariente más cercano, además del típico signo del dedo o del brazo para que nos enteremos del aprecio que nos tiene sin conocernos de nada.
Ante la más mínima duda, forrarse de paciencia y esperar hasta una nueva oportunidad.

En general, para conducir, es necesario temple, comprensión, tolerancia y sosiego; pero, para incorporase a la circulación en estos casos hay que tener una considerable dosis de esa paciencia y comprensión citadas, si no queremos vernos involucrados en un accidente cuyas consecuencias son siempre imprevisibles. Teniendo en cuenta que cuando el choque es por alcance lateral, el golpe más fuerte lo recibe el conductor que tiene el coche inclinado y su cuerpo está expuesto a recibir el primer impacto.

Por el contrario, si el vehículo que se acerca por detrás es un vehículo voluminoso, lento o viene muy despacio, debemos procurar incorporarnos con rapidez y viveza pero sin derrapar, para salir con seguridad antes de su llegada evitando ser uno más  de la caravana que lo más probable es que le siga en forma de procesión, generando atasco y contaminación indebida, independiente de lo antieconómico y contaminante que resulta siempre la caravana.
Una vez comprobada la posibilidad de no obstaculizar a los que vienen por nuestra izquierda, comprobaremos también la posición, trayectoria y velocidad de los que se acerquen por la derecha, o sea de frente, pues, si bien circulan por el carril de sentido contrario, si la calzada dispone solo de un carril para cada sentido, es frecuente tener que invadir parte de ese carril para podernos incorporar, pues como en la salida tenemos las ruedas giradas a la izquierda,  y, mientras salimos, debemos irlas girando a la derecha para luego enderezarlas, en ese recorrido generalmente ocupamos parte del carril de sentido o puesto y si no calculamos bien los parámetros antes citados, corremos el riesgo de encontrarnos con el que viene de frente, originando un choque frontal fácilmente evitable que, como es bien sabido, es el más peligroso y graves sus consecuencias.

Cuando se trata de incorporarnos a la circulación desde el lado derecho en una vía de sentido único si estamos entre dos vehículos que nos impiden total o parcialmente la visibilidad en la salida, se nos complica un poco más la cosa, pues, como el volante no lo tenemos en el lado derecho, por ese lado no tenemos apenas visibilidad, y, al inclinar el coche para la incorporación, no podemos ver nada por el espejo exterior izquierdo ni por el derecho, porque quedan fuera de foco, no nos queda más remedio que señalizar con el intermitente izquierdo, estirar el cuello todo lo que podamos para ir mirando poco a poco a medida que vamos saliendo lentamente para comprobar si viene algún vehículo por detrás y, si nos percatamos de la presencia de alguno, detener inmediatamente la marcha, esperar a que tengamos el espacio libre y, tan pronto como nos sea posible, salir con rapidez e incorporarnos a la derecha de la calzada, para que si viniera alguno por detrás después de nuestra incorporación más velozmente que nosotros, nos pueda adelantar con seguridad y sin tener que frenar innecesariamente.

Los supuestos de incorporación a la circulación sin ceder el paso a otros vehículos tendrán la consideración de infracciones graves.

Obligación de los demás conductores de facilitar la maniobra.
Con independencia de la obligación de los conductores de los vehículos que se incorporen a la circulación de cumplir las prescripciones apuntadas con anterioridad, el resto de conductores deberán facilitar, en la medida de lo posible, dicha maniobra, especialmente si se trata de un vehículo de transporte colectivo de personas (autobuses) que pretenda incorporarse a la circulación normal desde una parada señalizada como tal (paradas de autobús tanto urbana como interurbana).

En los poblados (vías urbanas), para facilitar la incorporación de los vehículos de transporte colectivo de viajeros, los conductores de los demás vehículos -de todos- deberán desplazarse lateralmente, siempre que fuera posible, o reducir su velocidad, dando cumplimiento a lo expuesto anteriormente, incluso llegando a detenerse, si fuera preciso, para que los autobuses puedan efectuar la maniobra necesaria para proseguir su marcha a la salida de las paradas como tales.

Lo dispuesto en el párrafo anterior no modifica la obligación que tienen los conductores de los vehículos de transporte colectivo de viajeros de adoptar las precauciones necesarias para evitar todo riesgo de accidente, después de haber anunciado con claridad y antelación por medio de sus indicadores de dirección, (intermitentes) su propósito de reanudar la marcha, y, asegurándose de que los demás usuarios de la vía (conductores) se han percatado de sus intenciones.

Esto que puede parecer una discriminación a favor de los autobuses, es de una lógica aplastante en vías urbanas, pues, si no existiese esta obligación para el resto de conductores, en más de una ocasión, los autobuses no saldrían de la parada, porque nadie le facilitaría la incorporación; haciendo que los ocupantes llegasen al trabajo a la hora de finalizar la jornada.

Lo expuesto anteriormente, no le otorga preferencia a los conductores de autobuses en vías interurbanas al incorporarse a la circulación desde una parada regular; pues si el resto de conductores le tuviesen que ceder el paso, llegando a detenerse, podría ser un auténtico caos en determinadas ocasiones y el lugar una ensaladera de accidentes. Lo que sí se le debe es facilitar la incorporación cuando lo permitan las circunstancias.

La marcha atrás.

La ejecución de la marcha atrás conlleva un más que considerable peligro como consecuencia de la escasez de visibilidad que tiene el conductor al efectuarla, pues, como no podemos girar la cabeza como los monos para mirar con normalidad hacia atrás sin retorcer el cuerpo, no nos queda más remedio que retorcernos, coger el volante con una mano para controlar la máquina y al mismo tiempo mirar medio de lado hacia atrás, la posición es incomoda y la visibilidad muy escasa, por esa razón es necesario extremar la precaución al máximo; pues, tanto si asimos el volante con la mano izquierda para mirar por dentro, como si lo cogemos con la mano derecha para mirar por la ventanilla del lado izquierdo, la escasa visibilidad que tenemos, no nos permite ver el completo de la calzada normalmente, y la incomodidad de la postura tampoco nos permite la movilidad suficiente, como para desenvolvernos con soltura al girar el volante si fuera necesario para corregir la trayectoria.

Normas generales para su realización.

Como norma general, se prohíbe circular marcha atrás, salvo en los casos en que no sea posible marchar hacia adelante ni cambiar de dirección o sentido de la marcha, y en las maniobras complementarias de otra que la exija (por ejemplo el estacionamiento), y siempre con el recorrido mínimo imprescindible para efectuarla.
Cuando el recorrido hacia atrás, sea como maniobra complementaria de la parada, el estacionamiento o la incorporación a la circulación, no podrá ser superior a quince metros ni invadir un cruce de vías.

En autopistas y autovías, está prohibida siempre la maniobra de marcha atrás.

Las infracciones a las normas establecidas para la ejecución de la marcha atrás, cuando constituyan un supuesto de circulación en sentido contrario al estipulado, tienen la consideración de graves, conforme se prevé en la Ley de seguridad Vial.

Ejecución de la maniobra.

Por los motivos que se han citado con anterioridad, la maniobra de marcha hacia atrás deberá efectuarse siempre lentamente, después de haberlo advertido claramente con las señales preceptivas y de haberse cerciorado, incluso apeándose o siguiendo las indicaciones de otra persona que nos pueda ayudar, si fuera necesario, de que, por las circunstancias de visibilidad, espacio y tiempo necesarios para efectuarla, no va a constituir peligro para los demás usuarios de la vía.

El conductor de un vehículo que pretenda dar  marcha hacia atrás deberá advertir su propósito a los demás usuarios de la vía.

Igualmente, deberá efectuar la maniobra con la máxima precaución y detendrá el vehículo con toda rapidez si oyera avisos indicadores o se apercibiera de la proximidad de otro vehículo o de una persona o animal o tan pronto lo exija la seguridad, desistiendo de la maniobra si fuera necesario hasta poder llevarla a término con la suficiente garantía de seguridad para todos.

La señalización óptica deberá efectuarse con una o dos luces de color blanco que el vehículo debe llevar siempre en orden de servicio instaladas en la parte posterior del mismo y activarse al introducir el conductor la marcha atrás,  extinguiéndose cuando la palanca del cambio vuelva a la posición de punto muerto. También podrá señalizarla el conductor con el brazo más próximo a la ventanilla, extendiéndolo horizontalmente y moviéndolo repetidas veces de atrás hacia delante con el dorso de la mano hacia atrás; pero, como ya se citó anteriormente, la posición no puede ser más incómoda y en la mayoría de los casos es  irrealizable, no parece aconsejable su utilización, aunque es de obligado conocimiento por los conductores la posibilidad de su empleo y existencia.

Y, para terminar, un par de consejos.

La salida de los garajes o cocheras se debe hacer siempre que sea posible hacia delante y entrar marcha hacia atrás, pues la salida siempre entraña un mayor peligro hacia atrás que hacia delante por la falta de visibilidad. Es obvio, ¿no....?

En los casos de niebla densa, lluvia intensa, nieve copiosa, nubes de polvo o de humo, si no es completamente imprescindible la maniobra de marcha hacia atrás, es aconsejable no efectuarla y buscar un lugar en el que se pueda cambiar de dirección o sentido, aunque para ello haya que efectuar un largo recorrido, pues no nos percataríamos de la presencia de los vehículos que se acercan al nuestro hasta que no oigamos el ruido generado por el choque.

Y, una pregunta para todos, conductores y ocupantes.

Si la prisa es el mayor enemigo de la conducción: ¿Cómo deberán tomárselo los conductores que hayan leído esto....?

02 julio 2012

DICTADURAS


Sin duda, todas las guerras son espantosas y lo han sido a lo largo de la historia conocida por el hombre, pero las guerras civiles son horribles, repugnantes, injustificables e inhumanas y, en ningún caso han servido para nada positivo; sólo para que cuando terminan, no se logre la paz; pues esta, no llega nunca porque siempre hay una victoria de los unos sobre los otros, aflorando por ese motivo, los rencores, las venganzas y las más ruines miserias de los ganadores que se convierten con su victoria en todopoderosos oportunistas generalmente cargados de odio hacia los que consideran, además de humillados, enemigos derrotados y despreciados en vez de ciudadanos con distinto parecer y criterio pero con los mismos derechos y obligaciones que los victoriosos; algo que les resulta costoso digerir.
Cierto, que en toda contienda conocida, los enfrentados no van a tomar café a las trincheras en plan tertuliano ni a jugar una amistosa partida a las cartas o el dominó; pero lo ocurrido en nuestro país en el 36, fue una ignominia sin ningún género de dudas. Un cruento golpe de Estado que traicionó la República que, con todos sus defectos, fue elegida democráticamente por el pueblo -si bien, como todo Estado que estrena un nuevo sistema, necesitaba un tiempo de adaptación al mismo, ya que las circunstancias cambiaron y se precisaba cierto rodaje para ponerse al día-; arrasó con todo lo conseguido hasta entonces por los derechos que le otorgaba la misma; independientemente de los errores que hubiera cometido en su andadura como le ocurre a todas las democracias al inicio de su puesta en marcha que, sus dirigentes deambulan hasta encontrar la salida. Y si algún dirigente comete algún delito, para eso están los correspondientes tribunales; para aplicarle la Justicia con justicia y poner a cada uno en su sitio cuando infringe las leyes establecidas por un Parlamento democrático: el hotel rejas. (la cárcel) que es el lugar que le corresponde a los delincuentes. Sean del partido político que sean y tengan el cargo que tengan; pues no pasan de ser unos indeseables en los que el pueblo no puede depositar ninguna confianza.
Mayor desbarajuste que ha habido en Italia después de la Segunda Guerra Mundial con tanto cambio de Gobierno y gobernantes; con gobiernos que duran una primavera escasa, (excepto el de Berlusconi) y, sin embargo, no han traicionado ni a la República ni a la democracia con todos sus defectos. El viejo dicho que hablando se entiende la gente, a los golpistas del 36 le debió resultar incomprensible y no lo pudieron descifrar.
La estela dejada por esta traición, nos impidió durante muchos años, ( aún estamos pagando un elevado precio) estar al lado y a la misma altura que el resto de países de la Europa democrática que, generalmente nos han ignorado, cuando no considerado como los pobres del sur y otras cosas más, que, tampoco es necesario recordar detalladamente.
Por otra parte, los derechos que establecía la Constitución del 31, fueron el orgullo de los que creían en la igualdad, la libertad y la democracia que en ella se establecía como norma de convivencia entre los españoles; pero no contaban con que grandes intereses ocultos pero con gran vitalidad que se veían con algunos de sus privilegios recortados, no pudieron resistir la tentación de demostrar con el poder de las armas (que, por cierto, no eran suyas sino del pueblo) quien mandaba en su España y a qué precio, pisoteándolos y liquidando sin piedad al que se interpusiera en su camino para conseguir su fin; que, como toda dictadura, es favorecer a unos cuantos en detrimento de la mayoría. Algo que ha sido común a lo largo de la historia conocida en todas las dictaduras que han sido y siguen siendo demasiadas.
Las consecuencias de semejante barbaridad las hemos pagado, y las seguimos pagando, los de siempre, sobre todo, los que nacimos al finalizar la contienda; aquellos que no pudimos disfrutar desde la infancia de los beneficios que hubiese producido la democracia sin corona, cuando esta hubiese encontrado el equilibrio que necesita todo cambio de esa envergadura; como ocurrió en otros países que acertaron con su república y su democracia, no sin muchos y grandes sacrificios por parte de sus ciudadanos que al paso del tiempo se han visto recompensados.
¿A quién favoreció la Guerra Civil Española?
Al finalizar la contienda, se debió establecer una generosa amnistía por parte de los vencedores, toda vez que la guerra fue entre hermanos; independientemente de la ideología de los que ganaron o perdieron, sobre todo si tenemos en cuenta que a contendientes de ambas partes le cogió la guerra en una determinada zona en la que no les quedó otra alternativa que combatir allí, tanto si estaban como si no estaban de acuerdo, pues en ambos bandos se cometieron muchos y graves errores; pero, el mayor error de todos fue el levantamiento contra la Constitución democrática. Todo lo demás, con el paso del tiempo hubiese encontrado la salida y una adecuada solución sin pagar un precio tan elevado como hemos tenido que pagar los españoles por el mayor error de nuestra historia conocida, que fue la fratricida Guerra Civil del 36-39, que dio paso a la dictadura en la que todos los españoles, todos sin excepción, perdimos algo que no tiene recuperación; porque, la dictadura es la forma de gobierno en la cual el poder generalmente, se concentra entorno a un solo individuo o junta militar que, con un Gobierno de ipso, excluye la división de poderes, ejercita arbitrariamente el mando y favorece a la minoría que la apoya, institucionalizando un procedimiento que le impide a la oposición llegar al poder que, siempre es controlado por el dictador y sus secuaces que manejan las riendas del mismo.
Las dictaduras, excepto la romana, que tenía carácter temporal, porque era un Gobierno extraordinario que le confería autoridad suprema a una persona, (el dictador) en los momentos más difíciles y complicados, especialmente en casos de guerra, han sido impuestas generalmente mediante la fuerza, doblegando la voluntad de los ciudadanos y han tenido carácter autoritario y/o totalitario, en ambos casos, se sustentan gracias al poderío del aparato militar que las aupó, o paramilitar que algunas implantan una vez que ocupa la poltrona el líder en torno al cual se ramifica el poder.

Desde su existencia, al hombre siempre le han acompañado las luchas tribales, sectoriales, territoriales y multinacionales; en todas ellas se han pisoteado los derechos humanos, se ha masacrado inmisericorde al contrario, al que siempre se le ha considerado enemigo. Se han impuesto crueles dictaduras encabezadas generalmente por unos tiranos sin piedad, todos ellos cargados de enormes complejos de inferioridad que, se envalentonaban desde la poltrona y disfrutaban con sus desmanes; y, ¿para qué han servido las dictaduras a lo largo de la historia de los tiempos? ¿Qué le han aportado a la igualdad, la justicia, la cultura, la libertad y la democracia.? ¿Cuántos estragos han causado y cuantas injusticias se han cometido, sin contar torturas y vejaciones. ¿Cómo se puede estar de acuerdo con ese tipo de sistema de Gobierno de un pueblo sin que sus ciudadanos pierdan la dignidad? ¿Qué intereses mueven los hilos de los golpistas? ¿La igualdad de sus ciudadanos? ¿La ternura paternalista del tirano que la encabeza?  ¿Quién se traga semejante patraña?
Soy consciente de que este tema levanta ampollas en ciertos sectores de nuestra sociedad, algunos de ellos, no muy acostumbrados a dialogar por ser partidarios del monólogo; pero  a estas alturas de la historia, y teniendo en cuenta que el ser humano debe buscar una  mayor igualdad entre iguales, parece razonable una visión más estilizada de la política para encarar una perspectiva más real y buscar una fórmula que permita alcanzar esa realidad a la que todos aspiramos: igualdad, paz, justicia y libertad. Para ello, aunque esto ahora suene a cuento chino, los pueblos deberán gobernarse a sí mismos con un sistema de representatividad totalmente democrático; o sea, todos los representantes públicos deberán ser elegidos en las urnas, todos sin excepción; lo cuál, supone que las dictaduras, vetustas y anacrónicas heredadas monarquías, imperios, etc., cuyos dirigentes no son elegidos mediante el voto secreto y directo deberán desaparecer por la vía voluntaria, para evitar que levantamientos del pueblo harto de tanta desigualdad y humillación, terminen haciendo con sus dirigentes lo mismo que en Irak o Libia, por poner un par de recientes ejemplos, pues, tanto a Sadan Hussein como a Muamar el Gadafi, la despedida que tuvieron, no fue la que se imaginaban, pero que cuando se presiona tanto, hasta las hormigas se revelan.
Luis