17 julio 2017

VACACIONES AL VOLANTE


Las vacaciones, ese periodo de descanso anual, tan esperado a lo largo del año, generalmente, van acompañadas de los correspondientes desplazamientos  en automóvil, recorriendo la geografía hispana, y, con bastante frecuencia, de largos y, a veces pesados viajes con la correspondiente fatiga que conlleva tantas horas al volante de nuestro coche; así como el riesgo que supone la escasez del necesario descanso; y, como consecuencia, la aparición solapada y silenciosa de la somnolencia o microsueño; esa involuntaria pequeña cabezada de no más de un par de segundos que da nuestro cerebro, como consecuencia de haber sido sometido a una fatiga extrema y origen de la última razón del accidente.

En todo momento, el conductor debe ser consciente de que, estos episodios conducen a la pérdida momentánea de la consciencia, y que los afectados, normalmente, no se percatan de ello, hasta que han ocurrido y ya no tiene remedio.

Los síntomas delatores que se dan con más frecuencia, antes de que esto suceda, suelen aparecer aproximadamente, en el correr de la media hora más o menos, anterior a la aparición de los mismos y nos ponen sobre aviso, e inmediatamente, tan pronto  nos percatamos de ellos, deberemos dejar de conducir, si no queremos perder en breve el dominio de la máquina.

Esa sucesión de alertas, nos las ofrecen: el picor en los ojos, reflejos más lentos, pesadez en los brazos, incapacidad de mantener la postura cómoda que adaptamos normalmente conduciendo, parpadeo frecuente; suelen ser la radiografía, más o menos próxima a la realidad previa a la pérdida del control del vehículo, motivada por la presencia de la somnolencia antes citada, que aparece solapadamente y cuyas consecuencias, son imprevisibles, pero, siempre negativas.

Éste, es un episodio que más de un conductor ha experimentado y, desafortunadamente, no se aprende de él, la necesaria lección, para proceder con más sensatez en futuras ocasiones, por confiar en el “yo domino bien la situación”.
Craso error.
El sueño, en invencible y uno de los mayores enemigos del conductor. Sin embargo, no parece preocupar demasiado a los conductores, que, como es costumbre en nuestro país, se duerme menos horas que en los países de nuestro entorno más cercano. Sin preocuparnos mucho de que conducir, requiere constantemente, toda la atención del conductor y el mayor descanso posible en todo momento; pues, el coche no se detiene con el pensamiento; necesita un tiempo y recorrer un espacio antes de su total detención, espacio éste, en el que el conductor, después de reaccionar, no puede hacer absolutamente nada, por muy buena voluntad que ponga en el empeño.

La somnolencia (ese estado entre la vigilia y el sueño), está detrás de múltiples accidentes ocurridos en nuestras carretas y autopistas; si bien, no es fácil contabilizarlos, dadas las circunstancias en las que se producen; toda vez que, generalmente, los conductores afectados no confiesan su apariencia de sueño o falta de descanso, por temor a ser sancionados. Y, sin embargo, son la consecuencia de muchas de las salidas de la vía y choques por alcance, que se podrían haber evitado fácilmente, parando un corto espacio de tiempo en el lugar apropiado para ello, mientras se da una cabezadita corta, y, problema resuelto; evitando de esa manera tan sencilla las muertes y lesiones graves y muy graves que se originan con estos descuidos.

Generalmente, en la mayoría de los casos de emergencia que se le presentan en la conducción, al percatarse de ello, el conductor tiene la opción de reaccionar, bien frenando de emergencia, girando el volante para buscar la salida evasiva, etc., pero, en los casos de somnolencia o presencia más o menos aguda del sueño, no puede hacer nada, ya que no se entera de lo ocurrido, hasta que no tiene ante sí, el panorama que él mismo ha originado involuntariamente; y, cuando se da cuenta de lo ocurrido, ya es tarde y solo le queda asumir las consecuencias  cargando con la correspondiente responsabilidad derivada del hecho, y aprenderse bien la lección recibida de la experiencia vivida.
La comodidad, confortabilidad, automatismos y abundantes prestaciones que nos ofrecen los coches actuales, ayudan y contribuyen en parte a que el conductor, involuntariamente,  se relaje al volante de su coche más de lo prudencial, pues, al encontrase descansando cómodamente en un confortable asiento y un habitáculo provisto de todas las comodidades posibles, de que disponen los vehículos nuevos, se relaja, baja la guardia y se confía más de lo que debiera, lo cual, a medida que va transcurriendo el tiempo sin hacer ningún tipo de ejercicio físico ni movimiento alguno, va poco a poco entrando en el período de somnolencia anteriormente citado.

Dice el viejo refrán, que, no por mucho madrugar amanece más temprano. ¡Qué cierto es!
Podríamos aplicar este aforismo popular a la conducción, y tener en cuenta que, si bien, conducir de madrugada es un buen ejercicio de sensatez para evitar los atascos (sin olvidar que el Sol de madrugada está muy bajo y deslumbra), no lo es menos tener muy presente que mucho tiempo seguido al volante, es mucho más peligroso que cualquier atasco, por muy ingrato que este nos pueda resultar, que lo es; por ello, está prohibido.

Tratar de evitar los atascos en las horas punta, madrugando un poco más que el resto de los conductores, no quiere decir que haya que conducir ininterrumpidamente.
El tiempo máximo de conducción, no debe exceder en ningún caso las dos horas o doscientos kilómetros seguidos, aunque a uno le parezca que resiste y está pletórico de fuerzas y dispone de la suficiente energía para seguir conduciendo en condiciones de seguridad y sin peligro.
El cansancio no se aprecia, pero está ahí, es invisible y su presencia nos acompaña sin que nos demos cuenta de ella. Nos guste o no, está ahí, ojo avizor, esperando el momento del ataque.

Seamos prudentes. La prudencia es la madre de la ciencia.
Para conducir, hace falta mucha paciencia, tolerancia, comprensión y empatía, de lo contrario, lo mejor es quedarse en casa.

Quisiera recordar desde estas líneas, que, el sueño (que, es una actividad a la que los humanos deberíamos dedicarle una tercera parte de nuestras vidas), es imprescindible para nuestro organismo, y que, no hacerlo conlleva unas consecuencias que, antes o después nos pasan factura, muy especialmente, como conductores y de forma especial, en los viajes largos o muy largos, en los que la mayoría, apuramos un poco más de lo debido el tiempo al volante de nuestro coche, por el ansia de llegar cuanto antes.

Téngase en cuenta, que si no respetamos lo suficiente el descanso mínimo necesario, o descansamos poco, nuestros reflejos disminuyen, el tiempo de reacción aumenta ante cualquier imprevisto que se nos presente, porque altera las funciones sensoriales, motoras y de percepción, ralentizando la toma de decisiones acertadas y aumentando el número de errores.
A este es el final, nos puede llevar la presencia del sueño y quedarnos dormidos sin enterarnos.

Evitémoslo, descansando lo suficiente para estar en forma ante el volante y durmiendo entre siete-nueve horas al día, si bien, también depende de cada organismo.
Si bajamos de ese umbral, y restamos una o dos horas por día, tendremos una deuda de sueño que se nos volverá crónica y nos pasará la correspondiente factura, precisamente, cuando vayamos tranquilamente al volante, esperando el final del viaje que nos conduce al destino elegido para disfrutar de nuestras merecidas vacaciones.

Atención, también, las personas que tomen varios medicamentos.
Deben consultar previamente con su médico si le afecta a la conducción o genera somnolencia o relax al volante.
El riesgo de dormirse es mayor en esas situaciones y, no hay que correr ningún riesgo innecesario al volante.

No hay que olvidarse de que, lo mejor de las vacaciones es el regreso a casa sanos y salvos después de disfrutarlas.
La decisión solamente corresponde a cada conductor.


Buen verano. Buen viaje. Buenas vacaciones, mucha suerte y prudencia al volante.

29 mayo 2017

EL POZO AIRÓN (Pozairón)


Airón, fue un dios indígena que ya estaba arraigado en Hispania antes de ser conquistada por los romanos, que respetaron el culto que los lugareños le profesaban a este dios, asentado en las creencias de lo que se supone que escondían las aguas profundas en pozos, simas y lagunas; de ahí, la relación entre el inframundo  y Airón.

La dualidad que alberga la creencia de que el Dios Airón, es el dios de la vida y de la muerte, está relacionada con que, el agua es fuente de vida y emerge del inframundo. Y, en cuanto a su manifestación con el dios de la muerte, deriva de la creencia que, en aquéllos tiempos, según algunas religiones precristianas, las almas de todos los muertos, iban a descansar en el inframundo, al que se asociaba el Pozo Airón de agua inagotable, así como la laguna insondeable.

Sin embargo, todos esos conceptos, no son más que una metáfora (curiosa metáfora, por cierto), basada en la creencia de la existencia de un canal que comunicaba el pozo o la laguna, con el inframundo o mundo de los muertos, lugar del que ya no se puede salir una vez dentro porque, te devoran los monstruos que hay en sus profundidades; toda vez que los coetáneos de aquélla época, consideraban que era el lugar de irás  y no volverás más, que tanto atemorizaba a sus moradores, que, no pasaban de ser una leyenda de terror que, en el Medievo (y algunos siglos después), relacionaban con el entonces maldito, Pozo Airón.

Si bien, no se conoce a ciencia cierta el origen de la identidad del dios Airón, al que, tantas muertes y desventuras se le achacaron en el pasado.

Según la documentación que se posee al efecto, las creencias relacionadas con los distintos pozos Airón, nos conducen a los más variopintos lugares del planeta Tierra, en torno a los cuales existen también, las más variopintas versiones de leyendas, más o menos tenebrosas, que, los no bien informados se cuidaban de propagar, seguramente,  con la mejor intención.

Así por ejemplo, en Francia, según el resultado de algunas excavaciones debidamente documentadas por personal competente, se le hacían sacrificios humanos al dios Airón, cuyos restos óseos, no justifican que, su muerte (o sacrificio) fuesen de origen ritual- espiritista. Si bien, no son infrecuentes los lugares en los que existe un Pozo Airón, en cuyo entorno, la leyenda relaciona la muerte de las personas que caían dentro y, no se les volvía ver más.

Sin duda, Los Arribes del Duero, son una zona privilegiada de la naturaleza, en la que por suerte, abundan los pozos Airón: Pereña-Masueco, Aldeádávila, etc., amén de que, afortunadamente para los charros, nuestra provincia es en la que más abundan los pozos Airón, para nuestro regocijo.

Pero, el Pozo Airón  (Pozairón), que, desde mi infancia ha permanecido latente en mi recuerdo, es el Pozo Airón de La Zarza, mi pueblo, en el que, los niño-as jugábamos en su entorno y nos metíamos dentro descalzos, para chapotear en el agua fresquita que, en verano se agradecía y no escaseaba por entonces.

Seguramente, los que, en mi época eran niños, recordarán la frecuencia y rapidez con  que subíamos-bajábamos al Pozozairón, y, no menos frecuentes las veces que tirábamos dentro las piedras del entorno, para escuchar las distintas tonalidades del sonido que producían al contacto con el agua y tanto nos divertía.

No sé, quien se encargaría de sacarlas, pero sí sé, quienes se cuidaban de meterlas y lo bien que se lo pasaban mientras se dedicaban a ese original deporte, que, era común a todos los niños zarceños, independientemente de la edad.

Lástima que, cada vez queden menos especialistas de los de entonces, en el deporte del llenado de  piedras en el Pozairón zarceño,  para que esbozaran una sonrisa al leer y recordar los buenos ratos que pasábamos los niños haciendo un ejercicio físico que, tantos y tan gratos recuerdos nos proporcionó a los aspirantes al lanzamiento del disco zarceño, que, ahora se practica con tanta frecuencia sin usar la piedra.

Desde la añoranza que me produce el recuerdo de aquéllas vivencia, les quiero enviar desde aquí, mi saludo más cordial a todos los “deportistas” que aún quedan, y entonces  nos dedicábamos al cambio de sito de las piedras que por aquélla época estaban alrededor de nuestro monumental y majestuoso Pozairón zarceño, que, espero y confío en que todavía estén en su compañía, y, no hayan ido a parar junto a las de “Las Pozas”.



Y, a pesar de que en la Península Ibérica existen casi setenta extraordinarios pozos Airón, que son una maravilla de la naturaleza en su mayoría, de los cuales me gustaría acompañar su correspondiente fotografía; por razones de arraigo, solamente adjunto la que encabeza este párrafo (que, me ha proporcionado Manolo), del más importante Pozo Airón del Mundo entero y parte de extranjero: 
El Pozairón zarceño según la versión del autor de este comentario, que es sabedor de que no todos estaréis de acuerdo por pura lógica. 
Pero, yo lo veo así, y, así seguiré viéndolo.


¡Qué le voy hacer!

19 abril 2017

LAS ABARCAS


La moda, esa forma de vestir y entender la vida los humanos, poniéndonos encima del cuerpo todos los trapitos y complementos que le interesa colocar al “mercado de la codicia” a base de introducir las técnicas de la Mercadotecnia o Mercadología (más conocido por la palabra inglesa Marketing), y, siempre ha recibido el nombre de “Moda” (que, por cierto, es lo que más pronto se pasa de moda), para dar paso seguidamente a otro producto que, a pasos agigantados, colocado en el “moderno mercado”, aportará con brevedad unos sustanciosos beneficios económicos a su autor; que, en otros tiempos,  y dado que el periodo de duración de la moda, era bastante más prolongado que en la actualidad, no se pasaba de moda con tanta rapidez y, como consecuencia, los beneficios no eran los mismos que en la actualidad.


                                          (Antiguo artesano estructurando unas abarcas)

Un vivo ejemplo de esa realidad, son las abarcas, que en el pasado usaban los campesinos y, generalmente, gentes de los pueblos y tenían una prolongada duración en el tiempo, sin que nadie afeara a quien las llevaba puestas, que fueran del modelo del año anterior o de hace más de cinco años; cosa que ahora, parecería un disparate, sobre todo entre la juventud. Sin embargo, las abarcas no “desaparecieron” del mercado porque se pasaran de moda, sino porque,  pusieron de moda otro tipo de abarcas otro tipo de personas con otro tipo de visión de la moda que, simplemente, la veían de forma diferente, e idearon unas abarcas que (los de ahora), las llaman modernas e ideales para la complacencia de otro tipo de gente que así misma se denomina moderna.


Es así de sencillo; pero, a la abarca, no se la llevó por delante la moda, que, a pesar de lo que algunas veces incomoda, la gente se acomoda a ella sin rechistar.

Es bien conocida la utilización de las abarcas por los labriegos, pastores, etc., en los pueblos hasta bien entrado el segundo tercio del siglo pasado, así como, su aprovechamiento hasta su desgaste total, como se muestra en la fotografía superior, que, en algunos casos, incluso cuando las abarcas ya estaban descuajaringadas, las cosían, ataban, remendaban o, reparaban “artesanalmente” para que fueran tirando una temporadita más, pues la calidad del material (que se puede apreciar en las fotografías bajadas de Internet) del que estaban hechas, lo permitía, a pesar de que, generalmente, era material residual procedente de neumáticos usados y encauzado con destino al mundo rural, y pensados para el arduo trabajo diario en condiciones muy duras; si bien, no eran tampoco el calzado más adecuado en días de lluvia o mucho frío, a pesar de los gruesos calcetines de lana, hechos a mano por algún ser querido que, generalmente, acompañaban al que las portaba.


En la vida de nuestros antepasados, y en esas fértiles extensas llanuras y abruptas tierras labriego-ganaderas castellanas (o, castellano-leonesas) de las que procede el autor del tema que nos ocupa, la abarca fue fiel e inseparable compañera de la casi totalidad de los hombres que faenaban en los vastos campos de nuestra entrañable tierra, bien labrándolos y recogiendo la merecida cosecha, bien pastoreando el ganado; pero, en todos ellos, la abarca siguió sus pasos, hasta que ya no quedara prácticamente nada de su estructura original. Y, cuando ya no había forma humana de poderlas recomponer a base de grapas de alambre o guita, lo que quedaba de lo que antes eran unas abarcas, se aprovechaba para otros menesteres; porque, en el campo y en los pueblos se aprovechaba todo. 
¡Qué tiempos…!


Las abarcas, como el calor del hogar de entonces y las largas charlas junto al fuego de la chimenea, o, el del entorno de la mesa-camilla al reverbero del calor del  brasero, así como la colaboración vecinal, ayuda y demás atenciones que se tenía entre gentes allegadas, bien por vínculos familiares, bien por proximidad entre allegados o vecinos, se está esfumando y dando paso a otro tipo de sociedad, casi descafeinada y más desapegada e interesada, en la que, cada uno va a lo suyo, desentendiéndose de lo ajeno, sin la consideración que en los tiempos del uso de las abarcas se tenía con las personas del entorno entre compueblanos, más o menos cercanos, aunque no fuesen familiares.
Igual que ahora, vaya.



Confiemos en que esos valores no se encarrilen hacia los museos, donde, como las abarcas, solo quedará el recuerdo de su paso por este maravilloso Planeta azul, que, con tanta gratitud nos ha acogido sin pedirnos nada a cambio, y, sin embargo, tan poca consideración tenemos los humanos con él que merced a nuestra ingratitud y codicia lo estamos esquilmando.

Hoy, hasta las abarcas se han estilizado y distanciado del pasado, para darle una nueva forma a la moda del calzado más o menos moderno, para poder obtener por ellas nuevos y elevados beneficios, como el ejemplo de la foto inferior que acompaña estas líneas, en la que la imagen de las abarcas Menorquinas que podemos apreciar, se consiguen en Internet por 60€, más o menos. 

¿Cuántas abarcas  de las de aquél entonces, se podrían haber comprado por ese precio; y, cuánto  hubieran durado?

Igual que las de ahora que son para una temporada de verano escasa.


Desde estas líneas, y, mediante la Web zarceña que tan buen servicio y colaboración presta a nuestro pueblo, gracias a su incansable fundador-director, quisiera aprovechar para rendir mi particular homenaje a ese peculiar y familiar calzado, que fue tan original como útil para la sociedad rural de entonces a la que estuvo destinado y tantas prestaciones aportó a nuestros antepasados como buen servició les ofreció mientras “estuvo de moda”

18 enero 2017

OLA DE FRÍO


Con motivo de las bajas temperaturas que nos acompañan estos últimos días (y unos cuantos más que nos quedan por delante), y, ante los riesgos que ello conlleva en los abundantes desplazamientos que realizamos con nuestros vehículos automóviles en la utilización de las vías públicas como conductores; los responsables de Tráfico y de la información de la situación meteorológica en nuestro país, y los distintos medios informativos, anuncian insistentemente de una ola de frío polar, advirtiéndonos de los riesgos de la conducción en esas circunstancias; de forma muy especial en aquéllas zonas en las que son frecuentes las heladas tan perjudiciales para la circulación vial, dada la presencia de placas de hielo que se forman sobre la calzada, así como del peligro que conlleva para la seguridad de los usuarios de la vía, sobre todo, si no estamos lo suficientemente entrenados en este tipo de conducción.

Con el paso del tiempo, y dada la utilidad práctica que el vehículo nos aporta a los humanos, en la actualidad se ha convertido en normal el uso del coche y demás vehículos de motor en todo momento y circunstancias para nuestros desplazamientos cotidianos. Sin embargo, no siempre nos adaptamos (o nos sabemos adaptar) con la misma normalidad a las y cambiantes circunstancias que conlleva esa actividad en las situaciones adversas que se nos presentan en todas y cada una de las estaciones del año, tanto meteorológicas como circunstanciales.

Una de esas situaciones embarazosas que se nos presentan en invierno, es la conducción con nieve o hielo, que, por más entrenados que estemos, siempre son un peligro nada fácil de sortear por muy hábiles que seamos en el manejo del volante, toda vez que resulta bastante peligrosa si no tomamos algunas precauciones elementales y nos lo tomamos a la ligera como si fuésemos conduciendo en un día primaveral a pleno sol.

En la medida de lo posible, se debería evitar conducir con abundante nieve y en los casos de heladas, especialmente, cuando son heladas negras, en las que, en la mayoría de los casos no te enteras hasta que no estás encima deslizándote hacia un costado, o sea, derrapando, cuando ya es inevitable corregirlo.
Eso no quiere decir que si no nos queda otro remedio no podamos conducir en esas circunstancias, extremando las precauciones y conduciendo con suavidad.
Si nos vemos en la necesidad de conducir con nieve, tenemos que saber que no es lo mismo la nieve en polvo que con el peso del vehículo se aplasta y, generalmente, contacta el neumático con la calzada (siempre que lo hagamos despacio y con marchas largas), que, cuando ya se ha endurecido y son necesarias las cadenas para circular porque nuestros neumáticos ruedan por encima de una pista helada y deslizante, bastante más duradera que el hielo que es una fina película que tarda menos en desaparecer.

El hielo aparece a los cero grados centígrados, pero una vez endurecido, puede mantenerse incluso, a temperaturas de tres-cuatro grados sobre cero  sin derretirse; por lo que requiere prestar una mayor atención a esta circunstancia y no bajar la guardia.

Los puertos de montaña, los túneles, así como las zonas humbrías, que como es sabido están orientadas al norte, son los lugares donde el hielo perdura más tiempo en forma de placas deslizantes, que en cualquier momento nos podría sorprender su presencia y permanencia.

Todo usuario del coche que viaje en situaciones de nieve, sobre todo si lo hace por zonas en las que son frecuentes las copiosas nevadas, debe tener presente que puede sorprenderle la nevada y quedarse inmovilizando, con la posibilidad de verse obligado a pernoctar dentro del habitáculo de su vehículo con lo que eso supone de incordio, por lo que hay que ser precavido y pertrechase de todo aquello que nos pueda ser necesario para superar la situación que genera el ser cobijado por el blanco manto del meteoro, si vamos a tener que disfrutar de su “¿grata”? compañía, más tiempo del que nos gustaría.
No olvidarse de proveerse de mantas, comida suficiente para las personas que viajen, agua en abundancia, bufandas, gorros, guantes y toda prenda de abrigo que pueda protegernos del gélido frío que nos espera durante la noche, si nos vemos bloqueados sin casi poder salir a estirar las piernas porque nuestro coche está cubierto por la nieve o casi cubierto y, a pesar de que al salir hayamos llenado de carburante el depósito, si la permanencia es prolongada, nos veremos en la necesidad de parar de cuando en cuando el motor que nos permite poner la calefacción o aire acondicionado, si no queremos perecer de frío.
Si se viaja con niños pequeños, será preciso que dispongan de más de un juego de entretenimiento, para evitar que nos martiricen con su impaciencia y empiecen a culparnos de lo habido y por haber.
No olvidar el cargador del teléfono móvil que, en estos casos suele ser bastante útil su compañía.

Atención a las personas que necesiten medicación, no olvidarse de llevar la suficiente reserva de la misma, por si se vieran en la situación antes mencionada.
Un frasco de alcohol también vendrá bien para mantener los cristales desempañados cuando no tengamos la calefacción en marcha. Y, algo muy importante: una pala, sí, una pala, una pala que no sea de juguete para retirar de vez en cuando la nieve que se vaya acumulando en el entorno de nuestro coche, y no podremos abrir ninguna de las puertas ni salir a hacer alguna de esas necesidades que, generalmente las hacemos en WC. de nuestra casa y perfumarían el interior de nuestro coche si no lo hacemos fuera; para lo cual, se hace imprescindible proveerse de más de un rollo de papel higiénico al efecto.

Veamos a continuación algunos de los comportamientos a seguir en caso de nieve-hielo.
En más de una ocasión me he encontrado con alguien a quien le sorprendió la nevada y, como es lógico, puso en marcha el limpiaparabrisas para retirar la nieve que tan solapadamente va cayendo y en algunos casos nos resulta divertido. Téngase en cuenta que el limpiaparabrisas necesita hacer el recorrido completo de ida y vuelta hasta el final; pues si, como consecuencia de la nieve que se va acumulando en los laterales con el barrido del limpia, éste no llega hasta el tope, se fuerza y, lentamente, se va calentado progresivamente hasta que llega un momento en que se quema y, a partir de ahí, “apaga y vámonos”, ya no podemos seguir circulando y nos quedamos donde estamos.

¿Qué hacer?
 Algo tan sencillo como parar el motor del limpia, bajarse y retirar la nieve acumulada a los lados del parabrisas cuantas veces sea necesario, pues, aunque resulte molesta la nieve al caer, es bien sabido que la nieve no rompe costillas y, en éste caso, evita graves inconvenientes.

Cómo circular sobre hielo o nieve dura.
Es fundamental conducir con mucha suavidad, asir el volante con energía pero sin agarrotamientos ni ningún tipo de movimientos, si no es estrictamente necesario, no cambiar de macha si es posible, no acelerar ni dejar de acelerar de golpe más de lo que requieran las circunstancias; todo acelerón, frenazo, dejar de acelerar….; y, todo movimiento brusco, conlleva una variación de la trayectoria del movimiento del vehículo golpeando su centro de gravedad y sufriendo el efecto de la fuerza centrífuga empujándolo y rompiéndole la trayectoria rectilínea, con lo que aparece de inmediato el derrape inevitable por parte del conductor. 
Hemos de procurar circular siempre con la marcha más larga posible y evitar cambiar de macha para evitar también tener que desembragar y volver a embragar, evitando así el riesgo que  conlleva dar tirones y retenciones con esa maniobra, ya que eso es un peligro seguro y un deslizamiento garantizado.
¿Qué hacer si derrapamos?
Mantener la calma, NO FRENAR ni girar el volante con brusquedad mientras el vehículo está desplazándose, si la ruedas se bloquean por la acción de la frenada o se deslizan sobre hielo, la dirección no obedece y el vehículo sigue la trayectoria impuesta por la acción de la fuerza centrífuga que la empujó, golpeando sin piedad el centro de gravedad del vehículo y haciendo muy difícil o imposible su control, debido a que se pierde casi por completo la adherencia del neumático a la calzada, como consecuencia de la película de hielo que se interpone entre ambos. 
 
Normalmente, tras el deslizamiento se podrá controlar el vehículo cuando recupera de nuevo la estabilidad, una vez los neumáticos vuelvan a tener agarre sobre la calzada, y una vez pasado el susto, se podrá continuar la marcha  con normalidad pero sin confiarse demasiado.

En este tipo de situaciones, el temple y la serenidad es un factor importante para poder salir airoso de ellas; si no somos calmados y nos aturullamos, la salida es más complicada. 
Quizás no sea necesario, pero no está de más recordar que en circunstancias anormales, circulando hay que aminorar la marcha, reducir la velocidad adecuándola a cada situación, es una garantía de seguridad que debe ser nuestro norte como conductores si queremos llegar sanos y salvos a nuestro destino, porque, lo importante no es viajar, sino volver del viaje: LLEGAR.

Conduciendo con nieve-hielo, es imprescindible SIEMPRE utilizar la marcha más larga posible en cada momento y procurar no cambiarla, manteniendo la misma  para evitar las brusquedades que siempre genera todo cambio de marcha.
Se debe tener presente que, cuando hay que atravesar alguna placa de hielo más o menos grande, hay que hacerlo despacio y con marchas largas (aunque a alguien le pueda parecer contradictorio), conduciendo suavemente y sin variar la dirección ni un milímetro, si no queremos perder el control del vehículo.
Cuando vamos circulando con abundante nieve sin que hayan pasado las máquinas quitanieves, y vemos las roderas que han dejado los que pasaron antes que nosotros, nos parece una medida acertada circular sobre ellas. ¡Ojo! No siempre es buena la idea, pues, si los vehículos anteriores las dejaron con bastante antelación, es posible que se hayan helado y nos encontremos con la ingrata sorpresa de deslizarnos sobre ellas, cuando nos parecieron apropiadas para protegernos y, por lo inesperado, nos salgamos de la calzada cuando habíamos bajado la guardia.


La prudencia y la paciencia, que son la madre de la esencia para conducir con seguridad, debemos tenerlas por compañeras siempre que utilicemos el coche. Nos serán de gran ayuda.

21 diciembre 2016

FELICES FIESTAS

Se acerca la Navidad,
preñada de nostalgia,
cargada de ilusión
y plena de esperanza.

Tatuados en la mente
los recuerdos de la infancia,
del fuego en la chimenea
y el calorcillo de sus brasas.

De aquéllos villancicos,
panderetas y castañuelas,
y los consejos que cada día
repartían las abuelas.

Hoy, que están de fiesta en los cielos
para celebrar este día,
y, felicitar a los zarceños
con una dulce melodía.

Desde estas tierras lejanas,
quiero aprovechar también,
para felicitar a mis paisanos
y a todo hombre de bien.

Y, para todos los que aflora
la ilusión y la esperanza,
les envío mi felicitación
acompañada de añoranza;

de aquéllos lugares que de niño
recorría sin templanza,
caminando por sus calles
cargadas de confianza.

Que la estrella que les guíe
por este mundo peregrino,
les conduzca con acierto
hasta el final del camino.

Y, para celebrar bien las fiestas
de fin de año en familia;
primero, una buena siesta
y, por la noche: juerguecilla.

Y, para todos los humanos
que ocupamos el planeta:
Feliz entrada de año,
y que, el saliente sea una fiesta.

Feliz Navidad,
salud, paz, alegría y prosperidad
para toda la Humanidad.