LAS MANOS EN EL VOLANTE.
Es frecuente observar como algunos conductores
conducen con una sola mano al volante, la otra, la llevan apoyada descansando
en la palanca del cambio de marchas, en la pierna de la chica de al lado, o,
peor aún, en el teléfono móvil; otros van con el codo apoyado en la ventanilla
con medio brazo fuera del coche, consiguiendo en ambos casos el mismo
resultado: que, la mayor parte del tiempo, conducen con una sola mano como el
ejemplo que ilustra las fotografías inferiores en las que ambos conductores no
llevan las dos manos al volante como debieran para poder actuar en un momento
inesperado ante una espontánea situación de peligro imprevisible y estar en
condiciones de salir airoso de él; lo cual, siempre es rechazable.
Posición inadecuada tanto de la mano que
va al volante, como del brazo que va apoyado en la ventanilla, que, en ambos casos, le impediría girar con
rapidez ante una emergencia. La fotografía de la derecha, muestra un conductor con un vendaje (se supone que por lesión temporal) que, le incapacita legalmente para conducirmientras dure esa anomalía.
Generalmente, estos conductores, suelen ser
experimentados y con varios años en el manejo del vehículo, que normalmente no
han tenido accidentes graves que le hayan dejado secuelas negativas; -casi
siempre, tienen muchos kilómetros a sus espaldas- o bien, no han sido los
responsables del mismo, dado el grado de confianza que tienen en sí mismos; sin
embargo, no hay que olvidarnos que al volante, el exceso de confianza puede
matar si no prestamos la atención debida a la conducción, porque al volante; hay que tenerlo siempre presente: ¡la vista es la vida!.
Hay personas que son incapaces de permanecer con las manos
quietas cuando conducen; sueltan el volante por cualquier cosa, como si
estuvieran jugando al dominó y dejaran apartada a un lado la ficha con la que
pretender hacer capi, para irla levantando y ojeando de vez en cuando; sin embargo, lo que
van a conseguir es hacer capú en vez de capi. Esta actitud forma parte de su
comunicación verbal ordinaria que caracteriza su forma de expresión gesticular,
sin la cual no son capaces de conversar con normalidad; téngase en cuenta, que, esta peligrosa actitud al volante, la debemos
evitar si no queremos que nos perjudique. Es necesario erradicarla.
Dos
buenos ejemplos de incompatibilidad con la conducción segura, y premio para la
merecida rebaja de puntos. 
En los muchos años dedicados a la enseñanza de la
conducción en todas sus facetas, he experimentado con bastantes alumnos, sobre
todo en las primeras clases prácticas, que al hablarle, la mayoría gira la
cabeza para mirarme, y, a pesar de que les digo que no me miren, que soy muy
feo y estoy muy visto, siguen girándose y mirándome para escuchar lo que les
digo, desatendiendo la conducción y desconcentrando su atención de la parte
delantera que es donde debe situarse siempre que conducimos. Cuando les digo
que para conducir no es necesario mirar al que llevamos al lado para escuchar
lo que dice, caen en la cuenta del error cometido, pero instintivamente,
vuelven a incurrir en el mismo error un poco más adelante, hasta que por fin,
toman conciencia del riesgo que ello supone y el peligro que entraña la
presencia en la vía con ese comportamiento; tanto para nosotros, como para el
resto de usuarios que no tienen por qué pagar las consecuencias de nuestros
errores
Aunque no me gusta hacerlo, a continuación transcribo literalmente lo que dice el Reglamento de Circulación al respecto: El conductor de un vehículo está obligado a mantener su propia libertad de movimientos el campo necesario de visión y la atención
permanente a la conducción que garantice su propia seguridad, la del resto
de los ocupantes y la de los demás usuarios de la vía. A estos efectos deberá
cuidar especialmente de mantener la posición adecuada y que la mantengan
el resto de los pasajeros y la adecuada colocación de los objetos o animales
transportados para que no haya interferencia entre el conductor y cualquiera de
ellos..... y como vemos en la foto superior, el conductor no adopta la posición adecuada ni de las manos al volante, ni de su propio cuerpo, que parece que vaya encogido de frío. A proposito; la ropa debe ser más ligera en la medida de lo posible y, las joyas no son precisamente para exibirlas conduciendo. En ambos casos, llevan las manos en el lugar inadecuado.
El volante hay que asirlo siempre con las dos manos salvo
en casos excepcionales, y adoptar la postura idónea en el asiento, para que en
caso de necesidad, dispongamos de la movilidad suficiente que nos permita el
mayor giro posible del volante ante una emergencia. La postura correcta es la
de la mecanógrafa sentada frene a la máquina de escribir. Hoy, el ordenador.
Generalmente, los españoles que hasta en en eso , somos originales, gesticulamos mucho, y
también cuando hablamos miramos mucho a nuestro acompañante cuando conducimos.
Si bien es verdad que la comunicación gestual y la mirada enriquecen toda
conversación directa; especialmente cuando estamos acra a cara, este comportamiento, cuando conducimos, constituye un
gran problema mezclar la conversación verbal-gesticular con el gobierno del
vehículo mediante el dominio del volante y el resto de mandos, y la atención
concentrada en la parte delantera; pues, sin ninguna duda, el vehículo, es una
máquina que nos presta un gran servicio; pero no es menos cierto, que, la
impericia en el manejo de la misma, la inadecuada posición en el asiento y no coger el volante correctamente, le
pueden convertir en un arma peligrosa si no se tiene un perfecto dominio de la
misma; y aún así, todas las armas son peligrosas aunque se manejen bien y por
manos muy expertas.
Si como en el caso que nos ocupa, desatendemos el volante en el momento más inoportuno, sobre todo en curvas; o si el conductor en cuestión es una persona a la que le cuesta mantener una conversación sin mirar a su interlocutor y no lleva bien cogido el volante en la posición correcta que son las diez y diez, o las dos menos diez de las agujas del reloj y ninguna otra, como indica la fotografía superior izquierda; el conductor tiene todas los números para que le toque el primer premio: el accidente, que, con mucha suerte, pero con mucha, mucha suerte, se puede quedar sólo en susto.
Si como en el caso que nos ocupa, desatendemos el volante en el momento más inoportuno, sobre todo en curvas; o si el conductor en cuestión es una persona a la que le cuesta mantener una conversación sin mirar a su interlocutor y no lleva bien cogido el volante en la posición correcta que son las diez y diez, o las dos menos diez de las agujas del reloj y ninguna otra, como indica la fotografía superior izquierda; el conductor tiene todas los números para que le toque el primer premio: el accidente, que, con mucha suerte, pero con mucha, mucha suerte, se puede quedar sólo en susto.
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ligeramente estirados, colgando y poca
ropa.
El volante no es para apoyarnos en él. El volante es
el timón del barco que hay que cogerlo con delicadeza, como si fuera un
pajarito al que si apretamos mucho lo
matamos y si lo aflojamos más de la cuenta se nos escapa volando. No hay que
meter las manos por dentro ni dar palmadas -o palmear- sobre él para efectuar
el giro; hay que girar con energía pero con soltura y suavidad, sin mover para
nada el tronco ni variar la posición, moviendo solamente los brazos con
agilidad y pasando una mano por encima de la otra sin que se crucen. En la
medida de lo posible, sería aconsejable conducir con una prenda superior de
manga corta como el conductor de la fotografía superior izquierda. No tomar
ejemplo de la posición de las manos de la conductora de la derecha.
Todo conductor que sube a su vehículo para
conducirlo; antes de poner el motor en marcha para iniciar la conducción, ha de
comprobar si su posición es la correcta; es decir, se ha de acomodar bien en el
asiento para llegar bien y con comodidad a los distintos mandos que tiene que
manipular durante la conducción si quiere que esta, sea segura.
Para adoptar la posición adecuada de las manos al
volante que es fundamental por razones de seguridad; el conductor lo primero
que debe hacer cuando entra al coche es regular el asiento, ponerlo a su
medida; para lo cual tomará como referencia el pedal del embrague pisándolo a
fondo y manteniendolo en esa posición mientras lo regula, luego, lo irá avanzando o retrocediendo lo que necesite hasta que le quede la
pierna izquierda tocando suavemente el muslo con la banqueta, y las dos piernas
ligeramente estiradas, no estiradas, semi dobladas, flexionadas a la altura de
las rodillas y no extendidas; el respaldo lo regulará apoyando una mano en la
parte superior del volante cerrándola y agarrándolo suavemente; con la otra,
regulará el asiento hacia atrás o adelante hasta que el brazo que tiene al
volante, quede semidoblado, ligeramente estirado –no estirado- como las piernas
y nos permita el giro total del volante sin tener que avanzar ni mover el
cuerpo o separarlo del respaldo. Los codos, siempre deberán ir
colgando, los brazos sueltos, ligeramente flexionados, sin ningún tipo de
tensión, como si estuvieran inertes, flojos pero expectantes.
Recordemos que el respaldo siempre debe ir tocando
suavemente la espalda, y ésta, estar siempre
recta, aunque a muchos, quizá la mayoría, no estén de acuerdo con este
principio porque le parezca que no es cómoda o que da la impresión de ser novato.
Supongo, -no sé si es suponer mucho- que, a la
mayoría de lectores-conductores, en alguna ocasión, su pareja o persona que
oficialmente le acaricia, cuando al llegar a casa, lo/la ha encontrado
sentado/a se le ha acercado por detrás sigilosamente, le ha pasado los brazos
por encima y abrazándole suavemente le ha acariciado con ternura y premiado con
un beso y una sonrisa, mientras él/ella le corresponde con delicadeza,
acariciándole suavemente con su espalda. Bueno, pues así de suave como en esa
ocasión, debemos acariciar permanentemente con nuestra espalda el
respaldo de nuestro asiento para que no haya presión ni tensión y podamos estar
siempre sueltos para reaccionar con prontitud ante cualquier emergencia que nos
surja en la conducción; aunque la sensación no sea la misma que cuando nos
acarician tiernamente mientras nos abrazan.
Una vez reglados el asiento y el respaldo,
colocaremos a la altura del conductor el reposacabezas; y, a continuación orientaremos los
espejos retrovisores de nuestro vehículo, procurando no tocar con los dedos el
cristal para no dejar estampadas nuestras huellas dactilares, porque el espejo,
(los espejos) siempre tienen que estar bien limpios. (ya tocaremos este tema en
capítulo aparte)
Este fotograma nos muestra la altura
correcta del reposacabezas y esta otra la distancia que debe mediar con
la cabeza.
El
reposacabezas.
La función primordial del
reposacabezas no es la de proporcionar comodidad ni a los ocupantes de los
asientos del vehículo y menos aún al
conductor, sino minimizar las lesiones cervicales que pudieran producirse en
caso de accidente, en especial cuando el golpe se produzca por alcance. En
cualquier caso, el reposacabezas siempre irá ajustado a la estatura del
conductor, (también del resto de ocupantes, claro). Los reposacabezas forman
parte de la seguridad pasiva.
Se calcula que alrededor del
70% de los ocupantes de los automóviles, llevan mal colocado el reposacabezas,
cuya finalidad es proteger la cabeza en caso de accidente y no forman parte de
la decoración del vehículo ni pretende aportar comodidad al usuario, sino seguridad, que son dos cosas bien distintas.
No llevarlo bien ajustado a
la estatura no sólo del conductor, sino de todos los ocupantes del vehículo,
puede propiciar, en muchos accidentes un latigazo cervical a cualquiera de los
ocupantes, cuyas consecuencias pueden ser leves, (torticulis) o graves o muy
graves como una paraplegia o peor aún,
una tetraplegia.
Se calcula que unas 20.000
personas anualmente sufren en España latigazo cervical; la mayoría tienen su
origen en choques o golpes por alcance, como ocurre con frecuencia, cuando a un
vehículo detenido ante un semáforo, el que le sigue le embiste por detrás
porque su conductor no frenó a tiempo y, sí lo hizo a oído.
Esta lesión también se
produce o puede producirse como consecuencia de un frenazo brusco, así como de
un choque frontal o lateral; por ello, la función del reposacabezas es
fundamental y debe estar siempre a la altura correspondiente.
El reposacabezas no debe tocar la nuca
constantemente, es aconsejable que medie una distancia aproximada de
tres-cuatro centímetros; pero, lo que sí debe, es estar a la altura adecuada de
cada conductor y ocupante para evitar los daños cervicales que puedan derivarse
de una mala posición en caso de choque por alcance del que nos sigue u otro
accidente que pudiera dañárnoslas. La altura ideal es: la parte superior del
reposacabezas a la misma altura de la parte superior de nuestra cabeza; o sea,
al mismo nivel, como se indica en los maniquís de las fotografías que se adjuntan.
Por consiguiente, cada vez que cojamos un coche que
no sea el que conducimos habitualmente, debemos regular, en primer lugar, el
asiento, luego el respaldo, a continuación el reposacabezas y después los
espejos retrovisores, para seguidamente ajustarnos el cinturón de seguridad.
Siempre en este orden y todos los espejos, tanto el interior como los
exteriores.
que no le permitirían girar con rapidez en caso de emergencia.
Dispositivo de la oreja inoportuno.
¿Cómo reaccionaría esta conductora ante una emergencia?
Hay conductores que practican el “tumbing”
conduciendo, (como la conductora de la fotografía de la izquierda) y adoptan
una posición más cómoda tipo sofá, en la que van prácticamente tumbados en el
asiento con el respaldo muy atrás, los brazos y las piernas muy estiradas como
si estuvieran en el bar tomándose una cerveza con los amigos charlando
amigablemente; supongo que porque se sienten pilotos de un Fórmula Uno, sin
tener en cuenta que van conduciendo por una vía pública abierta al tráfico en
general y no por un circuito de pruebas cerrado al resto de usuarios, en el que
sólo practican los conductores que son profesionales y muy expertos en un tipo
de conducción concreta; que por cierto, estos pilotos cuando circulan por las
vías públicas son los más precavidos y prudentes, como está bien demostrado.
Algunos conductores como los que ilustran las dos
fotografías que tenemos en la parte superior; de estos renglones, son un claro
ejemplo de una desatención casi total de la actividad que realizan, la cual
requiere toda su atención y no se la prestan.
Existe también el conductor que cuando va al volante
se olvida de la actividad que realiza en ese momento y con toda la normalidad se retuerce para
darle un beso en el pico a la pareja que lleva al lado, olvidándose de que ese
tipo de beso no sabe a nada por la rapidez que se emplea en ello. El beso tiene
que ser con alegría, viveza y tranquilidad para saborearlo en toda su
dimensión. En repetidas ocasiones, sobre todo en las clases teóricas, cuando, tocando
el tema de la concentración al volante algún alumno preguntaba o hacía
indirectamente algún comentario sobre ese particular para ver qué le contestaba o cual era mi opinión al respecto,
ante esa actitud conduciendo; mi rápida respuesta era: si besas no conduzcas y
si conduces no beses, porque el beso es algo que requiere toda la atención de
la pareja; sencillamente: párate y besa, pero besa bien, no lo hagas como las
palomas dándose el pico de refilón. El beso no hay que desaprovecharlo porque
pierde la esencia que conlleva si no se hace poniendo en él todo el interés que
precisa. Haz las cosas como hay que hacerlas: Bien, con alegría y sensatez,
porque las consecuencias que pueden derivarse de un comportamiento inadecuado
conduciendo, son imprevisibles y nos llevarán directamente al accidente si
perdemos el control del vehículo solo por dar un beso que no llega ni a
descafeinado, por lo corto que se queda y los riesgos que conlleva la falta de
concentración en ambas actividades: El beso y la conducción.
Conducir es incompatible con las caricias, los besos
y las miradas más o menos tiernas dirigidas a nuestro acompañante por muy
hermosas que tenga las piernas la chica o atractivo y generoso que sea el
escote de su vestido, o cachas que esté el chico-acompañante con vestimenta
deportiva en verano y por muy animados que estemos en ese momento, porque,
precisamente, ese no es el momento, por más que nos pese. Ya sé que habrá más
de uno que no esté de acuerdo conmigo en este tema, pero es así; cada cosa en su
sito y su momento. Hay un momento y lugar adecuado para cada cosa. También para
el amor; y no es precisamente el coche cuando está en movimiento. ¡Párate...!
y busca el sitio adecuado; pero, no olvidemos nunca cuando vayamos conduciendo,
que al volante, la vista es la vida; y, perdón por la
redundancia.
Las manos deben ir un poco más arriba.
Muy poco.
Imposible dominar el
volante cogiéndolo así.
Y, un último consejo por hoy: Para conducir, nada de
zapatos de tacón alto, ni botas camperas
-botos en Salamanca- o rígidas y
de caña alta que son muy buenas para la moto, (ya tocaremos este tema) pero un
peligro para el coche; el calzado deberá ser siempre flexible para que
permita una acción correcta sobre los pedales. Sé muy bien por experiencia en
la enseñanza de la conducción, que es un pecado mortal decirle a una mujer que
los zapatos de tacón no debe usarlos para conducir un día que se va de marcha,
pero lo cierto es que, sin ser pecado, podrían ser mortales. Nada de vestidos
muy largos, faldas largas, acampanadas o vestidos de noche que, sí, son muy elegantes y hermosean a las
mujeres pero no son útiles para la conducción, no a cualquier tipo de ropa muy
ajustada. No a la minifalda (con la iglesia hemos topado) a no ser que sea de
tejido flexible tipo licra que permita abrir un poco las piernas al accionar
los pedales. Es desaconsejable conducir con chaqueta-americana, abrigo,
chaquetón, gabardina o ropa muy gruesa en invierno que impide la soltura y
movilidad de los brazos a la hora de tener que girar el volante con rapidez y
permita el giro con soltura pasando una mano por encima de la otra sin cruzarse
en caso de emergencia. La vestimenta tiene que ser holgada y ligera, para que
siempre nos permita agilizar el movimiento de los brazos a ambos lados sin
ningún tipo de trabas que lo impida.
La posición de la mano derecha del conductor de la
izquierda (fotografías superiores) no le permitiría girar hacia abajo sin
trabarse; igual suerte correría el de la derecha si pretendiera girar a ese
lado, pues ambas manos se trabarían impidiéndole el giro.
La libertad del movimiento del volante, no puede
verse impedida por la inadecuada posición de las manos al mismo, por un
distanciamiento excesivo del cuerpo, o por una vestimenta que nos ate o no nos
deje mover el volante con la soltura que precisa la conducción.
Luis





